The Royal Household of HM the King

02/26/2026 | Press release | Distributed by Public on 02/26/2026 04:46

Palabras de S.M. el Rey en el acto de entrega de los Despachos de Secretario de Embajada a la LXXVII promoción de la Carrera Diplomática

Queridos nuevos secretarios de embajada: enhorabuena. Hoy culmináis un largo recorrido, jalonado por el esfuerzo, la disciplina, la constancia. Este ansiado día finalmente −y felizmente− ha llegado. Y el primer reconocimiento -además del nuestro− debe ser el que os hagáis a vosotros mismos, por perseverar en perseguir vuestro deseo, ambición y vocación profesional, que por encima de todo es afán de servir a los demás, a vuestro país, sus instituciones y su sociedad (al Estado y a la Nación). Pero no lo habéis logrado solos, es −y ha sido− muy importante contar con el apoyo de los vuestros, en cuyas caras también puedo ver la satisfacción por el objetivo cumplido.

A los padres, hermanos, amigos -así como a los preparadores− quiero daros las gracias y felicitaros. Gracias a vuestro apoyo y vuestro compromiso contamos hoy con una nueva promoción de profesionales que se incorpora a la Carrera diplomática española. Un valioso activo que reforzará nuestra acción exterior como Estado y la materialización de la política exterior dirigida por el Gobierno.

Queridos nuevos diplomáticos,

Decía Dag Hammarskjöld, Premio Nobel de la Paz, Secretario General de las Naciones Unidas y uno de los diplomáticos más brillantes del siglo XX: "aún hoy, la diplomacia sigue teniendo la última palabra". Lo dijo hace casi setenta años, pero estoy firmemente convencido de que la frase no ha perdido un ápice de su valor.

El mes pasado, en la Conf. de Embajadores y Embajadoras de España, los que pronto serán vuestros jefes, vuestros compañeros y un día seréis vosotros mismos, expresé mi convicción de que este es el tiempo de los diplomáticos. Nunca habéis hecho más falta que ahora. Lo creo de verdad, no es un cumplido, digamos… diplomático….

Reiterarlo aquí, en esta Escuela Diplomática y ante quienes estáis al comienzo de un camino nada fácil pero enormemente gratificante, me lleva a la reflexión y esperanza de que lo humano -el trato civilizado, educado, con conocimiento y en base a la razón− prevalezca sobre el análisis y cálculo más materialista o el puramente emocional, y confío en que siempre sea así. Sois el contrapunto al tiempo en que vivimos: representáis un modo de actuar, de conduciros, que antepone los argumentos, el diálogo y la persuasión a la imposición y la fuerza.

Vuestra visión y vuestra actitud coinciden -necesariamente y por convicción− con los principios y valores de nuestro ordenamiento constitucional, al que nos debemos todos los que dedicamos nuestra vida a servir a España. Y también con ese 'cauce' de la convivencia y de nuestro desarrollo que es un orden internacional basado en normas comúnmente aceptadas y aplicadas.

Defender las normas y el diálogo no es negar que las relaciones entre estados soberanos sean -esencialmente- relaciones de poder, sino apostar por encauzarlas y por ordenarlas hacia el bien común: la paz, la estabilidad y el progreso social y económico.

Qué importante es, para sostener esa dimensión normativa, que los hechos y las acciones nunca entren en contradicción con las palabras. Creer en la universalidad de los Derechos Humanos, y actuar en consecuencia. Estar atentos, en particular, a los sectores más vulnerables de la población y ser implacables con el abuso y con la injusticia.

"...que la palabra que defiende el buen nombre y los intereses de España, la que impulsa la razón y el entendimiento, la que vela por la dignidad de las personas y la búsqueda de la justicia; que esa palabra última que sigue correspondiendo a la diplomacia sea, a partir de hoy y siempre, vuestra palabra..."

En este año en que se cumple 60 aniversario de los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales quiero hacer énfasis en una idea central: que el respeto a la dignidad de la persona sea siempre vuestra guía.

