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10/10/2025 | Press release | Archived content

Discurso de cierre del Alto Comisionado en la septuagésima sexta sesión del Comité Ejecutivo del Programa del Alto Comisionado

Discursos y declaraciones

Discurso de cierre del Alto Comisionado en la septuagésima sexta sesión del Comité Ejecutivo del Programa del Alto Comisionado

Por Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, en Ginebra, Suiza
10 Octubre 2025 Disponible también en: English
© ACNUR/Baz Ratner

Señor presidente

Estimados amigos y colegas,

En nombre de todos nosotros en ACNUR, les expreso mi más sincero agradecimiento por su participación sustantiva y constructiva a lo largo de toda la semana.

Mientras me sentaba por décima y última vez en este podio -donde he pasado 50 días de mi vida- y mientras trataba responder a 155 declaraciones en la discusión general (lo que significa que debo de haber respondido a unas 1.500 declaraciones solo durante mi mandato en el Comité Ejecutivo; lo siento, estoy presumiendo, ¡pero ha merecido la pena!), reflexionaba sobre lo relevante que sigue siendo este ejercicio, más allá de las formalidades.

De hecho, no siempre hemos estado de acuerdo, como no siempre han estado de acuerdo entre ustedes. Esto es precisamente el poder blando de la diplomacia humanitaria, la fortaleza del multilateralismo (si me permiten usar esta palabra), y estoy orgulloso de que en el Comité Ejecutivo lo hayamos demostrado, a nuestra modesta manera, durante la semana en que la diplomacia puede -¡puede! - haber prevalecido de nuevo sobre la fuerza bruta para poner fin al desastre en Gaza. Porque aquí, en el Comité Ejecutivo, la diplomacia también ha estado trabajando. Cada uno de ustedes aportó sus respectivas experiencias y perspectivas, pero también reflejó sus prioridades, a veces divergentes. Sin embargo, a través de perspectivas muy diferentes, pero siempre constructivas, nos centramos en lo que nos une: cómo proteger a las personas refugiadas, las desplazadas y las apátridas; cómo encontrar soluciones a su difícil situación. Pero también cómo garantizar que ACNUR siga siendo fuerte y cómo la organización puede ser aún más eficiente.

Quiero dar las gracias a todos los que han participado en la sesión de este año con un espíritu positivo. Sin embargo, me preocupan las divisiones dentro de este órgano que, lamentablemente, se han hecho más visibles en los últimos años, como lo demuestran las muy desafortunadas divisiones creadas por la votación sobre las enmiendas al presupuesto. ACNUR se compromete a escucharlos y a trabajar con todos ustedes de manera que se sigan teniendo en cuenta las preocupaciones que plantearon.

No obstante, celebro el retorno a la aprobación por consenso del presupuesto de ACNUR, que es una muestra fundamental de la confianza en la organización. Este retorno a la tradición es importante porque demuestra que, a pesar de nuestras diferencias, con cooperación y compromiso, el multilateralismo puede funcionar. Por favor, resistan la tentación de abandonar estas buenas prácticas.

Señor presidente,

Inicié esta sesión el lunes con una defensa de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Consideré que era necesario, ya que sentía que se estaban cuestionando sus principios. Por lo tanto, me siento aliviado al haber escuchado muchas declaraciones que destacan la continua relevancia de esos principios. El asilo salva vidas. Y, como Haití lo expresó de manera convincente, las personas que buscan protección solo piden que se reconozca su humanidad. Nada más. Y, lo que es igualmente importante: nada menos. Este deberá ser nuestro principio rector.

Sin embargo, muchos de ustedes han destacado los retos reales a los que se enfrentan, especialmente en situaciones de movimientos mixtos. Retos que, permítanme repetirlo una vez más, ACNUR valora plenamente. En julio, en mi propio país, visité Lampedusa, un microcosmos de la dinámica más amplia de los movimientos mixtos, una pequeña isla más cercana al continente africano que a la Europa continental. Miles de personas -refugiados y migrantes- llegan allí cada mes tras peligrosas travesías marítimas, al igual que ocurre en muchos otros lugares del mundo. Miles han muerto en el camino, ya sea a manos de traficantes y tratantes de personas de camino a Libia, o al intentar cruzar el Mediterráneo.

