Presidency of the Republic of Argentina

05/06/2026 | Press release | Distributed by Public on 05/07/2026 04:56

Discurso del Presidente Javier Milei en la 29° Conferencia Anual del Instituto Milken en Los Ángeles

Discurso del Presidente Javier Milei en la 29° Conferencia Anual del Instituto Milken en Los Ángeles

PRESIDENTE.- Buenas tardes a todos. Quiero comenzar agradeciendo al Milken Institute, a todos los involucrados en la organización y personalmente a Michael Milken por hacer este encuentro posible una vez más. Es un placer estar nuevamente entre gente con la que comparto la misma forma de mirar el mundo. Y es una alegría especial encontrarnos en un año particular para esta nación que nos recibe.

El año que Estados Unidos cumple 250 años de existencia. Un cuarto de milenio desde que un grupo de hombres libres, admiradores de la grandeza romana se animó a fundar la República más exitosa de la historia humana sobre una idea simple y por eso mismo revolucionaria. Esa idea fue la semilla del sueño americano. Contrario a lo que muchos podrían pensar hoy, Estados Unidos no se fundó bajo una promesa de bienestar garantizado ni un programa de redistribución de la riqueza. Era tan solo una potente afirmación filosófica que cada persona viene al mundo con derechos previos al Estado y que ningún rey, ningún funcionario ni ninguna mayoría circunstancial puede arrebatárselos. Veo que hay muchos partidarios del derecho natural.

Estos derechos son pocos, pero no por eso pequeños. Son el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Y sabían que con esos derechos bajo el brazo cualquiera tenía una chance de prosperar, si aplicaba el suficiente empeño y tenía el suficiente mérito, sin importar quién fuera, sin importar de dónde viniera. Ellos sabían que con el tiempo la libertad y la movilidad del nuevo mundo triunfarían sobre el estancamiento del viejo mundo enfrascado en defender jerarquías nobiliarias sostenidas por modelos económicos rígidos y excluyentes. Esta idea revolucionaria invertía el orden milenario: por primera vez en la historia no era el ciudadano el que existía para servir al estado, sino el Estado el que existía para proteger los derechos del ciudadano.

Ese era un nuevo fin, ese era su nuevo sentido y su nueva misión. Y si los traicionaba, dejaba ipso facto de ser legítimo. Y lo que vino después demostró el poder de esa inversión. La nación que tienen ustedes alrededor, la mayor experiencia de progreso humano que conoce la historia, la mayor potencia que alguna vez la humanidad haya visto.

Yo creo que esta idea del sueño americano no se limitó únicamente a Estados Unidos, sino que se extendió por el continente, sin ir más lejos, tuvo un alumno ejemplar en Argentina, en lo que me gusta llamar la edad heroica de mi patria. Argentina recorrió un camino similar al de los Estados Unidos, aunque algunas décadas más tarde, de la mano de Juan Bautista Alberdi, un seguidor de Thomas Jefferson, mi país sentó las bases para la redacción de una constitución liberal, inspirándose en aquella firmada por la histórica Convención Constituyente encabezada por George Washington.

Así como Jefferson establecía que un gobierno es mejor cuando gobierna menos, Alberdi se preguntaba, ¿qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Y la respuesta era lo que Diógenes exigía de Alejandro, que no le haga sombra.

Poco después, Domingo Faustino Sarmiento, el Presidente que marcó el rumbo de la Argentina moderna, viajó hasta estas tierras a estudiar ese modelo de libertad. Con esa Constitución liberal de Alberdi, con un entramado jurídico institucional que establecía y protegía estos derechos y principios básicos, y con verdaderos héroes como Julio Argentina Roca y Carlos Pellegrini, la Argentina se convirtió en un faro del mundo y punto de llegada para millones de inmigrantes que huían de la pobreza y la opresión en busca de una promesa de libertad.

