06/08/2026 | News release | Archived content
La Asamblea General de la CISAC de 2026 en París marcó el centenario de la organización, pero lejos de dejarse llevar por la nostalgia, se centró en reflexionar sobre las lecciones aprendidas para afrontar los desafíos del futuro.
La jornada comenzó con el discurso de apertura de Björn Ulvaeus, Presidente de la CISAC y cofundador de ABBA. En él, destacó la importancia estética y emocional de la creatividad humana y reflexionó sobre la forma en que la IA generativa -gran protagonista de los debates del día-debería y, lo que es más importante, no debería interferir en este ámbito.
«¿Importa el origen del arte?», preguntó de forma retórica. «Si una pieza musical te conmueve de verdad, si conecta con una emoción profunda en tu interior, ¿importa que haya sido creada o no por un ser humano? Si cierras los ojos y algo resuena dentro de ti, un eco de tristeza, alegría o añoranza, y más tarde descubres que fue ensamblado por una máquina, ¿cambia eso lo que has sentido? ¿Anula esa experiencia?»
Este es el gran dilema filosófico que plantea la IA, una tecnología que Ulvaeus reconoce utilizar en sus propias composiciones y que describe como una «herramienta fantástica» que «abre nuevas posibilidades y me permite explorar ideas con mayor rapidez». Al mismo tiempo, insistió en que no se trata de rechazar la tecnología, sino de definir los límites y principios que deben regir su uso.
«La creatividad humana no es solo una forma de expresión», declaró. «Es un testimonio. El reflejo de una vida. Una canción no es simplemente un producto. Es una evidencia.»
La IA, señaló, se basa en el lenguaje y puede incluso «superar a muchos seres humanos». Sin embargo, la música es un arte que trasciende las palabras y expresa algo mucho más profundo. Parafraseando al historiador y filósofo Yuval Noah Harari, subrayó que ese es precisamente el terreno que la IA «no puede colonizar por completo».
También elogió la reciente decisión del Gobierno británico de abandonar, tras la presión ejercida por las industrias creativas, una propuesta que habría obligado a los creadores a manifestar expresamente su oposición al uso de sus obras por sistemas de IA mediante un mecanismo de exclusión voluntaria (opt-out). A continuación se refirió a la inminente decisión que debe adoptarse en el procedimiento que enfrenta a la GEMA y Suno en Múnich, y que, a su juicio, tendrá una importancia crucial. «Si Suno gana, todos los acuerdos de licencia suscritos en el ámbito de la música generada mediante la IA perderán su viabilidad», advirtió. «Si pierde, las licencias pasarán a ser la norma. Ahora mismo, nos encontramos ante una encrucijada histórica».
Para concluir, abordó los desafíos que plantea el futuro y explicó por qué resulta esencial que el sector creativo garantice que los creadores puedan trabajar con estas nuevas tecnologías sin verse desplazados por ellas. «Lo que hagamos en los próximos años determinará si, cuando la situación se estabilice, seguirá existiendo un ecosistema en el que los creadores humanos puedan seguir creando, ganarse la vida y transmitir una parte de sí mismos a las generaciones futuras, ya sea colaborando con la IA o no», observó. «Esa es nuestra misión. Siempre lo ha sido».
La intervención de la cantautora española Vicco giró también en torno al valor y la importancia de la creatividad humana, especialmente en relación con el impacto de la economía del streaming. «Dedicamos una gran cantidad de tiempo a intentar conectar con nuestro público y a crear canciones que perduren más allá de nosotros», señaló. «La competencia es enorme y la cantidad de contenidos disponibles, inmensa. Pero dependemos de un algoritmo y, cuando conseguimos que una canción acumule miles o incluso millones de reproducciones, esos números se traducen a menudo en ingresos muy reducidos».
Y ahora esos ingresos también están en riesgo «si permitimos que las obras de millones de creadores se utilicen sin autorización, sin transparencia y sin remuneración para entrenar sistemas de IA estrictamente comerciales», advirtió. «No obstante, la IA no es, en sí misma, el verdadero problema» declaró, señalando que muchos músicos ya la utilizan activamente. La cuestión fundamental es cómo se utiliza y se regula esta tecnología.
