02/05/2026 | Press release | Archived content
Palacio Euskalduna, Bilbao
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Muchísimas gracias. En primer lugar, yo también quisiera agradecer tanto la acogida como el compromiso de la ciudad de Bilbao y, por supuesto, de la Diputación Foral de Bizkaia y también del Gobierno de Euskadi. Gracias por el compromiso y por la hospitalidad que siempre manifiestan al Gobierno de España cuando tenemos ocasión de celebrar actos tan importantes como este.
Querido ministro, querido Jordi; delegada del Gobierno; vicelehendakari y consejero de Economía y Trabajo del Gobierno Vasco; presidentes, presidentas, CEOs, representantes del mundo empresarial; autoridades; señoras y señores.
Me van a permitir comenzar esta intervención con una referencia al temporal que estamos viviendo en toda la península durante estos días y que está afectando, por desgracia, a muchos de nuestros territorios. Es evidente que son días complicados.
Son días difíciles, con intensas lluvias sin precedentes, y el desbordamiento de ríos como consecuencia de una tierra que ya no puede absorber mucha más agua. Por eso, desde aquí me gustaría, en primer lugar, agradecer, por supuesto, el servicio que dan todos los trabajadores y trabajadoras públicos, hacer un llamamiento a la calma, a la prudencia y sobre todo, me gustaría volver a recordar, como hacemos siempre a todos los ciudadanos y ciudadanas de las zonas afectadas, que se sigan puntualmente las indicaciones de las autoridades, especialmente cuando hablamos de las alertas de las comunicaciones Es-Alert. Estamos desplegando todos los medios de Protección Civil necesarios y vamos a hacerlo como hemos hecho siempre, también para poder trasladar esa garantía de seguridad a los vecinos y vecinas de las zonas desalojadas en algunas localidades y que puedan volver pronto a sus casas, recuperar la normalidad, las comunicaciones, el transporte. En definitiva, estamos colaborando con todas las administraciones y desde el Gobierno estamos volcados en esta emergencia, una más, como siempre, estaremos ahí con los ciudadanos y con las ciudadanas.
Dicho esto, quiero manifestar también el placer que es para mí poder clausurar este Congreso de la Industria, un sector que, evidentemente, como ha dicho antes, el ministro, nos define como el gran país que somos, el país aún mejor al que aspiramos a ser, sabiendo de dónde venimos para definir dónde queremos llegar.
Creo que esto es lo importante y este auditorio que hoy nos acoge lo ejemplifica. Vigila la ría de Bilbao desde los albores de este siglo. Sus cimientos están construidos sobre las huellas industriales que nos dejó el siglo pasado: tanto que les debe su nombre: los astilleros Euskalduna fueron un orgullo para Vizcaya, para Euskadi y para toda España. Y también la metáfora de muchas cosas que entonces no se hicieron bien. Una brutal reconversión industrial se llevó por delante más de dos mil puestos de trabajo en muchísimas empresas de Euskadi, en la margen izquierda del Nervión. Más de 2.000 familias, también muchas empresas, que tuvieron que luchar durante cuatro años para conquistar una alternativa que entonces el Estado les negaba.
Por aquel entonces, recordemos, acuñó una frase, a mi juicio desafortunada, y es aquella que captaba el espíritu de aquel tiempo y que decía que la mejor política industrial es la que no existe. En definitiva, abandonar esa colaboración público privada que ahora es tan importante junto con la empresa para poder hacer frente a las transformaciones que sufren el mundo, Europa, España y, por consiguiente, también Euskadi.
En realidad, lo que se estaba diciendo con esa frase es que se estaba privando de alguna manera de existir a toda una generación en el acceso al empleo, en la creación de empresa, en la consolidación de la misma, en el derecho, en definitiva, a imaginar un futuro más próspero. Ese tiempo, afortunadamente, acabó. Creo que tenemos también que aprender de esas lecciones. Hoy creo que esa fuerza de la colaboración público privada ya no se usa para reprimir la angustia, sino para reparar la injusticia. Se ejerce para formar talento, como antes ha dicho el ministro, para crear empleo de calidad, para consolidar y aumentar el tamaño industrial de nuestras empresas, para garantizar aquello que se llama la autonomía estratégica abierta y cohesionar nuestro territorio.
En definitiva, hoy creo que la fuerza del Estado, conjuntamente con la fuerza de la empresa, de la industria, actúa para eso, para reindustrializar nuestro país, para hacer sí, política industrial de la buena con mayúsculas, gracias a esa colaboración público privada.
Y la fuerza, en definitiva, del Estado, también está para proteger a nuestras democracias de los ataques que sufren, de los retos también que tiene ante sí. Y a nuestros hijos y a nuestras hijas, de ese universo tóxico, impune, en el que desgraciadamente se han convertido las redes sociales, eso que he llamado un Estado fallido.
Hay quien dice que regular es controlar, que hacer política es tiranía, que poner reglas limita la innovación. Pero casi nunca se hacen las preguntas clave, que son las que me gustaría compartir con los ciudadanos y ciudadanas que estén siguiendo esta intervención: ¿para qué queremos esa innovación? ¿Para ampliar derechos o para poner en riesgo esos derechos? ¿Para fortalecer la democracia o para erosionarla? ¿Para mejorar la vida de la gente o para que unos pocos hagan caja?
¿Queremos una tecnología que normalice y amplifique el engaño, que convierta la privacidad en mercancía? ¿Una sociedad en la que un tecno-oligarca pueda meterse, como se metieron ayer en los móviles de millones de ciudadanos y ciudadanas para decirles mentiras? Yo creo que la respuesta tiene que ser un no claro. Y no nos van a quebrar, porque la voz de la razón, de la mayoría social y de la democracia evidentemente no va a ser doblegada por esos tecno-oligarcas del algoritmo.
