06/11/2026 | Press release | Distributed by Public on 06/11/2026 06:26
"¿Dónde comienzan los Derechos Humanos? En lugares pequeños, cercanos a casa. (…) el entorno de cada persona, el barrio en el que vive, la escuela o universidad a la que asiste o la oficina en la que trabaja".
Esa reflexión no es mía, sino de Eleanor Roosevelt, la presidenta de la comisión que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La hizo a mediados del siglo XX es decir, mucho antes de la aparición del primer ordenador personal y -desde luego- de la transformación digital en que ahora vivimos inmersos.
Seguramente la Sra. Roosevelt se asombraría de ver hasta dónde ha llegado la transformación digital: hasta el umbral mismo de la vida personal y familiar; es decir, hasta la esfera más íntima de protección de los Derechos Humanos.
Y todo eso gracias a -o por culpa de, según se mire- nuestra relación cada vez más permanente e inmediata con unos dispositivos que nos acompañan, nos asisten y nos conectan con el mundo; pero que permiten también que el mundo observe, entre e incluso incida en nuestra esfera personal.
La innovación tecnológica avanza a una velocidad de vértigo, arrastrada por tres pulsiones que nada tienen de tecnológico, sino que son intrínsecas a la naturaleza humana; me refiero al conocimiento, a la comunicación y a la colaboración. Y la IA es otro salto adelante, cuyo impacto en nuestros hábitos de vida y trabajo, en nuestra manera de relacionarnos e incluso de pensar, tan solo empezamos a intuir.
El potencial y el efecto transformador de esta nueva realidad se nos presentan como inagotables, casi todopoderosos. Sus aplicaciones en ciencia, medicina, educación, investigación, ingeniería…, en gestión y toma de decisiones…, en facilitar la relación entre el ciudadano y las administraciones -por citar solo algunos ámbitos-, son extraordinarias, revolucionarias...
Sin embargo, todos sabemos que esa interacción constante con el mundo digital comporta un precio: la huella del ser humano, el conjunto de datos que genera, es una información de gran interés en su valor agregado: es la radiografía de nuestros miedos, nuestros recelos, nuestras expectativas y nuestras aspiraciones como sociedad.
Toda esa información -en las manos equivocadas- es una herramienta capaz de moldear nuestras decisiones, construyendo imágenes de la realidad que no son sino proyecciones de nuestros propios prejuicios. Es decir: 'espejos' con apariencia de 'ventanas' abiertas al mundo.
"...La Fundación Hermes está haciendo mucho por preservar esa referencia de humanidad que es indispensable para mantener el rumbo en el mundo digital. Su papel en el estudio y la defensa de nuestros derechos digitales se verá todavía con más nitidez con la perspectiva que nos den los años..."
Puesto al servicio de intereses espurios, el círculo virtuoso de la comunicación puede convertirse en un círculo vicioso de desinformación y manipulación; de exclusión y polarización; incluso en un arma capaz de desestabilizar nuestras sociedades y socavar los valores democráticos que las fundan.
Para evitar que eso suceda es preciso hacer todos los esfuerzos para preservar y garantizar nuestros derechos -y en última instancia, nuestra libertad- en la interacción con el mundo online. Debemos hacerlo -quiero subrayarlo- no para cerrarnos a la transformación digital, sino para ampliar y fortalecer, en ella y con ella, las libertades democráticas.
Es imprescindible que los cambios que vivimos se acompañen de un ejercicio de reflexión que implique a todos los actores, desde la sociedad civil y la universidad hasta las empresas, los reguladores y las administraciones públicas, en los ámbitos nacional, europeo e internacional.
Puede parecer un ejercicio utópico, pero la historia del siglo XX -llena también de grandes cambios tecnológicos, con consecuencias profundas- nos demuestra que es necesario e inaplazable. No tenemos excusa ni alternativa para no abordarlo con convicción y conciencia, con voluntad, con transparencia y con participación… con responsabilidad, al fin y al cabo.
En España tenemos exponentes de vanguardia en la innovación tecnológica y somos muy conscientes de la importancia de contar con marcos normativos sólidos. Ello nos permite participar de esa necesaria reflexión, y, en muchos casos, liderarla con iniciativas y propuestas.
Lejos de incurrir en excesos regulatorios, el objetivo ha de ser -insisto- generar conocimiento y confianza. Que seamos -todos, sin exclusión- auténticos ciudadanos digitales, dueños de nuestra privacidad, capaces de interactuar con el nuevo medio que habitamos y de reaccionar ante cualquier propuesta que, bajo una apariencia de libertad, nos haga cada vez menos libres.
Lo ha dicho Su Santidad el Papa León XIV -que estos días nos honra con su visita- en su encíclica "Magnifica Humanitas": "en la era de la IA tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos".
La Fundación Hermes, que celebra su 10º aniversario, está haciendo mucho por preservar esa referencia de humanidad que es indispensable para mantener el rumbo en el mundo digital. Su papel en el estudio y la defensa de nuestros derechos digitales, se verá todavía con más nitidez con la perspectiva que nos den los años. Agradezco al Presidente, Enrique Goñi sus reflexiones; y a Alicia Asín, Miguel Luengo-Oroz y José María Abad las explicaciones que nos darán en torno a 3 de las líneas de trabajo de la fundación.
La suma de lo que hemos escuchado nos refuerza en la impresión de que -aunque parezca que hablemos de asuntos en la vanguardia tecnológica, estamos hablando de temas tan antiguos -y tan eternos- como aquellos a los que se refería Eleanor Roosevelt: la persona, sus derechos, sus libertades y su relación con un mundo que se define por el cambio.
Así que permitidme que os dé la enhorabuena por este 10º aniversario, que os exprese la gratitud de toda la sociedad por vuestro trabajo y os anime a seguir nutriendo -con ideas, con propuestas, con reflexión- esa conversación tan necesaria para que los hombres y mujeres del siglo XXI seamos siempre, antes que objetos y objetivos de algoritmos, sujetos y acreedores de derechos.
Muchas gracias.