04/20/2026 | Press release | Distributed by Public on 04/21/2026 06:32
Ministerio de Sanidad (Madrid)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Muchas gracias Marta, siempre es un placer escucharte y compartir contigo acto. Francina, presidenta; queridos ministros, ministras; querida Mónica; representantes del personal sanitario, autoridades; señoras y señores. Para mí es un placer el poder intervenir después de este gran amigo es de España y también mío, en lo personal, porque sufrimos muchos azares durante la pandemia, como es el director de la OMS, el amigo Tedros.
Decía Ernest Lluch, antes me lo recordaba el ministro de Hacienda, Arcadi España, siempre decía que la sanidad tiene un coste, pero no tiene precio. Creo que es algo que podemos todos compartir con los relatos que hemos escuchado en la mañana de hoy. Y de eso quiero hablarles, de lo que ocurre después de esa pregunta que aquí hemos visto y que hace mucha gente, sobre las enfermedades que uno padece o que los seres queridos padecen y cómo responder ante ellas.
Yo creo que España hace 40 años tuvo la respuesta. La tuvo de manera muy clara, muy meridiana, muy participativa, y era la de poner encima de la mesa un sistema universal, gratuito, como es el de la sanidad pública. Hace 40 años, por tanto, todo eso cambió. Un 25 de abril de 1986. Y cambió porque hubo personas que se negaron a aceptar la realidad que teníamos hasta entonces, porque hubo también un ministro, Ernest Lluch, que tenía una convicción clara, y es que el progreso, si no es compartido, no podemos llamarlo progreso. Podemos llamarlo de otra manera, pero no progreso. Y que, por tanto, era un fracaso colectivo el que no construyéramos ese sistema público sanitario.
Lluch, quiero además recordar, era economista. En algunas ocasiones, parece que la economía estuviera reñida con la construcción del Estado del bienestar y la consolidación de pilares del Estado del bienestar tan importantes como el Sistema Nacional de Salud. Pero es todo lo contrario. Y quiero además apelar a ello, porque Lluch era, como he dicho, economista, y por eso, sabía algo que muchos olvidan y es que universalizar la sanidad no arruina un país, lo fortalece. Sabía que la salud no es un gasto, es una inversión en las personas. También en la cohesión social, en la cohesión territorial y también en eso que llaman los economistas la productividad. Lo defendió con datos, lo defendió con argumentos, con razones y con esa convicción serena, que él siempre manifestaba, de quien sabe que está del lado correcto de la historia.
Y así nació lo que hoy estamos conmemorando, la Ley General de Sanidad. Con ella, España, yo creo que hizo una apuesta muy clara por algo que, dicho en voz alta puede sonar sencillo, pero que costó mucho y décadas conseguir, y es que la salud fuera un derecho y no un privilegio. Que fuera universal, que fuera equitativa, aquí se ha hablado también de ello, y que territorialmente cohesionara. Que España, por tanto, apostara definitivamente por eso que hemos llamado dignidad. Dignidad de la gente, dignidad de las comarcas, dignidad de los territorios, dignidad de todo un país. 40 años después, quiero que entendamos bien lo que hemos construido, porque desde 1986 hemos ganado ocho años de esperanza de vida, ocho años de esperanza de vida en estos 40 años, ocho años más junto a las personas, por tanto, que queremos, ocho años más para ver crecer a nuestros hijos y a nuestras hijas, para abrazar a nuestros nietos, para hacer lo que no nos dio tiempo antes. Y, por tanto, yo creo que eso no hay estadística que lo resuma mejor.
Llevamos más de 30 años siendo líderes mundiales en donación y trasplante de órganos, antes lo ha dicho la ministra. Eso habla también de la solidaridad de nuestro país. También habla de nuestro sistema sanitario, un sistema que hemos fortalecido, por cierto, desde el primer día que llegamos al Gobierno. Aquí se ha dicho, hemos reforzado el sistema en algo que vimos durante la pandemia y fue la Atención Primaria, ampliando el catálogo de procedimientos diagnosticados; hemos restablecido el derecho de todas las mujeres a la reproducción asistida; hemos ampliado los programas de cribado neonatal, como ha dicho antes Mónica; hemos impulsado el Plan Veo -como hemos visto en el vídeo-, un sistema de ayudas de hasta 100 euros para financiar gafas y lentillas a niños, adolescentes; hemos destinado nada más y nada menos que 180 millones de euros a la salud bucodental, y aprobado, sin duda alguna, la ley ELA.