«La IA forma parte de nuestro proceso creativo, pero también necesitamos normas, necesitamos transparencia, necesitamos las autorizaciones pertinentes y necesitamos que el progreso tecnológico avance respetando a quienes hacen posible la cultura», insistió.
Daren Tang, Director General de la OMPI, inició su intervención en vídeo interpretando al piano «Stardust», la célebre composición de Hoagy Carmichael de 1927, y recordó que fue la canción más versionada de la historia hasta la publicación de «Yesterday» de The Beatles en 1965. De este modo quiso rendir homenaje a la sólida colaboración que su organización mantiene con la CISAC para proteger los derechos de autor y desarrollar conjuntamente proyectos que ayudan a los artistas a dar a conocer su arte en todo el mundo.
«Sigamos celebrando el papel del creador humano, el valor de las emociones humanas y la manera en que la experiencia humana nos permite aportar belleza al mundo», manifestó. «La OMPI seguirá respaldando con firmeza a la CISAC durante los próximos cien años para garantizar que los creadores humanos, la música creada por humanos y la creatividad humana sigan ocupando un lugar central tanto en el sistema de propiedad intelectual como en la economía creativa, y que la tecnología esté a nuestro servicio y no al contrario».
Dean Ormston, Presidente del Consejo de Administración de la CISAC y Director General de APRA AMCOS, destacó la importancia de que el sector creativo hable con una sola voz para lograr que los gobiernos de todo el mundo escuchen a los creadores y atiendan sus necesidades y preocupaciones. «El Compromiso de París adoptado hoy aquí es nuestra promesa a las futuras generaciones de creadores humanos», afirmó. «Como reflejo de ese compromiso, hoy alzamos nuestra voz a nivel mundial en apoyo al proyecto de ley «Darcos» y hacemos un llamamiento a Francia para que apruebe esta legislación sin demora, introduciendo una presunción de uso de contenidos creativos por parte de las plataformas de IA».
Con motivo del centenario de la organización, Gadi Oron, Director General de la CISAC, recordó que muchas de las cuestiones que motivaron la creación de la CISAC siguen siendo de plena actualidad, aunque hoy se planteen en un contexto tecnológico distinto. La película El cantante de jazz se estrenó apenas un año después de la fundación de la CISAC y, dado que incorporaba sonido sincronizado, Hollywood sostuvo que no correspondía pagar derechos de autor por la música, al considerar que se trataba de una nueva obra creativa.
«Volvemos a escuchar el mismo argumento pero, esta vez, por parte de las empresas de inteligencia artificial», observó. «Alegan que no debe pagarse ninguna remuneración a los titulares de derechos por el uso de sus obras creativas, porque el resultado generado por la IA es transformador. Al igual que las compañías cinematográficas de finales de los años veinte, las empresas de IA argumentan que han creado algo nuevo. Quieren utilizar contenidos creativos, pero no quieren pagar por ello. Quieren generar beneficios gracias a la creatividad humana, pero quedarse con la totalidad de esos beneficios».
Gadi Oron afirmó que los creadores deben estar abiertos al cambio y adaptarse a las nuevas realidades del mercado, sin que ello implique renunciar a la protección de sus derechos. «El futuro de la creatividad no lo dictarán los algoritmos ni las máquinas; lo escribirán los creadores humanos», declaró. «Juntos, tenemos la responsabilidad de garantizar que sus voces, sus derechos y su creatividad sigan moldeando nuestro mundo durante los próximos cien años».
Mihály Ficsor, ex subdirector general de la OMPI, abordó las complejas cuestiones relacionadas con la trazabilidad de los contenidos (outputs) generados por la IA, especialmente cuando estas chocan con determinadas concepciones del libre mercado presentes en algunos países.
