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05/29/2026 | Press release | Distributed by Public on 05/29/2026 17:01

Informe Anual de Sostenibilidad S1 y S2 en formato XBRL del año 2025 para el Fideicomiso 175291

Riesgos físicos:

Inundaciones: Anegamiento por lluvias intensas y desbordamientos de ríos y escurrimientos superficiales. Su severidad aumenta con una mayor frecuencia e intensidad de precipitaciones extremas.

Las inundaciones representan un riesgo físico material para los activos de EXI, en particular para los acueductos, debido a su exposición directa a escurrimientos, cuerpos de agua y condiciones topográficas que pueden amplificar los efectos de eventos hidrometeorológicos extremos. El 50 % de los activos presenta algún nivel de exposición a este riesgo, siendo SAQSA, ubicado en Querétaro, Querétaro, el activo con mayor exposición, lo que refuerza su relevancia para la gestión de riesgos.

Durante episodios de lluvias intensas, el incremento súbito de escurrimientos puede provocar el anegamiento de estaciones de bombeo, plantas, cámaras de válvulas y obras de captación, afectando la continuidad del suministro. El ingreso de agua con sedimentos, sólidos suspendidos y contaminantes puede deteriorar equipos mecánicos y eléctricos, comprometer sistemas de control y automatización, e incrementar el riesgo de contaminación del agua transportada, con impactos operativos, regulatorios y reputacionales.

Adicionalmente, la infraestructura de conducción, incluyendo tuberías, canales abiertos, cruces hidráulicos y obras asociadas, puede sufrir daños estructurales por erosión, socavación y presión hidrodinámica, lo que eleva la probabilidad de fugas, fallas no planificadas y paros operativos. Las inundaciones también pueden afectar caminos de acceso, dificultando la entrada del personal y de insumos críticos, incrementar los costos de mantenimiento correctivo y limpieza, y extender los tiempos de recuperación tras eventos extremos. En conjunto, estas afectaciones presionan el flujo de efectivo, incrementan las primas de seguros y representan un riesgo relevante para la confiabilidad del servicio.

Hacia 2030, se anticipa un aumento en la frecuencia de lluvias intensas que puede generar inundaciones recurrentes en infraestructura crítica de acueductos. Bajo este horizonte, se estima un riesgo muy alto en un escenario de altas emisiones (SSP5-8.5), asociado a interrupciones operativas frecuentes, mayores costos de limpieza por arrastre de sedimentos y dificultades de acceso por vías anegadas. En un escenario de alta mitigación (SSP1-2.6), el riesgo se considera alto, con menor severidad relativa, pero con impactos aún relevantes en operación y mantenimiento.

Para 2050, el riesgo permanece muy alto bajo SSP5-8.5, debido a tormentas más severas capaces de dañar equipos eléctricos, paneles de control y sistemas de bombeo, así como de saturar sistemas de drenaje internos. Los daños acumulados por erosión y socavación pueden requerir rehabilitación estructural de tramos de conducción, prolongando los tiempos de inactividad y elevando los costos de capital. En SSP1-2.6, el riesgo continúa siendo alto, con menor frecuencia de eventos extremos, pero con persistencia de impactos logísticos y restricciones de acceso.

Hacia 2075, en un contexto de crisis climática (SSP5-8.5), el riesgo se mantiene muy alto, con inundaciones recurrentes que comprometen de forma estructural la confiabilidad del suministro, incrementan la probabilidad de eventos de contaminación del agua, y generan riesgos para la seguridad del personal y de comunidades cercanas a la infraestructura. En este escenario, se anticipa un aumento sostenido en primas de seguros y en costos asociados a protección, adaptación y recuperación. Bajo alta mitigación (SSP1-2.6), el riesgo se estima medio, aunque persisten impactos relevantes que deben ser incorporados en la planificación de drenajes, accesos, diseño de infraestructura y estrategias de mantenimiento preventivo.

Estrés hídrico: Condición en la que la disponibilidad de agua, en términos de volumen, presión o calidad, resulta insuficiente para la operación normal de la infraestructura.

El estrés hídrico representa un riesgo físico crítico y material para los acueductos de EXI I, dado que su operación depende directamente de la disponibilidad continua de agua en sus fuentes de abastecimiento. La evaluación del nivel de riesgo se realizó considerando la ubicación y condiciones de las fuentes de agua, identificándose que tanto el manantial El Infiernillo (Querétaro-Hidalgo), que abastece a SAQSA, como la Presa El Realito, ubicada en San Luis de la Paz, presentan un nivel de estrés hídrico muy alto. Como resultado, el 100 % de los activos se considera expuesto a este riesgo.

La reducción sostenida de la disponibilidad de agua superficial y subterránea puede limitar la capacidad de captación y potabilización, afectar la presión y continuidad del servicio, y aumentar la probabilidad de fallas operativas en estaciones de bombeo, plantas y redes de conducción. Para compensar la menor disponibilidad, los acueductos pueden requerir bombeos desde fuentes más profundas o distantes, lo que incrementa de manera significativa el consumo energético y los costos operativos (OPEX).