Hace 100 años éramos uno de los países más ricos del planeta, peleándole de igual igual a Estados Unidos en ingreso per cápita y compitiendo como destino de vida para millones que cruzaban el océano detrás de la misma promesa que los traía a Philadelphia o a Nueva York. Y sin embargo, tiramos todo eso por la borda.

Desde hace tiempo en nuestro país nos preguntamos una y otra vez, ¿cuándo se jodió la Argentina? Nosotros tenemos la respuesta: precisamente cuando abandonamos esa arquitectura jurídica e institucional y fuimos en la dirección diametralmente opuesta, cegadas por las falsas promesas que traían los impulsores de la planificación central.

Al igual que otras muchas naciones, desandamos el camino de la libertad y transitamos el de la tiranía y del socialismo. Y este no es otro que el del avance silencioso del Estado sobre los derechos individuales, en especial el derecho sagrado a la propiedad. Así, este camino profundiza la regulación asfixiante, los impuestos que castigan al que produce, la cultura del subsidio que reemplaza el mérito por el clientelismo y la indolencia por sobre el esfuerzo.

De esta manera, una generación entera empezó a creer que la libertad era un capricho ideológico y que la verdadera virtud era la dependencia, condenándonos a un siglo de humillación y echando por tierra todo el progreso alcanzado durante nuestros años dorados. Por eso, hoy digo que Argentina es un mensajero del futuro distópico que le espera a Occidente de seguir por el camino que comenzó a transitar hace algunos años, seducido por el canto de sirenas de estabilidad y seguridad contra la incertidumbre y la economía del libre mercado.

Lamentablemente, ceder ante este canto es resignar el futuro para mejorar ilusoriamente el presente. Una traición a nuestros hijos cuyo costo ya están pagando hoy en día. Este fenómeno ya había sido anticipado por Benjamin Franklin cuando dijo que aquellos que renunciaran a la libertad esencial para comprar un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad.

Pero les traigo una buena noticia y por eso estoy acá. El sueño americano no está muerto. La promesa de libertad del mundo no está muerta. Está renaciendo y está renaciendo en dos lugares al mismo tiempo, en Estados Unidos, de la mano del Presidente Trump, que está devolviéndole a esta nación su esencia, comenzando por el paso más importante, la voluntad de volver a ser grandes. Y en Argentina, donde 48 millones de argentinos eligieron poner fin a un siglo de decadencia y volver a abrazar las ideas que a nosotros también supieron llevarnos a la grandeza. No estamos copiando un modelo extranjero, estamos volviendo a nuestras raíces liberales.

El corazón de nuestro programa es simple, devolverle la libertad a los argentinos de dirigir sus propias vidas. Y esa libertad es a donde apuntamos todos los cañones de nuestro gobierno. Por eso, ahora permítanme explicarle qué hemos hecho durante los últimos años y mostrarle los resultados, porque es la demostración fáctica que el modelo de la libertad, que no consiste en otra cosa que poner la libertad en el centro, funciona.

Esto es, cuando vine acá en el 2024 era un montón de promesas. Gracias por confiar, porque hoy les voy a mostrar que hoy les traigo un montón de hechos de que la libertad funciona.

El primer mito que rompimos cuando llegamos a la administración fue que no se podía hacer un ajuste de cinco puntos del Tesoro a lo largo de un gobierno. Nosotros, gracias al enorme equipo de mi Ministro de economía, Toto Caputo, pusimos las cuentas en orden en el primer mes de gobierno y vamos para el tercer año con las cuentas fiscales en orden. Sin embargo, no todo el problema estaba en el Tesoro. Dos tercios del problema estaban en el Banco Central, el déficit cuasi fiscal, el cual lo corregimos en 6 meses. Es decir, que en 6 meses Argentina hizo un ajuste fiscal de 15 puntos del PIB y hoy sigue en equilibrio.

No solo eso, sino que a diferencia de otros gobiernos, somos el primer gobierno que redujo la deuda externa en 10.000 millones de dólares. Y si corregimos por los instrumentos que se ajustan por inflación, Argentina ha bajado su deuda en cerca de 50.000 millones de dólares. Vaya que nos hemos convertido en un pagador serial.