«¿Podría la OMPI llegar a adoptar un tratado sobre inteligencia artificial? ¿Y qué características tendría?», reflexionó. «Sinceramente, creo que las posibilidades son escasas por diversas razones. El clima en la OMPI está demasiado condicionado por consideraciones políticas e ideológicas. Además, predomina la lógica de la competencia económica. En algunos países, el derecho de autor sigue considerándose poco más que un gesto de buena voluntad hacia los autores, y no como algo verdaderamente importante. En realidad, el debate está condicionado por intereses económicos y políticos».
A continuación tuvo lugar la mesa redonda titulada IA y creatividad humana: la perspectiva de los creadores. Simon Franglen, compositor y creador musical, expresó su temor a que generaciones enteras de creadores musicales desaparezcan si se permite que la IA generativa inunde las plataformas de streaming, convirtiendo el descubrimiento de nuevas obras en una tarea titánica. «Si cien millones de piezas musicales genéricas copan los primeros resultados, resultará mucho más difícil encontrar Kind of Blue, Helter Skelter o La consagración de la primavera», advirtió.
También señaló que la IA ya está teniendo un impacto negativo en los sectores de la música ambiental y la música de catálogo. «Otra de mis grandes preocupaciones es que, en dos o tres años, acabará con una tercera parte de la base de mi actividad profesional», lamentó, recordando que estos sectores han constituido históricamente un importante terreno de aprendizaje para los compositores y una de sus primeras fuentes de ingresos. «Cuando empecé, escribía jingles, música publicitaria y música para programas infantiles de televisión. Aquello fue fundamental para mí, porque los diez primeros años de mi carrera fueron, en realidad, los años en los que aprendí el oficio». Y pude aprender porque alguien estaba dispuesto a pagarme mientras lo hacía.
El compositor Jacopo Ettorre se mostró menos alarmista. «La IA no me asusta especialmente», afirmó. «Por supuesto, debemos regularla y establecer normas claras para su uso. Pero también es una nueva herramienta, y los músicos siempre hemos disfrutado explorando nuevas tecnologías, como los sintetizadores, los samplers o los ordenadores».
Yvonne Chaka Chaka, cantante-compositora y Vicepresidenta de la CISAC, rompió a cantar para ilustrar un punto fundamental sobre el valor insustituible del creador humano. «La IA no puede ser espontánea», observó. Aunque reconoció que la IA puede ser muy útil para la producción, insistió en que «nunca debe poner en riesgo la creatividad humana» y abogó por la adopción de marcos legislativos que impidan que «las grandes empresas tecnológicas se limiten a obtener beneficios a costa de los creadores».
Según Ángeles González-Sinde, creadora audiovisual y Vicepresidenta de la CISAC, la IA plantea un importante desafío económico, ya que, si se utiliza sin control, puede amenazar los medios de vida de los creadores. Añadió que también se está librando una batalla ideológica y semántica. «[Los gigantes tecnológicos] intentan convencernos de que oponerse a la IA equivale a oponerse al progreso y a la innovación, esa palabra mágica que abre todas las puertas de gobiernos e instituciones cautivados por la innovación. Pero esta innovación está hoy en manos de empresas privadas», señaló. «Y el objetivo de esas empresas privadas es ganar dinero y, por supuesto, lo hacen poniendo directamente en riesgo nuestros derechos».
Para corregir este desequilibrio, los músicos deben participar en todos los debates relacionados con estas cuestiones. «Hay algo fundamental que hoy sigue sin ocurrir: los creadores deben estar presentes en la mesa donde se toman estas decisiones», insistió.
Recién elegido Vicepresidente de la CISAC, el cantante, músico y compositor Youssou N'Dour advirtió de que esas conexiones humanas inesperadas que enriquecen el proceso creativo corren el riesgo de desaparecer si las máquinas pasan a ocupar un papel dominante. «Todo remite a la dimensión humana y a nuestra capacidad de crear juntos», afirmó. «Y eso es precisamente lo que amenaza la IA». N'Dour subrayó que no solo están en juego las carreras de los músicos, sino la propia esencia de la creatividad. Sin embargo, insistió en que el sector no puede responder con resignación ni escepticismo. «Me preocupan la gobernanza, la pérdida de empleo y la erosión de la creatividad», afirmó. «Estoy preocupado, sí, pero no tengo miedo».