Adicionalmente, la disminución en la recarga natural de acuíferos y la sobreexplotación prolongada pueden generar hundimientos diferenciales del terreno, capaces de deformar, fracturar o desalinear tuberías, estaciones de bombeo y estructuras asociadas. Estas afectaciones elevan los costos de mantenimiento correctivo, aumentan las pérdidas por fugas y pueden derivar en interrupciones no planificadas del suministro, obligando a implementar racionamientos, soluciones temporales o el desarrollo de nuevas fuentes de abastecimiento.

El estrés hídrico también puede detonar incrementos en las tarifas reguladas del agua, mayores obligaciones de cumplimiento y la imposición de restricciones gubernamentales sobre la extracción, distribución y uso del recurso. Estas medidas pueden traducirse en costos adicionales, limitaciones operativas impuestas por la autoridad y un mayor riesgo de sanciones o revisiones regulatorias, particularmente en regiones con alta competencia por el agua. En conjunto, estos factores incrementan la incertidumbre en la planificación de capacidad, presionan la rentabilidad de los acueductos y obligan a redimensionar activos críticos para operar bajo condiciones de escasez más frecuentes y severas.

Hacia 2030, se prevé un incremento en la frecuencia e intensidad de sequías, así como una reducción estacional de caudales superficiales y subterráneos, lo que intensifica la presión sobre las fuentes de captación. La menor disponibilidad exige bombeos más profundos, mayores consumos energéticos y eleva el riesgo de fallas operativas. Bajo este horizonte, el riesgo se considera crítico en un escenario de crisis climática (SSP5-8.5) y alto en un escenario de alta mitigación (SSP1-2.6).

Para 2050, las sequías se vuelven más intensas y prolongadas, con una disminución sostenida de la disponibilidad hídrica. En escenarios de mayores emisiones (SSP5-8.5), la combinación de escasez estructural, competencia regional por el recurso, incrementos tarifarios y restricciones regulatorias coloca a los acueductos en un nivel de riesgo crítico, con afectaciones directas a la continuidad del servicio, necesidad de racionamientos y desarrollo de nuevas fuentes de suministro. En alta mitigación (SSP1-2.6), el riesgo se mantiene alto, impulsado por la vulnerabilidad de sistemas que dependen de fuentes altamente sensibles a sequía y la obligación de mejorar la eficiencia hídrica y operativa.

Hacia 2075, en un contexto de crisis climática (SSP5-8.5), el riesgo continúa siendo crítico, anticipándose un deterioro estructural de la disponibilidad de agua en la mayoría de las cuencas, con sequías recurrentes, sobreexplotación de acuíferos y restricciones severas de extracción impuestas por las autoridades. Estas condiciones afectan la confiabilidad operativa, el mantenimiento y la planificación de expansión de los acueductos. Bajo un escenario de alta mitigación (SSP1-2.6), el riesgo se estima muy alto, debido a presiones persistentes sobre los volúmenes disponibles, los costos regulados del agua y la necesidad de adaptar la infraestructura para operar de forma confiable bajo condiciones de escasez prolongada.

Riesgos transicionales:

Costos asociados a la transición hacia tecnologías de bajas emisiones: Este riesgo afecta al 100% de los activos de EXI I.

Escenario de Alta Mitigación (SSP1-2.6): La migración hacia una operación hídrica neutral en carbono conlleva riesgos de capital derivados de la necesidad de modernizar la infraestructura existente por sistemas de alta eficiencia y recuperación energética. El riesgo se manifiesta en un incremento en el gasto del capital (CAPEX) requerido para integrar soluciones de autogeneración. Los operadores que no aseguren el financiamiento para esta modernización dentro de los plazos regulatorios enfrentarán una disminución en su rentabilidad neta. Además, podrían experimentar un aumento en el costo de capital, ya que el riesgo de obsolescencia de su infraestructura será percibido como mayor. Este riesgo se manifiesta en un escenario con tendencia a la neutralidad, como bajo en el corto plazo, moderado en el mediano y significativo en el largo plazo.

Escenario de Crisis Climática (SSP5-8.5): La transición tardía puede implicar que las inversiones en eficiencia energética y modernización se concentren en plazos más cortos, aumentando la presión financiera. Para la infraestructura hídrica, esto puede incluir mejoras en eficiencia de equipos, automatización, digitalización, optimización hidráulica y, en algunos casos, integración de fuentes renovables. Si bien estas inversiones pueden generar beneficios operativos en el largo plazo, su implementación acelerada puede requerir ajustes en estructuras tarifarias, contratos o esquemas de financiamiento. En contraste, en un escenario de crisis climática este riesgo se prevee como como moderado en el corto plazo y alto para el mediano y largo plazo, debido a que las inversiones en eficiencia energética y modernización se concentren en plazos más cortos aumentando la presión financiera.

La migración hacia una operación hídrica neutral en carbono conlleva riesgos de capital derivados de la necesidad de modernizar la infraestructura existente por sistemas de alta eficiencia y recuperación energética. El riesgo se manifiesta en un incremento en el gasto del capital (CAPEX) requerido para integrar soluciones de autogeneración. Los operadores que no aseguren el financiamiento para esta modernización dentro de los plazos regulatorios enfrentarán una disminución en su rentabilidad neta. Además, podrían experimentar un aumento en el costo de capital, ya que el riesgo de obsolescencia de su infraestructura será percibido como mayor.

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