Prime Minister's Office of Spain

09/23/2026 | Press release | Distributed by Public on 09/24/2026 03:25

Intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el evento 'Latin America, The United States and Spain in the Global Economy Forum', organizado por la Cámara de[...]

Nueva York

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Buenos días.

Quería comenzar trasladando que, para mí, por supuesto, es un honor el poder participar un año más en este encuentro, ya habitual en la semana de Naciones Unidas.

Y, por tanto, quisiera agradecer a la Cámara de Comercio el hacerlo posible y también por reunir simbólicamente a dos países que compartimos tantos vínculos. Y especialmente en un año como este, en una efeméride, el 250 aniversario de la creación de Estados Unidos y su independencia. Vínculos no solamente por motivos económicos evidentemente, sino también culturales, históricos y, por supuesto, afectivos.

Quiero empezar pidiéndoles un sencillo ejercicio.

Imaginemos que, en el año 2022, la invasión de Ucrania por parte de Rusia no hubiera tenido lugar. Imaginemos un mundo sin la sucesión de conflictos que hemos vivido, por desgracia, en estos últimos años en Oriente Medio.

Imaginemos, sólo por un instante, dónde estaríamos hoy. Imaginemos que si se hubiera cumplido el vaticinio que algunos hacían cuando salimos de la pandemia y que pregonaban, por cierto, que estábamos en la antesala de esos nuevos "felices años 20", se hubiera hecho una realidad.

Este vaticinio podría efectivamente haberse convertido en realidad.

Pero, lamentablemente, no fue así. Y creo que la principal causa tiene un nombre y es la guerra.

Las guerras evidentemente son decisiones humanas, políticas. No son golpes, por tanto, de adversidad, como podrían serlo una catástrofe natural derivada de una emergencia climática que sufrimos, o también, lógicamente, una pandemia.

Y sus consecuencias, en una economía interdependiente, como la global, no se limitan al campo de batalla.

Cruzan estrechos, océanos, para terminar impactando en cualquier rincón del planeta. Yo creo que hoy todos, todos los ciudadanos de a pie, son muy conscientes de que la geopolítica afecta a su día a día.

Y ciertamente en el bolsillo de los ciudadanos, y particularmente entre los más vulnerables.

La semana pasada, por ejemplo, simplemente por darles este dato, los ciudadanos españoles pagaron 1,83 euros de media por cada litro de diésel. 1,83 la semana pasada. Son 41 céntimos más que hace solo siete meses, antes del inicio de la guerra en Irán. En Alemania, son 70 céntimos más. En Francia, 64 céntimos más y en Italia, 49 céntimos más.

En todos esos países, el precio supera los dos euros por litro. Incluso aquí, en los Estados Unidos, un país rico en reservas, estamos hablando de que el precio del galón lleva dos semanas rompiendo todos los récords históricos.

Para unos pocos, la guerra, evidentemente, es un negocio y es un juego geopolítico. Pero para quienes sufren sus consecuencias, no solamente las humanitarias, que ya con esas sería suficiente, sino también las económicas, es un auténtico drama vital.

Esa yo creo que es la diferencia entre sacar el margen suficiente para mantener un negocio a flote o bajar la persiana. O entre encarar sin estrecheces el inicio del curso escolar, en el que están inmersas todas las familias de nuestro país, o llegar a fin de mes o no llegar a fin de mes. Y yo creo que es este el verdadero problema, el verdadero rostro de la inflación y contra lo que nos estamos enfrentando de nuevo después del shock energético derivado de la guerra de Putin en Ucrania.

Evidentemente somos muy conscientes de que la subida de los precios es una de las primeras preocupaciones de nuestros ciudadanos. En España, en Europa y en Estados Unidos también.

He tenido ocasión durante estos días de poder hablar con representantes políticos de distintos partidos, y efectivamente, el coste de la vida es uno de los principales debates también aquí en Estados Unidos.

La inflación de alguna manera es hartazgo. Es incertidumbre vital. Es, si me apuran, una frustración comprobar que la nómina, sencillamente, no alcanza. Erosiona los salarios. Erosiona la confianza. Y, en último término, tiene el poder de allanar el camino a discursos reaccionarios que evidentemente lo que hacen es poner en solfa la confianza en nuestras instituciones. Y creo que, además, la historia ofrece muy buenos ejemplos de lo que estoy ahora diciendo.

Por eso creo que es fundamental tener la capacidad, y también la voluntad, de responder con solvencia a cada crisis. Y. en los últimos años, desgraciadamente, hemos tenido que hacer frente a muchas de ellas, empezando lógicamente por la pandemia de la COVID-19.