Como han señalado en sus declaraciones Colombia, Sudáfrica, Sierra Leona, Grecia e Italia, entre muchos otros países, la respuesta a movimientos tan complejos debe consistir en medidas que fortalezcan las fronteras o la integridad de los sistemas nacionales de asilo, pero también deben combinarse con un enfoque más amplio, destinado a abordar las causas subyacentes del desplazamiento en los países de origen, a proporcionar protección y oportunidades a lo largo del camino para quienes las necesitan, y a establecer vías de migración regulares (o de retorno a sus países) para quienes no las necesitan.

En resumen, esto significa implementar el enfoque integral en las rutas, una propuesta que ejemplifica cómo ACNUR puede ayudar a todos ustedes a identificar e implementar soluciones adaptadas a sus necesidades, de manera que se reafirme la soberanía de los Estados, respetando al mismo tiempo las obligaciones internacionales.

Señor presidente,

Las intervenciones de esta semana dejan pocas dudas de que un modelo de ayuda basado en la inclusión y la autosuficiencia de las personas refugiadas representa el camino a seguir en situaciones de desplazamiento forzoso, especialmente en aquellas que son de gran magnitud y prolongadas. Me complace la amplia gama de declaraciones que han respaldado esta idea: Malawi, México, Ruanda, Jordania, Uganda, Polonia, Irán, Moldavia, Etiopía y muchos otros han llegado a la misma conclusión: las personas refugiadas deben tener acceso a documentación, servicios y empleo mientras perdure su condición en los países de acogida. Como reconocido por el artículo 3.1 de la Política Nacional recientemente adoptada por Brasil: las personas migrantes, refugiadas y apátridas son motores del desarrollo económico y social.

Para que quede claro, inclusión no es lo mismo que integración. La inclusión no excluye que las personas refugiadas puedan regresar a sus países de origen cuando las condiciones lo permitan y puedan hacerlo de forma segura. Por el contrario, los modelos de ayuda inclusivos reconocen que incluir a las personas desplazadas conduce a mejores resultados que excluirlas. Especialmente en un momento en que la financiación humanitaria se ha reducido de forma tan drástica.

Es importante reiterar una cuestión que muchos de ustedes han señalado: que los países de acogida de refugiados se estén orientando hacia respuestas más sostenibles no debe llevar a los donantes y socios a recortar la financiación. Por el contrario, aunque se exija un cambio en el tipo de apoyo brindado, la responsabilidad hacia las personas refugiadas debe seguir siendo compartida. Y esta transición -el famoso nexo- debe gestionarse de forma gradual y cautelosa. De lo contrario, como hemos oído en Kenia y otros lugares, tanto las personas refugiadas como las comunidades de acogida corren el riesgo de desestabilizarse justo cuando se adoptan medidas de inclusión, un proceso delicado en cualquier país.

Del mismo modo, no invertir lo suficiente en situaciones en las que hay soluciones a mano podría ser igual de desestabilizador, si no más. Hemos hablado del retorno de los sirios a su país y de la necesidad de estabilizar esos retornos dentro de Siria si queremos evitar nuevos desplazamientos en la región y en otros lugares. Esta misma dinámica se aplica a otras operaciones de retorno en crisis de refugiados prolongadas que no reciben mucha atención ni recursos. En la República Centroafricana, por ejemplo, o en Burundi. Ambas conllevan tanto la promesa de una solución -si somos capaces de movilizar fondos- como la amenaza de otra emergencia humanitaria, si no lo hacemos.