La artista visual Adelaide Damoah defendió la necesidad de que el sector pueda negociar con las empresas de IA con total transparencia. «Estos sistemas se entrenan con cantidades ingentes de datos cuya magnitud apenas alcanzamos a imaginar», señaló. «Si no existe transparencia sobre qué imágenes, qué música o qué textos alimentan estos sistemas, no disponemos de la información necesaria para recurrir a las organizaciones que nos representan y negociar desde una posición informada».
Para Damoah, los responsables políticos deben ser plenamente conscientes de lo que está en juego, y las empresas de IA deben reconocer el verdadero valor de la creatividad humana. «Es pura codicia, y hay que ponerle freno», afirmó al referirse a la actual fiebre por la inteligencia artificial. «Desde mi punto de vista, si ganan dinero gracias a nuestro trabajo, es porque ese trabajo les genera valor. Y si nuestro trabajo les genera valor, deben valorarnos a nosotros también. Es así de sencillo».
Durante su presentación, el economista Will Page cifró en 47.200 millones de dólares el valor total de los derechos de autor vinculados a la música a escala mundial, frente a los 25.000 millones estimados diez años atrás, cuando analizó por primera vez estas cifras. «Cuando hablen con el Primer Ministro o el Presidente de su país, esa es la cifra que deben destacar», aconsejó en relación con las acciones de lobbying ante los gobiernos.
Asimismo, elogió la forma en que el sector editorial se adelantó a la irrupción de la IA, mucho antes que las compañías discográficas, adaptando sus modelos de licencias allí donde estas últimas se limitaban a abrirse paso para dejar a los compositores apenas las migajas. Gracias a ello, empiezan a surgir acuerdos basados en una mayor equidad, en lugar de modelos en los que la música grabada absorbía la mayor parte del valor generado.
«Las personas reunidas en esta sala están a la vanguardia, no a la zaga, cuando se trata de dialogar con los actores de esta nueva tecnología», concluyó.
La mesa redonda que siguió a la intervención de Will Page retomó varios de los temas que había planteado. Javed Akhtar, guionista, letrista y Presidente de la sociedad india IPRS, habló de la evolución del ecosistema musical y de los modelos de licencias en Bollywood. «Hace diez o quince años, aproximadamente el 95 % de la música que se consumía en la India procedía del cine», recordó, señalando que los grandes estudios trataban de quedarse con la titularidad de los derechos sobre la música. Sin embargo, esa situación está cambiando. «Hoy, ningún contrato en la India puede privar a un creador de su derecho a una remuneración. Los nuevos contratos que pretendan ceder esos derechos a perpetuidad son nulos ante los tribunales indios».
Anya Unger, cineasta y presidenta de LaScam, alertó sobre la aparición de una nueva brecha de valor en el uso de la música en el cine y la televisión en la era de Netflix y Disney+. «Creo que todos pensábamos que, a medida que se multiplicaran las formas de difundir nuestras obras, también crecería el pastel del que recibimos una pequeña parte los creadores», afirmó. «Pero ese pastel no ha crecido. Lo único que ha ocurrido es que ahora hay que repartirlo en porciones cada vez más pequeñas, y cada autor termina recibiendo una porción minúscula. Y eso resulta muy decepcionante».
Annette Barrett, Presidenta de IMPF y Directora General de Reservoir Media UK, destacó la importancia de que el sector creativo mantenga una posición unida para garantizar un trato justo. «Tendremos que trabajar codo con codo», afirmó. «Debemos apoyarnos mutuamente -autores, compositores, editores y OGC- y actuar con total transparencia. En el mercado actual y en el contexto que vivimos, eso es más importante que nunca. Tenemos que trabajar juntos y respaldarnos unos a otros».
