WHO - World Health Organization

07/01/2026 | Press release | Archived content

Las decisiones sobre los entornos digitales que condicionan la salud de nuestros hijos

Este comentario se publicó originalmente en Project Syndicate el 1 de julio de 2026.

Desde las redes sociales y los videojuegos en línea hasta los sistemas que aplican técnicas de inteligencia artificial (IA) generativa, los entornos digitales influyen enormemente en la salud de las personas, en especial de los niños y los jóvenes. En todo el mundo, las tecnologías digitales están reconfigurando la infancia, al condicionar la forma en que los jóvenes aprenden, juegan y se relacionan.

No nos corresponde alabar ni condenar la tecnología, pero tampoco podemos negar la evidencia: nuestro entorno digital promete beneficios de gran alcance, pero también plantea graves riesgos para la salud y el desarrollo de los niños. Debemos procurar que los niños aprovechen al máximo esos beneficios, pero también tenemos que prevenir riesgos. No es demasiado tarde para actuar, pero ya no basta con hacer ajustes graduales.

Las herramientas digitales pueden ofrecer más posibilidades de aprendizaje, comunicación y acceso a los servicios de salud, en especial para los niños que viven en zonas remotas o afectadas por crisis. Para muchos jóvenes, los espacios en línea también pueden ser una vía para expresar su creatividad, crear vínculos y reforzar su sentido de pertenencia, sobre todo cuando sufren exclusión fuera del entorno digital.

Sin embargo, estos beneficios no están garantizados, ya que dependen en gran medida de quién tiene acceso a esas tecnologías, de cómo se diseñan y de los intereses a los que sirven.

Los gobiernos reconocen cada vez más que proteger a los niños en internet es fundamental para la salud pública. Australia está aplicando la primera normativa del mundo que obliga a las plataformas de redes sociales a impedir que los menores de 16 años tengan cuentas de usuario, mientras que Francia está impulsando una ley para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 15 años. Por su parte, Indonesia ha prohibido el acceso a los menores de 16 años, España ha anunciado que prevé hacerlo e Irlanda está colaborando con otros socios de la Unión Europea para establecer restricciones y sistemas de verificación de la edad que protejan a los menores de 16 años.

También el Reino Unido anunció recientemente su intención de prohibir que las plataformas de redes sociales presten servicios a menores de 16 años y de obligarlas a implantar medidas de seguridad adicionales, como restricciones a las transmisiones en directo y a los contactos con desconocidos. Por su parte, el Canadá ha presentado una iniciativa legislativa para restringir el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales y exigir a las plataformas más medidas de seguridad, desde un diseño más seguro hasta una mayor rendición de cuentas.

En conjunto, estas medidas reflejan un consenso mundial cada vez mayor sobre la necesidad de dotar a los entornos digitales de una gobernanza eficaz, un diseño adecuado a cada edad y más salvaguardias para proteger la salud de los niños. La Organización Mundial de la Salud respalda esta iniciativa reforzando la investigación necesaria para comprender mejor los efectos de las tecnologías actuales y futuras, prestando asesoramiento técnico a los países y promoviendo entornos digitales seguros y equitativos desde el punto de vista de la salud.

Necesitamos soluciones, porque los entornos digitales no son neutrales. Su diseño, su gestión y sus modelos de negocio condicionan muchos aspectos de nuestra vida, entre ellos, y de manera muy especial, nuestra salud.

Por ejemplo, la exposición reiterada a contenidos estereotipados, sexualizados, violentos o discriminatorios influye en la forma en que los niños se entienden a sí mismos y comprenden el mundo que los rodea. Los algoritmos filtran cada vez más la información sobre salud con el objetivo de captar la atención, pero no necesariamente de garantizar su exactitud, lo que puede favorecer la difusión de afirmaciones engañosas. Al mismo tiempo, la recopilación y el uso de datos personales, en especial para elaborar perfiles y personalizar la publicidad, suscitan preocupación por la protección de la vida privada, la manipulación y el bienestar.

Las pruebas disponibles vinculan la sobreexposición digital con la ansiedad, la depresión, la falta de sueño, el aumento de la agresividad y, en situaciones extremas, las conductas suicidas, especialmente entre los adolescentes vulnerables. Asimismo, el marketing digital en las plataformas puede exponer a los usuarios a la promoción de productos nocivos, como el tabaco, las bebidas alcohólicas y las plataformas de juegos de azar.

