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CISAC - International Confederation of Societies of Authors and Composers

06/04/2026 | News release | Archived content

Discurso de apertura de Vicco, cantautora española y miembro de la SGAE, en la Asamblea General de la CISAC de 2026

A continuación se incluye el texto completo del discurso pronunciado por Vicco, cantautora española y miembro de la SGAE, durante la Asamblea General del Centenario de la CISAC celebrada en París en 2026.
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Buenos días.

Muchas gracias a CISAC por invitarme a participar en esta celebración tan especial.
Es un auténtico honor estar aquí representando a tantas autoras y autores que formamos parte de esta organización, que lleva cien años defendiendo algo esencial para los creadores: poder vivir de nuestro trabajo.
Pero, no os lo voy a ocultar, tengo que reconocer que también estoy algo nerviosa.

En primer lugar, porque me ha tocado hablar justo después de alguien que admiro y que para mí ha sido una auténtica referencia en el mundo de la creación musical: Björn, gracias por tus palabras. Como todos los que estamos aquí, yo crecí escuchando tus canciones y todas ellas han formaso parte de la banda sonora de mi vida. Enhorabuena por tu excelente discurso, presidente.

Decía antes que me produce un absoluto respeto estar aquí, porque cuando subo a un escenario es para actuar, para interpretar mi música, para dar a conocer mi trabajo e intentar hacer feliz a mi público. Muchas veces me preguntan cuándo decidí dedicarme a la música. La verdad es que no recuerdo haber tomado esa decisión.

La música llegó a mí mucho antes de que entendiera que podía dedicarme a ella.

Desde muy pequeña, alrededor de los cinco años, los viajes familiares en coche se convirtieron en mi primera escuela musical. Mis padres llenaban aquellas horas de carretera con canciones de The Beatles, Supertramp, The Rolling Stones, The Who, Mecano, ABBA, Mariah Carey, Whitney Houston, Alicia Keys y muchos otros artistas que, años después, seguirían formando parte de mis referencias creativas. Sin darme cuenta, fui desarrollando un oído musical muy amplio, donde convivían el pop, el rock, las grandes voces y las canciones capaces de trascender generaciones.

A los nueve años pedí un piano por Navidad. Fue el regalo que cambió mi vida.
Desde entonces, el piano se convirtió en mi mejor aliado musical, la herramienta con la que aprendí a interpretar, a entender la armonía y, sobre todo, a componer. Muchas de las ideas que he tenido a lo largo de mi carrera nacieron sentada frente a unas teclas.

El piano fue el lugar donde empecé a descubrir quién era como artista.

Con el paso de los años seguí formándome, escribiendo canciones y explorando diferentes maneras de expresarme. La música nunca fue una afición pasajera; era el lenguaje a través del cual entendía el mundo y me entendía a mí misma.

En 2016 tomé una de las decisiones más importantes de mi carrera: aprender a producir mi propia música. Quería tener el control creativo de mis canciones y ser capaz de transformar las ideas que escuchaba en mi cabeza en una realidad sonora. Aprender producción me dio independencia, pero también algo mucho más valioso: una identidad artística propia. Entender cómo construir una canción desde cero, cómo elegir cada sonido y cómo desarrollar un universo sonoro personal me permitió encontrar una voz que realmente me representara.

Durante años trabajé en silencio, componiendo, produciendo, aprendiendo y buscando mi lugar. Viví la parte menos visible de esta profesión: la incertidumbre, los proyectos que no salían adelante, las canciones que se quedaban guardadas y la sensación constante de estar preparándome para una oportunidad que todavía no había llegado.

Ese camino cambió cuando encontré una forma de expresarme que no intentaba parecerse a nadie. Entendí que mi fortaleza estaba en unir mi sensibilidad pop con una personalidad creativa muy marcada: colorista, emocional, nostálgica, divertida y profundamente honesta.

La llegada de "Nochentera" supuso un antes y un después. La canción conectó con millones de personas y me permitió darme a conocer a gran escala, pero también me enfrentó a un reto importante: demostrar que detrás de un éxito había una artista con una trayectoria, una visión y una identidad construidas durante muchos años de trabajo.

Desde entonces, mi objetivo ha sido seguir construyendo un universo artístico coherente, donde cada canción, cada videoclip y cada proyecto formen parte de una misma historia. Una historia que habla de emociones reales, de nostalgia entendida como motor creativo, de libertad, de diversión y de la búsqueda constante de quién somos cuando dejamos de intentar encajar en las expectativas de los demás.