Señor presidente,

También quiero abordar brevemente la cuestión del mandato fundamental de ACNUR, que se ha mencionado en varias ocasiones. Se ha sugerido que la organización se ha desviado en cierta medida de su propósito original y, como resultado, ha perdido su enfoque o se ha vuelto menos efectiva. Estoy en desacuerdo con esa afirmación por varias razones.

El mandato es, en realidad, bastante claro: garantizar la protección de las personas refugiadas y ayudar a los Estados a buscar soluciones para su difícil situación. Diversos instrumentos jurídicos exigen a ACNUR que trabaje también para eliminar la apatridia y contribuya a apoyar a las personas desplazadas internas.

Esos son nuestros fundamentos, que espero que nadie discuta. Luego, por supuesto, podemos hablar de cómo traducirlos en acciones prácticas, especialmente en términos de asistencia material. Rechazo la idea de que el alcance de nuestras actividades en el pasado nos haya alejado de nuestra misión principal; por ejemplo, las restricciones financieras pueden obligarnos a reducir, lamentablemente, las actividades educativas o sanitarias, pero en el contexto de las personas refugiadas, ambos programas salvan vidas y son cruciales tanto para la protección como para las soluciones. Por lo tanto, estos recortes representan pérdidas (para las que tendremos que buscar soluciones alternativas) y no un retorno a nuestro "mandato principal".

Se pueden plantear preguntas similares con respecto a nuestra labor en materia de acción climática, pero se trata de un ámbito en el que, como muchos de ustedes han señalado, por ejemplo, Bangladesh, Somalia o Irlanda, es importante que la labor de ACNUR se adapte a las circunstancias. No hacerlo sería ignorar la realidad de los desplazamientos forzados contemporáneos. No podemos, ni debemos, ignorar el impacto en el medioambiente de los grandes movimientos de población en Cox's Bazaar, Dadaab o Zaatari. No podemos ignorar la compleja interacción entre los conflictos y los efectos adversos del cambio climático que desplazan a personas en todo el Cuerno de África o el Sahel, muchas de las cuales necesitan protección.

Por supuesto, nuestra participación en la labor climática -como en todos los demás sectores de asistencia, debo añadir- debe seguir siendo estratégica y estar claramente definida, teniendo en cuenta nuestra ventaja comparativa (o no). Tal y como se establece en nuestro plan estratégico para la acción climática, nuestra labor en ese ámbito se limita a temas bien definidos -protección, soluciones, resiliencia y adaptación- que se enmarcan en nuestro mandato más amplio. Ese es el mensaje que llevaré conmigo a la COP30 en Belém, dentro de unas semanas.

La revisión de los progresos del Foro Mundial sobre los Refugiados brindará otra oportunidad en diciembre para discutir estas cuestiones de colaboración, eficiencia y transformación, también en el contexto de la iniciativa ONU80 y de reformas humanitarias más amplias, que son tan importantes para nosotros como lo son para ustedes.

Señor presidente,

Quiero reconocer las expresiones unánimes de apoyo en un momento en que el sector humanitario se encuentra en crisis debido a los recortes en la ayuda exterior.

Como muchos de ustedes han dicho acertadamente, se trata ante todo de una crisis para todas las personas refugiadas y todas aquellas personas que cuentan con nosotros. Para todas las familias que tendrán menos alimentos para comer. Todas las niñas que ya no podrán estudiar. Todas aquellas personas que, sin tener culpa alguna, sufrirán las consecuencias más directas y graves de estos recortes.

También es una crisis para muchos países que acogen a personas refugiadas, que han mantenido sus puertas abiertas incluso ante el agotamiento de los fondos. Como han oído repetidamente durante esta semana, muchos se sienten abandonados, dados por sentado. Como si ellos (al igual que los países donantes) no tuvieran que lidiar también con las razones por las que se han tenido que recortar los presupuestos de ayuda: crisis económicas, limitaciones presupuestarias, presiones políticas internas, preocupaciones de seguridad. Y además de todo eso, acogen a poblaciones refugiadas, lo que rara vez es el caso de los donantes.