Las redes sociales, los videojuegos y la IA pueden agravar la sensación de soledad y restar espacio a las relaciones presenciales. Además, su uso prolongado puede aumentar el sedentarismo y reducir las horas de sueño, dos factores de riesgo conocidos de enfermedades no transmisibles.

La explotación y el abuso sexuales en línea también están aumentando en el mundo, y se observa un fuerte incremento de los materiales que muestran abusos sexuales a menores, de las imágenes de abusos generadas mediante IA y de los contenidos sexuales o de acoso basados en material visual de personas que se ha falseado. Todo ello tiene consecuencias profundas y duraderas para la salud mental, la confianza y la seguridad.

Las prácticas comerciales agravan todos estos riesgos. Muchas plataformas están diseñadas para retener la atención del usuario, pero carecen de salvaguardias adecuadas frente a la exposición a contenidos nocivos y de funciones que protejan la salud física y psíquica de los niños.

Es fundamental reducir la exposición a contenidos ilegales, extremos o con imágenes crudas o perturbadoras. Sin embargo, velar por el bienestar de los niños no consiste solo en evitar que sufran daños. También hay que procurar que mantengan relaciones estables, tengan límites adecuados, hagan actividad física y dispongan de oportunidades para relacionarse en el mundo real. No obstante, cuando los medios digitales alteran su desarrollo saludable en lugar de favorecerlo, los riesgos aumentan.

La IA generativa es un recurso potente que puede amplificar tanto las posibilidades de mejorar el bienestar infantil como los riesgos de perturbarlo. Es cierto que, si se utilizan de manera responsable, las herramientas de IA diseñadas para fines específicos pueden ser útiles para la educación, la accesibilidad y la salud. Sin embargo, aún no conocemos sus efectos a largo plazo en las expectativas de los niños respecto de sus relaciones, su empatía y su autorregulación. Por eso, actuar con cautela no significa oponerse a la innovación, sino situar el interés superior de la infancia como máxima prioridad.

Parte de la solución consiste en encontrar un equilibrio en los entornos digitales. Sabemos que hacen falta más regulación, más transparencia, diseños adecuados a cada edad, una mayor rendición de cuentas y mejores prestaciones para garantizar la seguridad y la confianza. Al mismo tiempo, es necesario obtener pruebas al mismo ritmo al que avanzan las innovaciones tecnológicas, lo que exige realizar estudios independientes y de largo recorrido en contextos y regiones con distintos niveles de ingreso.

Por encima de todo, debemos escuchar a los jóvenes de hoy, ya que, como usuarios activos de la tecnología, pueden contribuir a que los entornos digitales evolucionen de manera responsable. El mundo digital y la vida fuera de él forman actualmente un único espacio en el que las herramientas tecnológicas pueden servir para favorecer un desarrollo saludable o, por el contrario, para impedirlo. Los jóvenes deben aportar sus propias experiencias para ayudar a determinar cuáles son los mecanismos de protección adecuados, y los padres, los cuidadores, las escuelas y las personas del entorno también deben formar parte del debate.

Para llevar a cabo este proceso se necesita una cooperación continua entre gobiernos, el sector empresarial, la sociedad civil y las instituciones de salud pública, basada en los objetivos comunes de aprovechar al máximo las ventajas de estas tecnologías y de reducir al mínimo los daños que puedan causar. Es fundamental actuar con más transparencia, intercambiar datos, adoptar diseños que promuevan la salud y lograr que las empresas respalden normas de seguridad eficaces, especialmente para los menores. La OMS puede aprovechar su capacidad para reunir a las distintas partes interesadas e influir en la elaboración de normas y criterios normalizados.

Los niños y los jóvenes no son mercancías, ni consumidores cautivos ni personas con las que se deba experimentar. Juntos podemos, y debemos, crear entornos digitales que protejan y favorezcan su desarrollo saludable. Las decisiones que tomemos hoy tendrán repercusiones durante generaciones.

Emmanuel Macron, Presidente de Francia. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud.

WHO - World Health Organization published this content on July 01, 2026, and is solely responsible for the information contained herein. Distributed via Public Technologies (PUBT), unedited and unaltered, on July 03, 2026 at 09:59 UTC. If you believe the information included in the content is inaccurate or outdated and requires editing or removal, please contact us at [email protected]