09/24/2026 | Press release | Distributed by Public on 09/24/2026 10:38
Alrededor del 62% del personal de salud a nivel mundial ha experimentado algún tipo de violencia. Durante un seminario regional, la OPS presentó una hoja informativa con recomendaciones para prevenir y responder a este problema.
Washington, D.C., 24 de septiembre de 2026 (OPS)- La violencia contra el personal de salud continúa afectando el bienestar de quienes trabajan en los servicios sanitarios y el funcionamiento de los sistemas de salud en las Américas, con consecuencias para los trabajadores, así como para la calidad y continuidad de la atención que reciben los pacientes, advirtió la Organización Panamericana de la Salud (OPS) durante un seminario regional sobre el tema.
El encuentro reunió a alrededor de 400 participantes de 34 países, entre autoridades sanitarias, especialistas y representantes de asociaciones profesionales, quienes coincidieron en que el problema sigue estando subregistrado y, en muchos casos, normalizado en los lugares de trabajo.
Como parte de sus acciones para visibilizar esta situación y promover respuestas integrales, la OPS presentó la nueva hoja informativa Cómo prevenir la violencia contra el personal de salud en la Región de las Américas, dirigida a responsables de políticas públicas, gestores de salud, profesionales sanitarios y otros actores clave.
Según una revisión sistemática internacional recogida en la publicación, alrededor del 62% del personal de salud a nivel mundial ha experimentado algún tipo de violencia laboral. Las agresiones verbales, notificadas por el 58%, constituyen la forma más común de violencia no física, seguidas por las amenazas, con un 33%, y el acoso sexual, con un 12%.
Un estudio realizado en 22 países, incluidos 20 de América Latina, encontró que el 66,7% del personal encuestado había sufrido alguna agresión durante el año anterior; entre estas agresiones, la violencia física estuvo presente en aproximadamente uno de cada diez casos.
"La violencia contra el personal de salud no debe considerarse una parte inevitable del trabajo. Es un problema de salud pública, de derechos humanos y de funcionamiento de los sistemas de salud", señaló Silvana Luciani, jefa de la Unidad de Enfermedades No Transmisibles y Prevención de la Violencia y los Traumatismos de la OPS.
Los participantes destacaron que la violencia adopta múltiples formas, desde insultos, amenazas y agresiones físicas por parte de pacientes o familiares, hasta acoso laboral, discriminación, violencia sexual y amenazas vinculadas con contextos de inseguridad y crimen organizado.
La violencia tiene consecuencias directas sobre el bienestar físico y mental del personal sanitario. También puede contribuir al agotamiento profesional, el ausentismo, la rotación laboral y dificultar la retención de trabajadores capacitados.
Entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran la sobrecarga de trabajo, los largos tiempos de espera, la escasez de personal y recursos, las dificultades de comunicación con pacientes y familiares y las condiciones de trabajo. El estudio regional también señaló las demoras en la atención y la falta de recursos para resolver problemas médicos entre los desencadenantes más frecuentes de las agresiones.
Otros factores, como la inseguridad en las comunidades, la violencia armada, el crimen organizado y determinados contextos de emergencia o conflicto, pueden agravar el problema. También existe violencia entre trabajadores, incluido el acoso laboral, el bullying, la discriminación y la violencia sexual, que puede verse favorecida por estructuras jerárquicas rígidas y culturas institucionales que normalizan estas prácticas.
El personal de enfermería y otros profesionales que trabajan en primera línea se encuentran entre los grupos más expuestos, debido a su contacto directo y continuo con pacientes y comunidades.
En el Caribe, por ejemplo, expertos señalaron que la violencia verbal constituye la forma más frecuente de agresión contra el personal de enfermería. También advirtieron sobre el impacto del acoso sexual y la necesidad de contar con mecanismos seguros y confidenciales de denuncia.
"Cuando una enfermera se ve afectada, el sistema de salud se ve afectado", señaló Javon Gray, presidente del Capítulo Omega Kappa de la Sociedad Internacional de Honor de Enfermería Sigma Theta Tau, en representación de la Escuela de Enfermería de Mona de la Universidad de las Indias Occidentales (UWI). "La violencia contra las enfermeras y los trabajadores de salud no debe normalizarse", subrayó.