Por último, se trata de una crisis para ACNUR, y les agradezco sus amables palabras de apoyo, especialmente para todo el personal que se ha visto afectado por estos recortes. Lo han escuchado directamente de la presidenta de nuestro Consejo del Personal: estamos dispuestos a hacer más, podemos hacer más, pero necesitamos fondos adicionales.

Por lo tanto, debo apelar a ustedes una vez más, en nombre de todos.

Necesitamos al menos 300 millones de dólares para terminar el año. Por favor, ayúdennos.

Para todos aquellos que puedan proporcionar apoyo adicional y flexible para 2025, ahora es el momento. Para todos aquellos donantes o posibles donantes que hayan permanecido al margen y que podrían hacer más, especialmente en la región del Golfo o en Asia, ahora es el momento. Sin un apoyo urgente y flexible, tendremos que hacer más recortes en las grandes operaciones humanitarias, donde muchas de nuestras actividades son vitales.

Rechacé la idea de que podemos hacer más con menos. Ahora dejaré oficialmente de decir que haremos menos con menos. En realidad, haremos todo lo que nos permitan los recursos, pero una cosa es segura: lo haremos bien.

Y ese es el mensaje, señor presidente, con el que me despido de este comité, de ustedes, nuestros principales socios, contrapartes y amigos. Después de diez años intensos, desafiantes y apasionantes. Como todos los seres humanos, podría haber hecho más. He cometido errores. Pero he intentado darlo todo, consciente de las responsabilidades que conlleva dirigir una organización encargada, sí, de salvar vidas, en el sentido más amplio. Una organización que ofrece una perspectiva extraordinaria sobre lo peor, pero también lo mejor, de nuestro mundo.

Y antes de terminar, me gustaría, como es tradición, dar las gracias al embajador Bermúdez, señor presidente, estimado Marcelo, por su firme dirección del Comité Ejecutivo de este año, no solo durante esta sesión plenaria, sino a lo largo de un año difícil. Gracias por su dedicación, su diplomacia ecuánime y su compromiso personal.

También me gustaría felicitar a mi amigo, el embajador Oike de Japón, por su nombramiento como presidente. Bienvenido, Atsuyuki, a esta importante tarea. Mis felicitaciones también al resto de la mesa, incluido el embajador Daka de Etiopía, como primer vicepresidente, al embajador Endresen, de Noruega, como segundo vicepresidente, así como al nuevo relator Arango Blanco, de Colombia.

También agradezco a Anne Keah y a todos los equipos de ACNUR, tanto anteriores como actuales, de la Secretaría del Comité Ejecutivo por su incansable labor, sin la cual estas sesiones no serían posibles.

Por último, para terminar con una nota personal, me siento honrado de que muchas delegaciones hayan expresado su agradecimiento por mi mandato como Alto Comisionado para los Refugiados.

Sin embargo, quiero dejar claro que no habría logrado nada sin el extraordinario apoyo de mis colegas: los adjuntos, la Alta Comisionada Adjunta Kelly Clements y los Altos Comisionados Auliares Raouf Mazou y Ruven Menikdiwela, así como sus predecesores George Okoth-Obbo, Volker Türk y Gillian Triggs; la jefa de gabinete Shahrzad Tadjbakhsh, y sus predecesores; todos los directores, algunos de los cuales están aquí, anteriores y actuales, el Equipo Ejecutivo Sénior; la presidenta del Consejo de Personal y todos los representantes del personal; y, por último, pero no por ello menos importante, los pacientes y trabajadores colegas de la Oficina Ejecutiva desde 2016 y, por supuesto, TODOS los colegas de la organización en la que yo mismo he crecido, como profesional y como persona.

A todos ellos les expreso mi más sincera gratitud por su trabajo, su dedicación y su amistad, y por hacer que ACNUR sea tan especial.

Los llevaré a todos en mi corazón para siempre.

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