Hemos apostado también por la medicina personalizada a través de eso, a mí no me gusta nada el acrónimo el PERTE, del proyecto estratégico, vinculado a los fondos Next para la Salud de Vanguardia, invirtiendo casi 268 millones de euros en estos últimos cinco años. Somos líderes en ensayos clínicos en Europa -eso lo sabemos bien-, hemos llevado esos ensayos a hospitales de todo el país, pero, sobre todo, quiero detenerme en el impulso en innovación contra el cáncer que estamos llevando a cabo durante estos últimos años, porque es una de las grandes batallas de nuestro tiempo. Los datos, además, están ahí. Antes de que acabe el día, más de 700 personas serán diagnosticadas con cáncer en nuestro país, 316 personas fallecerán a causa de esta enfermedad, son 9.500 personas al mes, 115.000 al año. Estas son las cifras y, como antes hemos recordado, detrás de las cifras hay personas. Frente a eso no basta con resistir, hay que avanzar, ¿y avanzar qué significa avanzar? Avanzar significa que la sanidad pública y la ciencia trabajen juntas como nunca antes, porque el cáncer es el lugar donde todo se pone a prueba, donde la investigación se convierte en tratamiento y, por tanto, donde la innovación se convierte en vida.
Recuerdo que pusimos en marcha también, sin tampoco tener competencias para ello, pero sí un compromiso claro, esto que hemos llamado el Plan INVEAT de inversión en nueva tecnología y nueva maquinaria para el Sistema Nacional de Salud, donde destinamos nada más y nada menos que 800 millones de euros a la renovación de muchos de estos equipos médicos de alta tecnología que hoy se utilizan, también y especialmente, en la lucha contra el cáncer.
Estamos desarrollando terapias avanzadas como las CAR-T, que ya han salvado vidas, pero les anuncio que vamos a hacer algo más y es invertir 30 millones de euros adicionales en los equipos de digitalización de anatomía patológica, es decir, en la modernización de los equipos que analizan muestras de cáncer en los hospitales.
¿Para qué sirve esto? (Para todos aquellos que no somos evidentemente especialistas, como muchos de los profesionales que aquí nos están acompañando). Sobre todo, para mejorar cómo se detecta la enfermedad, cómo se decide la mejor terapia para cada paciente.
En definitiva, cada inversión va a conseguir tres cosas clave que me gustaría compartir con todos ustedes. Primero, que los médicos puedan combinar la información del tumor con los datos genéticos del paciente. ¿Y esto que va a permitir? Pues afinar mucho más el diagnóstico y elegir el tratamiento oncológico para cada persona. Lo segundo que va a lograr es que el conocimiento no dependa de dónde vivas, porque los especialistas van a poder compartir esa información, también esa experiencia entre hospitales, de forma que cualquier paciente, esté donde esté, tenga acceso a la mejor atención posible. Y finalmente, que sigamos transformando la forma en que trabajamos la medicina del cáncer, pasando, por tanto, de un sistema aislado a una red mucho más conectada, donde se pueda compartir toda esa información y esa inteligencia, donde los casos, los casos complejos se analicen conjuntamente, el seguimiento sea continuo y la ciencia más avanzada se ponga al servicio directo de los auténticos protagonistas, que son los pacientes, las personas.
En definitiva, es invertir en tecnología para llegar antes, para acertar más y tratar mejor. Y es que cuando invertimos y financiamos la sanidad pública, desde el centro de salud más pequeño al hospital más grande, podemos decir alto y claro que nos va la vida en ello.
Y aquí, sí me gustaría también hacer una reflexión, porque creo que es importante que, por supuesto, pongamos en valor el Consejo Interterritorial. Por supuesto, es importante que hablemos de la lealtad territorial o la lealtad institucional, pero también tenemos que hablar y decir las cosas por su nombre. Y creo que hay que dirigirse a determinadas comunidades autónomas, gobernadas por determinadas fuerzas políticas, porque desde el año 2018 el Gobierno de España ha incrementado el gasto en sanidad en un 30%, y ha transferido a las comunidades autónomas -Elena Salgado, que ha sido ministra también de Hacienda en una época muy dura- ha transferido a las comunidades autónomas en estos últimos ocho años 300.000 millones de euros. 300.000 millones de euros más que lo que hizo la administración previa, para que los dediquen a reforzar el Estado del bienestar, que está, lógicamente entre las competencias de los gobiernos autonómicos, singularmente la sanidad.
Y la pregunta, por tanto, que hay que hacerse a la vista de que la sanidad sea una de las principales preocupaciones de los ciudadanos cada vez que se les pregunta, la pregunta que hay que hacerse es, ¿a dónde han ido esos recursos adicionales que nosotros hemos transferido a las comunidades autónomas? ¿Cómo es posible que habiendo transferido 300.000 millones de euros más que la anterior administración, hoy la sanidad, su estado, el servicio, sea una de las principales preocupaciones de nuestros compatriotas?
Yo creo que merece una respuesta a los ciudadanos, porque la sanidad pública es uno de los mayores logros colectivos de nuestro país y, por tanto, lo que no podemos hacer es ponerlo en riesgo, con decisiones equivocadas, con dogmatismo ideológico o por falta de prioridades.