Las mujeres, que representan cerca del 70% de la fuerza laboral en salud, están particularmente expuestas a determinadas formas de violencia, entre ellas el acoso sexual. La OPS destaca la importancia de incorporar una perspectiva de género en las estrategias de prevención y respuesta.
"La violencia se puede prevenir, y prevenirla requiere respuestas integrales y sostenidas", afirmó Britta Monika Baer, asesora regional en Prevención y Respuesta a la Violencia de la OPS durante el seminario.
A pesar de la magnitud del problema, una proporción importante de los incidentes no se notifica, lo que dificulta conocer su verdadero alcance y diseñar respuestas adecuadas. Entre las principales barreras identificadas se encuentran el temor a represalias, la desconfianza en los mecanismos institucionales y la percepción de que la violencia forma parte del trabajo cotidiano.
Por ello, los participantes subrayaron la necesidad de fortalecer los sistemas de registro y notificación, establecer mecanismos seguros, confidenciales y accesibles para denunciar incidentes y desarrollar protocolos claros de prevención, respuesta e investigación.
"Lo que no se reporta permanece invisible", explicó Leidy Villanueva, de la Oficina de Gestión Territorial, Emergencias y Desastres del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia. "La protección comienza antes del incidente", agregó.
La experiencia colombiana mostró la importancia de anticiparse a los hechos mediante la capacitación, el análisis de riesgos, la coordinación territorial y la adopción de mecanismos específicos para proteger al personal, los establecimientos y los servicios de salud.
Los participantes también destacaron que la prevención requiere mejorar las condiciones y la organización del trabajo, capacitar al personal en prevención de la violencia, manejo de situaciones de crisis y técnicas de desescalamiento, ofrecer apoyo médico y psicosocial a las personas afectadas y dar seguimiento a los incidentes.
La prevención de la violencia requiere la participación coordinada de gobiernos, instituciones de salud, asociaciones profesionales, organizaciones de trabajadores, instituciones académicas, comunidades y otros sectores.
La responsabilidad principal de prevenir y responder a la violencia recae en los Estados, los empleadores y las instituciones de salud, mientras que las acciones individuales del personal son complementarias y no sustituyen la obligación de garantizar entornos de trabajo seguros.
La nueva hoja informativa de la OPS reúne evidencia sobre las distintas manifestaciones del problema, sus consecuencias y los factores que aumentan el riesgo. También presenta medidas que pueden adoptar las autoridades y las instituciones sanitarias, entre ellas establecer marcos normativos y protocolos de prevención y respuesta; crear sistemas de denuncia seguros, confidenciales y accesibles; mejorar la seguridad de los establecimientos; capacitar al personal; ofrecer atención médica y apoyo psicosocial; y recopilar datos sobre los incidentes y las acciones adoptadas.
A nivel de políticas públicas, la OPS destaca además la importancia de la coordinación entre los sectores de salud, seguridad, justicia, educación y trabajo, así como de asignar recursos suficientes, monitorear las tendencias de la violencia y trabajar con las comunidades para reducir los riesgos, especialmente en contextos de crisis y desinformación.
"La violencia hacia quienes trabajan en el sector salud no es un problema aislado. Es un obstáculo directo para el bienestar del personal sanitario y para la capacidad de los sistemas de salud de cumplir su misión", señaló Yoana Díaz, asesora regional de Formación Profesional en Recursos Humanos para la Salud de la OPS. "Cuidar a quienes nos cuidan no es solamente una consigna, es un compromiso de acción."
La nueva hoja informativa también destaca que solo 26 de los 195 Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuentan con políticas o programas nacionales de salud y seguridad ocupacional dirigidos al personal de salud, lo que pone de relieve la necesidad de seguir fortaleciendo las políticas y medidas de protección.
El mensaje final del encuentro fue claro: la violencia contra el personal de salud no es inevitable y puede prevenirse. Proteger a quienes brindan atención sanitaria es fundamental para el bienestar del personal, la calidad de los servicios y la capacidad de los sistemas de salud para responder a las necesidades de la población.