Y creo, honestamente, que en todas y cada una de ellas, desde nuestra humilde posición como Gobierno de España, hemos seguido la misma hoja de ruta con dos pilares. El primero, proteger a nuestras empresas, a los trabajadores también, lógicamente, a los hogares y a las industrias de nuestro país con medidas de choque. Y, en segundo lugar, alinear esas medidas con una estrategia a largo plazo, haciendo por tanto de la adversidad un estímulo, si me permiten el ejemplo, para seguir transformando nuestra economía, como bien decía antes el embajador en su introducción, desde el punto de vista de la transición verde y la transformación digital.

Y los datos están ahí.

La economía española encara este último trimestre del año, convulso, complejo desde el punto de vista internacional, y por tanto, con fuerte impacto tanto en nuestra economía como en la economía europea, con un crecimiento de 2,7% interanual que mantiene diferencial con el resto de Europa. Acabamos de conocer las previsiones que arroja Standard & Poor's sobre la economía española, aumentándola en 2,4% al finalizar el año, es decir, el triple de la media de la zona euro.

También impulsados por la creación de empleo, que muestra una resiliencia impresionante, alcanzando ya los 22,8 millones de personas trabajando y con una tasa de desempleo por debajo del 10%.

Además, gracias a la reforma laboral acordada con los agentes sociales, hemos situado la temporalidad en mínimos históricos, alineada con la media europea y unas exportaciones que representan nada más y nada menos que 36% de nuestro Producto Interior Bruto. Y, por tanto, recuperan de alguna manera ese dinamismo en un contexto, como decía antes, internacional extremadamente complejo.

Y todo esto, como digo, pese a la sucesión de crisis que hemos tenido que afrontar y donde ningún país europeo ha logrado que la renta disponible real, es decir, descontada la inflación de los hogares, crezca como lo ha hecho en nuestro país.

Por tanto, no solamente estamos creciendo. Lo estamos, yo creo, haciendo de una manera positiva, equilibrada, sana, y, por tanto, redistribuyendo ese crecimiento. Algo que, por cierto, no se daba en otros ciclos expansivos anteriores y que ahora sí se está dando.

Y, además, lo estamos haciendo apostando por la resiliencia y creando un mayor margen de maniobra para afrontar cualquier adversidad que desgraciadamente, en este contexto tan incierto es necesario tener.

Creo que podríamos hablar de múltiples ejemplos, pero volviendo de nuevo a la energía, creo que la energía es el ejemplo más claro de lo que estoy exponiendo.

Hoy estamos rozando el 60% de generación eléctrica a través de nuestras fuentes renovables y eso nos hace evidentemente ser mucho más autónomos, por tanto , más resilientes ante shocks energéticos que nos vienen de fuera;

Y, en segundo lugar, ser también más competitivos de lo que éramos en 2018 y también en términos relativos, con nuestros principales competidores en Europa.

Con datos de la segunda mitad del año pasado, el precio final de la electricidad para nuestras empresas fue un 23% inferior a la media europea, un 31% menor que en Alemania, y un 40% menor que en Italia.

Y aquí hay muchos empresarios de éxito. Nadie mejor que ustedes para saber lo que significa a la hora de elegir, por ejemplo, dónde ubicar una planta industrial, cuál es el precio competitivo o no que pueda tener nuestra energía y, por tanto, también nuestra electricidad.

Y por eso creo que es tan importante lo que estamos logrando: convertir una debilidad histórica de la economía española, como siempre ha sido el coste de la energía para las pequeñas empresas, para las medianas empresas, y, por supuesto, también para las grandes, en una auténtica fortaleza estratégica en términos relativos respecto al conjunto de la Unión Europea para atraer riqueza, atraer inversión y, por tanto, también oportunidades, por cierto, a territorios donde generalmente la reindustrialización pasada no tuvo lugar en esos territorios.

Estoy pensando, por ejemplo, en la España interior, en Extremadura, en Castilla y León, en Castilla-La Mancha. En Andalucía, donde recientemente tuve ocasión junto con la vicepresidenta Segunda de Transformación Energética y Transición Ecológica, de presentar ese Valle del Hidrógeno Verde tan importante, uno de los mayores proyectos industriales, no en España, sino también en Europa.

Y esa es la razón por la que solo en un año, el año pasado, fuimos el tercer país del mundo, repito, el tercer país del mundo, en proyectos greenfield anunciados en renovables, con un volumen superior a los 4.500 millones de euros.

Y creo que, además, esa misma ventaja de energía limpia, abundante, competitiva, es la puerta de entrada a la siguiente gran oportunidad que tenemos por delante, que es evidentemente el impulso a la inteligencia artificial y, por lo tanto, la transformación digital.

