02/27/2026 | Press release | Distributed by Public on 02/27/2026 03:34
Expresamos nuestra máxima preocupación ante la grave ola de incendios forestales que, en pleno mes de febrero, está afectando simultáneamente a Cantabria y Asturias, con decenas de focos activos y más de 60 incendios registrados en menos de 24 horas, según datos de las autoridades autonómicas.
Estos episodios no son hechos aislados, sino la confirmación de que el noroeste ibérico sigue siendo un territorio especialmente vulnerable al fuego por causas estructurales no resueltas, tal como recogíamos en nuestro informe "El polvorín del noroeste" de 2018.
Aunque muchos de los incendios no alcanzan grandes dimensiones de forma individual, su simultaneidad tensiona los dispositivos de extinción, pone en riesgo masas forestales, pastos, fauna e infraestructuras y afecta a la salud de la población por el humo. La acumulación de fuegos en pleno invierno, favorecida por temperaturas anómalamente altas, viento sur y baja humedad, confirma además que el calendario tradicional de incendios ha cambiado y que el riesgo se extiende más allá de los meses estivales.
El noroeste peninsular constituye desde hace décadas uno de los principales focos de siniestralidad del país. Desde WWF recordamos que la inmensa mayoría de los incendios en España tiene origen humano y que en esta región persiste un patrón recurrente ligado al uso del fuego para la gestión de pastos, conflictos en el medio rural, abandono del territorio y prácticas ilegales.
Centrar la respuesta exclusivamente en la extinción es un error estratégico. España cuenta con uno de los dispositivos de extinción más avanzados de Europa, pero la experiencia demuestra que la eficacia en el ataque inicial no es suficiente cuando confluyen múltiples focos y condiciones meteorológicas adversas. Sin cambios estructurales en el territorio, cada episodio de viento y calor puede derivar en nuevas oleadas de incendios.
El problema de fondo es un modelo territorial caracterizado por el abandono rural, la acumulación de combustible vegetal, la expansión de masas forestales homogéneas y la pérdida del mosaico agroforestal tradicional que históricamente actuaba como cortafuego natural. La desaparición progresiva del pastoreo extensivo y de la actividad agraria ha favorecido paisajes continuos y altamente inflamables.
Asimismo, desde WWF pedimos a los gobiernos de Cantabria y Asturias, así como al Gobierno de España, que prioricen la inversión en prevención frente a la extinción y mejoren la coordinación interadministrativa para actuar de forma estratégica en las áreas más vulnerables.
Pedimos también a los gobiernos de Asturias y Cantabria, a las Delegaciones del Gobierno y al SEPRONA de la Guardia Civil que movilicen todos los recursos necesarios para investigar estos incendios y localizar a las personas responsables para que puedan responder ante la justicia. Los problemas estructurales no pueden justificar la comisión de estos delitos que pone en peligro la seguridad de las personas y de infraestructuras y que suponen un grave daño para la biodiversidad.
La lucha contra los incendios no se gana únicamente con más medios de extinción, sino reduciendo drásticamente la siniestralidad y construyendo territorios más resilientes. Sin un giro decidido hacia la prevención estructural y la revitalización del medio rural, el noroeste seguirá enfrentándose, año tras año, a nuevas crisis de incendios.
Enlaces relacionados
Lee nuestro último informe sobre Incendios ForestalesCOMPÁRTELO
Ayúdanos a difundir este mensajeARTÍCULOS RELACIONADOS