Si tomamos la relación deuda producto, la relación deuda producto pasó de un 157% a una relación deuda producto en torno del 73%. Y si limpiamos el efecto de lo que tiene que ver con la deuda de intrasector público, de niveles del 99% pasamos al 39%.

Vaya, que nos merecemos que nos sigan mejorando la calificación crediticia y que siga bajando el riesgo país, porque somos pagadores seriales. Al mismo tiempo, la contraparte de sanear las cuentas públicas y sanear el Banco Central tuvo una correspondencia directa. Logramos destrozar la tasa de inflación, de niveles de entorno del 300%, la hemos bajado a niveles del 30% y vamos a seguir haciéndolo.
De hecho, en una visión más corta podemos ver que todos los gobiernos previos a nosotros venían subiendo la tasa de inflación y nosotros logramos hacerla bajar bruscamente. Ya corregida la crisis política, de acá para adelante la demanda de dinero se está recuperando y la tasa de inflación va a volver a seguir cayendo.

Al mismo tiempo, cuando iniciamos este programa de ajuste fiscal y de restricción monetaria, dijeron que íbamos a hundir a la economía en una brutal recesión. Y el resultado es que desde que asumimos a hoy, la economía ha crecido cerca de un 10%. Vaya que perdieron los keynesianos por goleada con nosotros.

Otra cosa que dijeron es que íbamos a hacer volar la tasa de desempleo. Sin embargo, lo que se ve es que la cantidad de empleos en Argentina, desde que asumimos ha subido en 113.000 puestos de trabajo. Han quedado afuera los trabajos registrados, pero lo que tiene que ver con independientes y los no registrados son cerca de 400.000 puestos de trabajo. Una economía que hacía más de 10 años que no generaba un solo puesto de trabajo y nosotros generamos más de 400.000 en un contexto donde además echamos a 75.000 empleados públicos. Vaya que las ideas de la libertad funcionan.

Obviamente, las regulaciones del mercado laboral hacía que justamente lo que se podía expandir era el sector informal de la economía. Y, por eso, en el mes de febrero logramos pasar algo que no logró hacer ningún gobierno en 50 años, que fue pasar la ley de modernización laboral.

Pero miren qué interesante, porque el sector no registrado, el salario real está muy por encima de cuando nosotros llegamos al poder. El registrado está prácticamente igual en términos reales y el que cayó fue el sector público. Es decir, le hicimos pagar el ajuste al parásito estatal.
Pero, además, decían que íbamos a hacer explotar la pobreza y logramos sacar de la pobreza la pobreza cayó prácticamente a la mitad. Es decir, salieron de la pobreza 14 millones de seres humanos, que viven mejor hoy gracias al liberalismo.

Por otra parte, dicen que el consumo se deprimió. Bueno, como en todos lados la prensa miente y Argentina tiene no solo el PIB en el nivel más alto del último tiempo, sino que además tiene también el consumo en su nivel máximo histórico. Es más, dijeron que nuestro programa iba a destrozar el sector externo. Una cosa bastante rara porque las exportaciones no paran de crecer y Argentina es el país de tres veces 100. 000 millones de dólares. Exportaciones que llegan a 100.000 millones de dólares, inversiones por el régimen de grandes inversiones por 100.000 millones de dólares y haber hecho un ajuste fiscal que le devolvió a los argentinos de bien 100.000 millones de dólares. Vaya que funciona las ideas de la libertad.

Por otra parte, decían que nuestro programa atrasaba el tipo de cambio y que no compraban reservas. En este gráfico pueden ver la compra relativa de reservas respecto al resto de los gobiernos que nos precedieron. Les guste o no les guste, nuestro gobierno es el gobierno que más reservas ha comprado desde el regreso de la democracia.