Tenemos la conectividad, tenemos el talento, tenemos las energías renovables competitivas. Creo que contamos honestamente con un ecosistema, el segundo ecosistema emprendedor que más ha crecido en la Unión Europea en los últimos cinco años en el ámbito de la inteligencia artificial.

Y, además, tenemos el compromiso del sector público, de los poderes públicos con inversiones tan relevantes como, por ejemplo, la construcción de una de las grandes gigafactorías europeas en nuestro país, en España.

Por tanto, alfombra roja, lógicamente, a quien quiera invertir, por ejemplo, en los centros de datos. Pero a quien quiera invertir y hacerlo bien. Brazos abiertos a la inversión en centros de datos, lógicamente, que creen empleo de calidad, que creen también soberanía tecnológica, empleo, conocimiento, proveedores locales y que también, por encima de todo, no comprometan el suministro de electricidad, recursos como el agua, que en nuestro país, por desgracia, son cada vez más escasos y, por tanto, permita ese sostenimiento de los centros de datos desde un punto de vista de la sostenibilidad medioambiental que siempre ha defendido el Gobierno de España. Yo creo que esa es la diferencia entre poner una alfombra roja o sacar una tarjeta roja.

La clave es anticiparnos para regular con criterio y con visión estratégica, como creo que estamos haciendo desde el Gobierno de España.

Para mí, si algo demuestra el intenso debate que ahora mismo estamos teniendo estos días sobre la inteligencia artificial, es que no basta con un único actor para poner orden en el caos reinante.

Este pasado lunes presenté en el Palacio de la Moncloa el Plan de Inteligencia Artificial para un desarrollo responsable de la misma. Y entre los panelistas había un experto que hablaba de que ahora mismo en la inteligencia artificial no se está produciendo una carrera, lo que se está produciendo es una estampida. Y esto es preocupante por las implicaciones que tiene esa tecnología.

Por tanto, evidentemente, el sector público, los poderes públicos, las democracias tienen que abrir el gran debate a nivel nacional, a nivel regional, como hicimos durante la Presidencia española de la Unión Europea con la primera regulación, la primera Directiva sobre inteligencia artificial. Y a nivel multilateral, lógicamente, tenemos que hacer lo mismo.

Pero es evidente que en un mundo convertido demasiadas veces en un tablero de Risk las economías abiertas necesitan reglas fiables, socios previsibles y una cooperación a largo plazo.

Por lo tanto, más diálogo, más colaboración y, evidentemente, más multilateralismo.

Yo creo que no podemos olvidar nunca la experiencia de la pandemia para saber que tenemos desafíos globales a los cuales solamente podremos responder con una mirada común y compartida.

Y yo creo que esa es la lógica de nuestra relación con Estados Unidos y también la que tenemos con los países hermanos de América Latina y del Caribe. Y a la que por supuesto vamos a recibir a esa comunidad iberoamericana con los brazos abiertos en la Cumbre Iberoamericana que vamos a celebrar en Madrid el próximo mes de noviembre.

Evidentemente, la economía española no se entiende sin Estados Unidos, el mayor inversor en nuestro país, el principal destino de nuestras exportaciones fuera de la Unión Europea.

Como tampoco se entiende sin la América Latina y el Caribe, que tiene en España su puerta de entrada. En muchas ocasiones grandes empresas latinoamericanas encuentran en España esa puerta de entrada también a ese gran mercado que es el europeo. Y viceversa, como la puerta de entrada también para empresas españolas y también para muchas empresas europeas es, lógicamente, la comunidad iberoamericana.

Nuestra vocación es europea, es iberoamericana, es trasatlántica. No elegimos entre esos espacios. Creo que lo inteligente y, sobre todo en este mundo cada vez más fragmentado, lo que tenemos que hacer es actuar en sentido contrario. Lo que tenemos que hacer es conectarnos.

Y por eso quiero que no les quepa duda de que el vínculo que une a España y Estados Unidos es sólido. Es más sólido que el acero que sostiene el puente de Brooklyn. Y esto está por encima de cualquier coyuntura y también de cualquier diferencia que se pueda tener desde el punto de vista de cuál es la acción de un gobierno u otro. Porque es mucho más lo que evidentemente nos une que lo que nos separa.

No solo somos socios comerciales. Yo creo que somos socios esenciales.

Y no solo somos aliados estratégicos. Creo que somos compañeros de travesía.

No solo somos amigos. Creo que somos familia.

Y ese es el mensaje que, desde luego, me gustaría trasladarles a todos ustedes en la mañana de hoy.

Nada más y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en español)

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