Si no es por humanidad, que al menos sea por eficiencia -volviendo a ese perfil, a ese ángulo del gran político socialista que fue Ernest Lluch, como economista-. La salud no es una lucha individual, es una batalla colectiva contra la enfermedad. Yo recuerdo, cuando se rompió el principio de universalidad de la sanidad pública, por ejemplo, ahora que volvemos a recordar o a recuperar por parte de algunos eso de la quiebra de la universalidad del Sistema Nacional de Salud en función de cuál sea tu condición como migrante, que muchos alzaron la voz, muchos profesionales, diciendo que era una cuestión de salud pública el que pudieran ser atendidos todos los migrantes en los centros de salud, en nuestros hospitales.
Por tanto, no es solamente una lucha individual, es una lucha colectiva contra la enfermedad. Protegerla es un acto de justicia, sí, y de inteligencia, que yo creo que es lo que también mostró Ernest Lluch. Es un acto de solidaridad, de cohesión, de humanidad, pero también de inteligencia. Y si no, miremos a otras partes del mundo, y no digo a países con un nivel de renta inferior a España, sino incluso superior desde el punto de vista del Producto Interno Bruto, para saber exactamente de qué estamos hablando.
En 2018, una de las primeras decisiones que tomamos, y de la cual yo me siento muy orgulloso, fue recuperar esa universalidad de la sanidad que había sido recortada por anteriores administraciones. Y por eso pudimos atender en 2021 a miles de ucranianos y ucranianas que llegaron como consecuencia de la guerra de Putin en Ucrania a nuestro país. Y por eso, el pasado 10 de marzo, sin ir más lejos, garantiza el acceso a la atención sanitaria pública a todas las personas, incluidos aquellos extranjeros que viven en nuestro país y que aún no tienen la condición de residentes. Porque todo lleva a la misma pregunta y no es ninguna de la que se plantea por parte de alguno de estos gobiernos. No es donde nació el paciente, no es cuánto dinero tiene en la cuenta o cuántos años ha cotizado a la Seguridad Social. No, tampoco es eso. La pregunta que define a nuestro sistema sanitario, y que tenemos que preservar porque está en peligro, es qué clase de país queremos ser, ¿qué clase de país queremos ser?
Hoy, 40 años después de la Ley General de Sanidad, yo creo que tenemos la respuesta y aquí además la hemos escuchado. Ilusión toda, faltaría más, ¿no vamos a tener ilusión por preservar e incluso por consolidar y fortalecer una de las principales conquistas de nuestra democracia, ahora que estamos precisamente reivindicando ese camino hacia la democracia, como es el Estado del bienestar y particularmente la sanidad pública? Yo creo que sí, hay mucha ilusión. La nostalgia, por supuesto, para reivindicar, pero para mirar al futuro claro que hay ilusión. Yo, desde luego, con 54 años tengo toda la ilusión del mundo por fortalecer, ampliar y reivindicar la sanidad pública. No todo pasado fue mejor, al contrario, el futuro puede ser mucho mejor y para eso tenemos que hacer actos como este, de reivindicación y con ilusión.
Somos un país donde cuando te despiertas con fiebre a las tres de la mañana hay alguien que te atiende, donde una familia que no tiene que elegir entre el tratamiento del padre o la matrícula del hijo puede salir adelante, donde enfermarse no es el principio de la ruina, como sí ocurre en otras sociedades avanzadas. Y, si no, miremos a Estados Unidos, donde se gastan más en sanidad, siendo privada, en relación al PIB de lo que hacemos nosotros, garantizando un derecho y no convirtiendo en mercancía y negocio a la sanidad.
Eso, y ya con esto termino, no cayó del cielo. Lo construyeron personas que creyeron que podía ser distinto. Hoy reivindicamos, por supuesto, ha sido la figura más mencionada, la de Ernest Lluch, por su historia, por su ejemplo de vida, por su compromiso, por su inteligencia, pero, sin duda alguna, también hemos visto aquí a muchas personas que han participado en la génesis, pero también en el desarrollo y el fortalecimiento de este derecho. ¿Ahora, qué nos toca? Nos toca a nosotros y a nosotras cuidarlo, defenderlo y mejorarlo, no por inercia, sino por convicción y, sin duda alguna, con mucha ilusión. Porque la salud, si tiene que ser algo, es un derecho, no un privilegio y mucho menos una mercancía. Porque la salud de nuestra sanidad pública -yo creo que también ahora que estamos hablando mucho de eso- es también el termómetro, uno de los mejores termómetros, de la salud democrática de un país. Y es ahí donde tenemos que incidir en que, invirtiendo en salud pública, invirtiendo también en sanidad y en el conjunto de políticas vinculadas con el Estado del bienestar, estamos construyendo democracia y no hay yo creo que mayor compromiso que ese. Para nosotros, para nuestra generación, pero, sin duda alguna también para las generaciones -no recuerdo quién antes lo decía, no sé si Rosa o Elena o la propia ministra-, para que, dentro de 40 años, cuando también se esté conmemorando esta ley general tan importante que hizo de nuestro país un país mejor, pues la gente diga "las generaciones que estuvieron aquí presentes hace 40 años hicieron lo que les correspondía, que era defender nuestros derechos".
Nada más; muchas gracias y felicidades.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
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