Alexis Lanternier, Director General del servicio de streaming Deezer, explicó que los PSD deben hacer frente no solo a la «AI Slop» (o contenido digital de baja calidad), sino también al aumento de prácticas fraudulentas que utilizan música creada por la IA para desviar fondos del reparto de derechos. Citó datos según los cuales apenas el 0,5 % de las reproducciones corresponden a música generada íntegramente por la IA. «Por un lado, podría parecer una cifra poco significativa», afirmó. «Pero, por otro, hay que recordar que partimos de cero. En tan solo un año ha empezado a aumentar y es muy difícil anticipar hasta dónde puede llegar.»
Cristina Perpiñá-Robert, Directora General de la SGAE, defendió la necesidad de abordar la inteligencia artificial de manera realista. «Existe una tendencia a considerar la IA como una amenaza absoluta, pero debemos dejar de hacerlo», señaló. «Es completamente absurdo».
Siguiendo esta línea argumental, Javed Akhtar sostuvo que, a largo plazo, resultará imposible gestionar un mosaico de legislaciones nacionales y marcos jurídicos diferentes según cada país o territorio. «La música no conoce fronteras», afirmó. «Una canción creada en una pequeña ciudad de la India puede llegar a Los Ángeles cinco minutos después. Por eso necesitamos normas internacionales. Y esas normas internacionales no deben ser contrarias a la IA. Si hubiera que elegir entre la inteligencia artificial y la estupidez natural, yo estaría del lado de la inteligencia artificial. Pero esa inteligencia artificial también debe respetar la equidad. Eso es lo que espero de ella».
En la misma línea, Annette Barrett reiteró la importancia de alcanzar acuerdos de licencia lo antes posible. «La IA ya está aquí y todo avanza cada vez más rápido». «Tenemos que trabajar codo con codo y apoyarnos mutuamente. La transparencia es fundamental».
En su intervención de la tarde, Sylvie Forbin, Directora General adjunta de la OMPI responsable del sector de derecho de autor e industrias creativas, reiteró la importancia de los datos para la industria de la IA. «Hoy todo gira en torno al acceso a los datos; son el nuevo oro blanco de nuestro tiempo», comentó. «Los datos son el combustible de los modelos de IA: determinan lo que producen, lo que ponen en valor y también aquello que invisibilizan».
Sin embargo, considera aún más preocupante la presión que las empresas de IA ejercen sobre los titulares de derechos para que acepten ceder sus datos. «A primera vista, el planteamiento parece razonable: dennos sus datos para alimentar nuestros sistemas o su identidad cultural quedará ausente de la IA», explicó. «Esta manera de presentar las cosas contiene una parte de verdad, y eso es precisamente lo que la hace atractiva. Pero sigue siendo una ilusión. Al insistir en el riesgo de exclusión y marginación, omite un aspecto mucho más importante: la propia naturaleza de la máquina. Los grandes modelos de IA no procesan los contenidos de manera neutral».
La última mesa redonda de la jornada estuvo dedicada a las políticas públicas y al apoyo a la cultura. Lord Kevin Brennan, exdiputado británico, explicó por qué se ha implicado tan activamente en la defensa del sector creativo. «Siempre he partido de una idea muy simple: desde el día en que alguien le dijo a un músico «cante ante este gramófono y le daré un dólar», los músicos han salido perdiendo y los compositores también», afirmó. «Esa es mi opinión y siempre lo ha sido. Y creo que, por mucho que cambie la tecnología, siempre se repite en cierta medida ese patrón de fondo».
La eurodiputada Emma Rafowicz aseguró que llegó a la política impulsada por razones similares. «Creo que, cuando hoy defendemos la cultura, en realidad estamos defendiendo la democracia», afirmó. «Y creo que la democracia está realmente en peligro en estos momentos. Por eso decidí luchar por la cultura».
