01/14/2026 | Press release | Distributed by Public on 01/14/2026 10:27
En las rutas que atraviesan Bolivia, miles de personas desplazadas enfrentan riesgos extremos: altitudes que desafían el cuerpo, temperaturas que congelan, ausencia de servicios básicos y peligros como robos, violencia basada en género y discriminación. Para quienes viajan con niñas y niños, la incertidumbre se multiplica.
En este contexto, el trabajo conjunto entre ACNUR y sus agencias socias, gracias al apoyo de la Unión Europea se ha convertido en un apoyo vital.
Pisiga es un poblado que forma parte de la ruta andina y está ubicado en el departamento de Oruro, en Bolivia, en la frontera con Chile.
Mariana*, una joven venezolana de 22 años, emprendió su viaje junto a Yaniel*, su hijo de tres años. Tras atravesar varios países y enfrentar múltiples desafíos, llegaron al Punto de Atención para Personas Refugiadas y Migrantes (PAO) en Desaguadero, ubicado en la frontera entre Perú y Bolivia.
"De verdad que yo no tenía nada y a mí me sirvió mucho", recuerda sobre el momento de su llegada. Ahí recibió un kit de higiene, ropa de abrigo y apoyo psicológico. "El niño no tenía ropa y yo tampoco. Todo lo que teníamos era lo que llevábamos puesto", relata.
Para Mariana, la asistencia brindada fue más allá de lo material: "Yo me sentí sola, y ahí me ayudaron bastante. A pesar de que uno sufre muchos maltratos en la vida, ellos lo tratan bien a uno".
Después se trasladó a La Paz, capital de Bolivia, y encontró un lugar seguro en Casa Luz Verde, un espacio coordinado por la Fundación Munasim Kullakita y un albergue en Ciudadela coordinado por la Fundación Scalabrini. En este albergue Mariana pudo descansar unos días junto a su hijo y recuperar fuerzas.
"Por lo menos aquí en el refugio uno descansa, uno duerme, uno come. Más que todo por los niños, ellos descansan del frío", destaca Mariana. Hoy, ella sueña con conseguir un trabajo: "De verdad me gustaría tener una estabilidad. Que el niño esté estudiando y yo pueda mantenerlo bien. Lo que me motiva a seguir es mi hijo".
Nelson, venezolano de 53 años, llegó a Bolivia con su hija de 11 años tras un largo recorrido que comenzó en 2017.
"Llegamos a pie al PAO de Desaguadero", relata. Ahí recibieron asistencia médica, hospedaje y ropa de abrigo. "La chamarra para mi hija fue lo mejor. Ella venía con ropa muy delgada y Bolivia es una zona fría". Una de las experiencias más significativas para Nelson en su recorrido fue la atención psicológica que recibió su hija en Casa Luz Verde.
"Me he sentido, por lo menos, tranquilo porque mi hija venía estresadísima. La psicóloga habló con ella y, cuando salió, salió tranquila. No salió con ese estrés que tenía: venía con dolor de cabeza, con náuseas por el viaje y por la altura". Para él, ver a su hija sonreír otra vez es la mayor recompensa: "Lo que me motiva a seguir adelante es mi hija".
Como muchas familias en tránsito, Nelson y su hija enfrentaron no solo el cansancio físico, sino también el impacto emocional de un viaje largo y lleno de incertidumbre. El acompañamiento psicosocial se convierte en una herramienta clave para recuperar la calma y la confianza.
El financiamiento de la Unión Europea permite a ACNUR y sus socios brindar apoyo para alojamiento que es vital para que las familias refugiadas y desplazadas puedan reconstruir su vida.
Desde 2023, la Unión Europea apoya el trabajo de ACNUR en Bolivia para brindar protección y asistencia humanitaria vital a quienes transitan por el país en busca de seguridad y oportunidades.
El proyecto refuerza la presencia de ACNUR y sus agencias socias en zonas estratégicas como Desaguadero, El Alto, La Paz, Santa Cruz, Oruro y Pisiga, donde se ofrece información, orientación y derivación a servicios especializados.
A través de esta asistencia financiera otorgada por la Unión Europea, también se garantiza alojamiento temporal, distribución de ropa y artículos básicos, y protección especializada para mujeres, niñas, niños y personas en situación de vulnerabilidad. Incluye además acompañamiento psicosocial y orientación legal, elementos esenciales para quienes han tenido que huir de su hogar. Gracias a esta respuesta integral, más de 10.000 personas han recibido apoyo en la primera mitad del 2025.
Cada kit entregado, cada espacio seguro, cada palabra de aliento son parte de una ayuda humanitaria vital, que devuelve esperanza a quienes más lo necesitan.
A través del financiamiento de la Unión Europea y el trabajo conjunto con ACNUR y sus socios, miles de personas pueden enfrentar el frío, la incertidumbre y el cansancio con dignidad y esperanza. Las historias de Mariana y Nelson hablan de fuerza y amor, de familias que no se rinden y que encuentran en la solidaridad una oportunidad para recomenzar.
* Nombres modificados por razones de protección.