Hoy sigo entendiendo la música igual que cuando era niña, escuchando canciones en el asiento trasero de un coche: como un lugar donde transformar emociones, recuerdos e historias en algo que pueda acompañar a otras personas. La diferencia es que ahora tengo una plataforma más grande para hacerlo. Pero la motivación sigue siendo exactamente la misma: crear canciones que hagan sentir algo y construir un mundo propio donde la gente quiera quedarse un rato.

Ese es el privilegio más grande de este oficio. Y también la razón por la que estamos aquí hoy: porque las canciones no son simplemente contenido. Son experiencias humanas.
Y precisamente por eso vivimos un momento tan importante para la creación.

Mi generación ha crecido con la promesa de que Internet iba a democratizar la música Y en parte lo ha hecho. Actualmente, los creadores contamos con una audiencia global gracias a las redes sociales y a las plataformas de streaming, que hace décadas eran inimaginables.

Pero al mismo tiempo, los desafíos son enormes: en la práctica, gastamos mucho tiempo y energía tratando de llegar a nuestro público para que escuche nuestras canciones: la competencia es enorme y la visibilidad un recurso escaso.

Ahora dependemos de un algoritmo. Y aun cuando conseguimos que una canción suene muchas veces en una plataforma, esos centenares de miles e incluso millones de reproducciones se traducen en ingresos mínimos por streaming.

Antes, hace 20-30 años, un creador podía dedicarse a componer y vivir de sus derechos de autor.

Ahora nos hemos convertido en profesionales multitarea, y poder vivir de la música se hace cada vez más difícil por la enorme competencia que hay en las plataformas digitales. Y encima, la aparición de la Inteligencia Artificial generativa ha aumentado considerablemente la sensación de inseguridad y precariedad.

Los modelos de IA Generativa utilizan nuestras obras sin permiso, y encima nos expulsan del mercado al generar contenidos en segundos con los que no podemos competir. Utilizan nuestras obras sin autorización para crear contenidos para podernos sustituir.

Pero no nos engañemos: el debate actual no trata de estar a favor o en contra de la inteligencia artificial. De hecho, muchos autores utilizamos IA para enriquecer nuestro trabajo creativo. Esa no es la cuestión.

La cuestión es decidir qué lugar queremos reservar para la creatividad humana en el futuro. Porque si permitimos que las obras de millones de creadores sean utilizadas sin autorización, sin transparencia y sin remuneración para alimentar sistemas de IA comerciales, estaremos poniendo en riesgo el ecosistema creativo que hace posible que existan nuevas canciones, nuevas películas, nuevos libros y nuevas historias.

Y la pregunta más importante no es únicamente cuántos derechos podemos perder. La pregunta es cuantas canciones dejarán de escribirse porque futuras compositoras y autores decidan dedicarse a otras cosas para llegar a fin de mes, porque esos derechos de autor que dejamos de percibir se traduce en menos salario. Los autores apoyamos la innovación, es parte de nuestro proceso creativo, pero también necesitamos reglas.

Necesitamos transparencia. Necesitamos consentimiento. Y necesitamos que el progreso tecnológico avance respetando a quienes hacen posible la cultura.

En ese contexto, pertenecer a SGAE, mi entidad de gestión, tiene para mí un significado muy especial. Porque significa saber que no estoy sola, y que existe una organización que protege mis derechos, que trabaja para que mis obras sean reconocidas y que vela para que los creadores podamos recibir una remuneración justa por nuestro trabajo. Y también significa formar parte de algo mucho más grande, una comunidad internacional de autores y autoras que comparte una misma convicción. Que la creatividad humana tiene valor. Y que merece ser protegida.

Por eso quiero agradecer el trabajo que realizan todas las sociedades representadas hoy aquí, y a CISAC que lleva cien años defendiendo a los creadores a la cultura, la emoción y nuestras historias. Por ese motivo, que exista una organización como CISAC, integrada por más de 225 sociedades de autores de todo el mundo, es algo que sin duda debemos agradecer y celebrar. Quiero aprovechar mi presencia hoy, aquí, en este escenario tan especial, para felicitar a todas y todos los presentes en nombre de mi entidad, SGAE, y de los más de cinco millones de autoras y autores a los que hoy he tenido el privilegio y el placer de dar voz.

Muchas gracias.

CISAC - International Confederation of Societies of Authors and Composers published this content on June 04, 2026, and is solely responsible for the information contained herein. Distributed via Public Technologies (PUBT), unedited and unaltered, on June 30, 2026 at 12:55 UTC. If you believe the information included in the content is inaccurate or outdated and requires editing or removal, please contact us at [email protected]