En opinión de Irini Stamatoudi, Catedrática de la Universidad de Nicosia (Chipre), el futuro del sector creativo solo puede garantizarse mediante la acción colectiva y una voz común, algo que no siempre ha ocurrido y que ha lastrado al sector en el pasado. «Estoy convencida de que habríamos logrado mucho más si hubiéramos actuado de forma unida y coordinada, en lugar de mantener posiciones divergentes sobre cómo abordar el problema», sostuvo. «Las OGC, los creadores y los responsables políticos que desean implicarse en este ámbito deben coordinarse y acordar una estrategia común. Y creo que ahí es precisamente donde seguimos encontrando dificultades».
Lord Brennan recordó la importancia fundamental del derecho de autor y de la propiedad intelectual, concebidos precisamente para reconocer, remunerar y proteger la creatividad humana. Su visión sobre la contribución creativa de la IA es, sin embargo, muy distinta.
«La IA no crea nada», recalcó. «La IA genera probabilidades matemáticas. Es una calculadora fría y carente de alma. Puede producir un facsímil muy convincente de la creatividad humana, pero, en última instancia, no deja de ser una imitación. No crea nada. Genera posibilidades y probabilidades. Utilizarla como herramienta no supone ningún problema. Utilizarla como asistente al servicio de la creatividad tampoco. Pero si termina tomando el control, entonces sí tendremos un problema. Desde mi punto de vista, nada de lo que haya sido generado íntegramente o en gran medida por una máquina debería poder beneficiarse de la protección de los derechos de autor, porque estos derechos no fueron concebidos para eso».
La jornada concluyó con una entrevista a Jean-Michel Jarre, músico, compositor y expresidente de la CISAC, realizada por Cécile Rap-Veber, Directora General de SACEM, la sociedad francesa de autores. La conversación abordó muchos de los temas tratados a lo largo del día, y en particular la relación entre los creadores y la tecnología.
Cécile Rap-Veber criticó a las empresas de IA que intentan ampararse en el hecho de que las obras estén «disponibles públicamente» para actuar con total impunidad. «Y ahí está precisamente el gran malentendido», señaló. «Que una obra esté a disposición del público no significa que esté libre de derechos».
Jean-Michel Jarre sostuvo que «la creatividad humana es la piedra angular de la IA» y que, precisamente por ello, el sector creativo «merece recibir su parte del pastel digital, no como proveedor, sino como socio».
También recordó que todas las innovaciones tecnológicas que se han sucedido a lo largo de la historia de la música han abierto la puerta a nuevas formas de creatividad. «La tecnología también es una herramienta de democratización», añadió. «La IA es, sin duda, una herramienta extraordinaria y ofrece una gran oportunidad. No debemos verla como una amenaza. Pero tampoco el sector tecnológico ni los responsables políticos deben considerarnos como personas reacias al progreso y al futuro. Nunca debemos olvidar que las normas y las regulaciones son, en realidad, una forma de garantizar la libertad».
En su opinión, los músicos no deberían temer el impacto que la IA pueda tener sobre el arte auténtico, creado por humanos. La clave está en adaptarse a las nuevas tecnologías y aprovechar todo su potencial creativo.
«Creo que el próximo Miles Davis, el próximo Bad Bunny o la próxima Billie Eilish no tienen nada que temer», aseguró. «Como creadores, aquello que hace que nuestras obras sean originales y únicas surge, en gran medida, por accidente. Y también del hecho de que todos somos ladrones. Yo robo todo lo que veo, todo lo que leo y todo lo que escucho. Y lo interesante también está en la capacidad de apropiarse de la tecnología. Dentro de diez años, probablemente pensaremos que la década de 2020 fue la edad de oro de la IA, porque hoy se encuentra en una fase comparable a la de los inicios del cine mudo: con sus imperfecciones, sus accidentes y sus limitaciones».
En definitiva, es necesario proteger el arte y fomentar la innovación tecnológica, pero no a costa del primero ni de la protección que merece. «Nunca deberíamos olvidar que lo que hace grande a un país o a una civilización es su cultura», recordó. «La cultura no es enemiga de los beneficios».