Finalmente tenemos la exposición de Argentina frente a este shock que está ocurriendo en Medio Oriente y nos agarró con equilibrio fiscal y con superávit de cuenta corriente. Por lo tanto, Argentina es uno de los cinco países que tiene equilibrio fiscal en el mundo, en la línea financiera y, además, es uno de los países que tiene superávit en la cuenta energética. Por lo tanto, en esta crisis mundial, si Argentina hubiera estado como en el pasado, hubiera derivado en una brutal crisis.

Sin embargo, en Argentina se apreció la moneda, a pesar de que el Banco Central compró 7,000 millones de dólares y cayó la tasa de interés, vaya que sí funcionan las ideas de la libertad. Por lo tanto, tenemos un optimismo radical respecto al futuro y una vocación de legislar para cobijar y fomentar el desarrollo, no para controlarlo, ahuyentarlo y cortar las alas, porque creemos firmemente en que somos la prueba de que el legado de los padres fundadores funciona y tenemos las puertas abiertas para todos aquellos que quieran venir nuevamente a hacer la América, pero esta vez para quedarse.

Como hace 100 años en Estados Unidos imperaba el mantra Go West, ahora la consigna será "vayan al sur". Hace exactamente 2 años en esta misma sala los invité por primera vez a apostar por Argentina. Aquellos que siguieron ese consejo vieron sus inversiones revalorizarse más de un 100%. En el primer año, vuelvo hoy dos años después, no a pedirle fe, sino a mostrarle los resultados. Por lo que estamos viendo en Argentina no es coincidencia, es la respuesta a un siglo de abusos estatales. Mientras el mundo regula, sube impuestos y reduce libertades, Argentina hace exactamente lo opuesto y Estados Unidos está encarando el mismo camino.

Esta convergencia entre dos repúblicas hermanas reabre la posibilidad de un tratado de libre comercio que debería haberse firmado hace dos décadas y redefinir el mapa económico del hemisferio. Porque aquel gran experimento de hace 250 años en su versión más auténtica, nunca fue propiedad exclusiva de los norteamericanos. Fue una promesa universal. Cualquier país que abrace estos principios puede ser próspero. Hoy el sueño americano se extiende desde Alaska hasta Tierra del Fuego para ser grande a toda América nuevamente.

Y esperamos que esto pronto incluya a nuestras queridas Cuba y Venezuela que tanto han sufrido y el modelo de la libertad llegue hasta el último refugio del continente. Por eso, celebrar 250 años de Estados Unidos no es solo celebrar un país, es celebrar una idea y una promesa. Y mientras esa idea esté viva en al menos un rincón del mundo, la civilización occidental tiene futuro. Hace 100 años, miles de europeos cruzaron el Atlántico buscando la tierra prometida y encontraron en Argentina y Estados Unidos un nuevo hogar que les permitió desarrollar su proyecto de vida con trabajo y esfuerzo, sabiendo que el Estado no se interpondría en su camino.

Hoy vuelvo a invitar a todos aquellos que siguen creyendo en aquel sueño a descubrir que la promesa sigue vigente, que la frontera sigue abierta y que en el extremo de Sudamérica los espera una nación de 48 millones de hermanos que comparten estos valores. Dispuesta a recibirlos y a construir juntos el próximo capítulo de Occidente. Una vez más los invito a apostar por Argentina, no para reemplazar el sueño americano, sino para hacerlo más grande, para expandirlo por toda la Tierra. Citando aquel histórico sermón de John Winthrop, dirigido a los futuros habitantes de la colonia de la bahía de Massachusett. Queremos ser esa ciudad en la colonia con los ojos del mundo puestos sobre nosotros.

Sabemos, sin embargo, que esas palabras constituyen a la vez un honor y una advertencia de no claudicar y de estar siempre a la altura de la misión que nos ha sido encomendada. Finalmente, quiero darles las gracias a todos. Que Dios bendiga a la Argentina y a los Estados Unidos y a toda América y a todo Occidente. Que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad carajo. Muchísimas gracias. Muchas gracias.

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