Los diplomáticos debéis ser, también, mujeres y hombres de acción, de iniciativa, como lo han sido -para orgullo de todos- muchos de vuestros precursores en la Carrera.

El pasado 21 de enero estuve en el Parlamento Europeo, conmemorando el 40 aniversario de nuestra adhesión a las Comunidades, y mis interlocutores me recordaban aquella generación de diplomáticos españoles que sorprendió a todos cuando desembarcó en Bruselas a mediados de los 80.

Nos incorporamos tarde al proyecto europeo, pero en poco tiempo asombramos a nuestros socios liderando iniciativas en ámbitos como la cohesión territorial, la ciudadanía, la seguridad y la justicia. No tardamos en ganarnos el apelativo de "los prusianos del Sur".

Ahora, en este momento existencial para Europa, os corresponde dar continuidad a ese esfuerzo, y hacerlo con la misma ambición de servir y construir. Sabéis bien -por vuestros años de estudio- que la Unión Europea, con todos sus defectos, no es la norma, sino la excepción en el mundo: fruto de la generosidad, la memoria y la visión de futuro de tantos europeos con una clara conciencia de serlo, de pertenecer a una vieja civilización que hunde sus raíces en la filosofía, el derecho, el humanismo cristiano, el Renacimiento y la Ilustración.

Sois, como diplomáticos españoles, convencidos valedores de Iberoamérica. Más de cien viajes por la región, oficiales y de trabajo, me facultan un poco -creo- para aconsejaros que nunca perdáis de vista esa dimensión -esencial para nuestra política exterior y estimo que de gran valor para Europa- y que os esforcéis por comprender sus claves: la enorme riqueza cultural y de valores que compartimos y lo mucho que nos jugamos en nuestra relación con nuestros países hermanos.

Quiero recordarlo a pocos meses de la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid, en la que -probablemente- muchos de vosotros estaréis implicados: trabajemos en objetivos tangibles para devolver el vigor al sistema de cumbres. Contáis para ello, con un poderoso instrumento en la lengua, la española y la portuguesa -que es tan próxima e importante también para la proyección de este gran espacio. La nuestra, ya de más de 630 millones de hablantes (y en constante y rápido crecimiento), tiene que ser también, cada vez más, una lengua para la innovación, los avances científicos y los foros internacionales de todo tipo.

Y hablando de Iberoamérica, y de la lengua española, permitidme que concluya citando a Jorge Luis Borges, en el año en que se cumple el 40 aniversario de su fallecimiento. Conocemos su poesía, su ensayo y su prosa -en particular sus magistrales relatos- pero pocos saben que en su lápida en el cementerio ginebrino de Plainpalais, hay un críptico epitafio que bien valdría como consejo para afrontar nuestro tiempo: "…y que no temieran". Se trata de una frase que pertenece a un viejo poema medieval que Borges recitaba a menudo en el último tramo de su vida.

En nuestros días el miedo parece haberse instalado como una especie de enemigo difuso de la creencia en principios y valores. Miedo a los desafíos globales irresueltos, a los usos espurios de la inteligencia artificial, a las informaciones falsas, a los conflictos abiertos, a la carrera armamentística, a la guerra. El miedo a menudo aboca a la parálisis, y la parálisis es algo que -ya os lo adelanto- no os vais a poder permitir.

Así que haced caso a Borges: no temáis, actuad, actuad con prudencia, juicio y criterio, pero actuad. Que los tiempos que os aguardan, tan exigentes, sean una constante llamada a la acción. Tenéis nuestra confianza, y tenéis el apoyo del conjunto de la sociedad española. Para esto os habéis preparado.

Que la palabra que defiende el buen nombre y los intereses de España, la que impulsa la razón y el entendimiento, la que vela por la dignidad de las personas y la búsqueda de la justicia; que esa palabra última que sigue correspondiendo a la diplomacia sea, a partir de hoy y siempre, vuestra palabra.

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