Creo, señoras y señores, que hemos aprendido la lección. La mejor regulación, al igual que la mejor política industrial, es la que sí existe y es la que está al servicio de la mayoría social, por supuesto de las empresas y del interés nacional y europeo.
Creo que hemos demostrado que la mejor forma de ser competitivos no es bajando salarios, sino apostando por los sectores que crean mejores empleos; que los recursos que dedicamos a la I+D+i no son un gasto para las finanzas públicas, sino una inversión con un retorno asegurado. En definitiva, que el humo de las fábricas es un recuerdo del pasado. Pero las fábricas sin humo son la certeza de un futuro.
Porque de eso estamos hablando, por eso estamos aquí, porque en la Euskadi actual, la España actual, lo bien hecho, como dice vuestro lema, nos define. Creo que la transformación de Bilbao, de toda Euskadi, en una potencia industrial exportadora es el mejor ejemplo de que algo efectivamente está cambiando y por eso queremos seguir llevando este debate a los territorios que son la columna vertebral de todo el Estado español cuando hablamos de industria.
El próximo Congreso Nacional será en Asturias, en la ciudad de Avilés, en una región profundamente ligada también a nuestra historia industrial, pero sobre todo a nuestro presente transformador y también a ese futuro productivo.
Y es que hemos dejado atrás la reconversión industrial para emprender la reconstrucción industrial de nuestro país, si me permiten el juego de palabras. Y la estamos empezando desde la base, desde la formación. Antes lo decía el ministro Hereu: España ya no necesita los mismos perfiles que hace 30 años. Por eso es evidente que el modelo educativo tampoco puede ser el mismo. Y desde que llegamos al gobierno en 2018, efectivamente hablamos y vimos cuál era la formación profesional dual que se daba en Euskadi y pensamos que tendríamos que extender esa Formación Profesional dual a todo el sistema de Formación Profesional del Estado.
Hemos creado desde 2018 nada más y nada menos que 400.000 nuevas plazas de Formación Profesional y de Formación Profesional dual, que ha crecido esta última un 166%. Antes, la Formación Profesional, lo saben muy bien, era considerada por muchos como un fracaso. Ahora la inserción laboral de los alumnos y alumnas en las ramas industriales está cerca del pleno empleo y el abandono escolar en un tiempo de crecimiento económico, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, hoy está en mínimos históricos. Se crece y se reduce el abandono escolar. Antes se crecía y aumentaba el abandono escolar y eso tiene mucho que ver con una adaptación, una actualización, una modernización de la formación a las demandas del sector. Y, gracias a esa apuesta, la industria pesada ha dado paso a la industria cualificada.
No estoy hablando de un concepto abstracto, sino de una realidad tangible. Los trabajadores y trabajadoras de la industria ganan un 12% más que la media. Son 1.035 euros más al año, y un euro y medio más por cada hora trabajada. Este es el empleo, en definitiva, de calidad que queremos crear. De hecho, es lo que estamos haciendo ya. España ha creado casi 200.000 puestos de trabajo en la industria desde el año 2018. La mitad de ellos, solo en estos últimos 12 meses. 2025 ha sido el mejor año para crear empleo industrial en lo que llevamos de década. Quién nos iba a decir, por tanto, que las manufacturas volverían a ser la actividad que creasen más puestos de trabajo. Bueno, pues la industria española vive hoy uno, afortunadamente, de sus mejores momentos de la historia. No podemos caer en la autocomplacencia, pero sí también tendremos que subrayar que está contribuyendo a que nuestro mercado laboral esté batiendo récords históricos.
Superamos los 22 millones y medio de ocupados por primera vez desde que hay registros, más de los que otros prometían para toda una legislatura. Hemos creado 600.000 puestos de trabajo nuevos en este último año, casi la mitad de toda la eurozona y hemos bajado del 10% de paro por primera vez desde 2008. En los últimos 45 años solo lo habíamos conseguido en otras tres ocasiones. Y, por cierto, las tres durante la burbuja inmobiliaria.
Por tanto, lo que quiero decir con esto es que estamos por primera vez logrando que una economía productiva y saneada se abra paso en nuestro país. Hay quien insiste contra toda evidencia, que España solo crece por añadir población. Sé que a mí no me escuchan y ni siquiera se creen los datos oficiales quienes dicen eso, pero al menos podrían escuchar al economista jefe del Fondo Monetario Internacional, que dice lo siguiente y le cito textualmente. Abro comillas: "España no solo crece por la mano de obra. Ha mejorado la productividad". Cierro comillas.
Por tanto, tengan por seguro que seguiremos incorporando mano de obra, aunque algunos quieran condenar a medio millón de personas a vivir de forma irregular, a trabajar en B. Que seguiremos también, ojalá de la mano de la patronal, reconociendo ese esfuerzo de los trabajadores, elevando el salario mínimo interprofesional para continuar con ese compromiso del 60% medio del salario en nuestro país. Y que vamos a continuar conjuntamente con las empresas, reduciendo el paro, aumentando la productividad a su mayor ritmo en estas últimas tres décadas, y siendo un año más la gran economía europea que más crece.
Porque este es el modelo, el que han elegido los españoles y españolas, y el que yo creo que, por cierto, le sienta bien a nuestro país con todo lo que tenemos que hacer por delante.
Ha habido una noticia que ha pasado desapercibida, pero el Fondo Monetario Internacional la semana pasada ha dicho que España acaba de entrar en el Club de las economías de los 2 billones de dólares y aspiramos a regresar al club que nunca debimos abandonar y es el de las economías donde la industria aporte el 20% del Producto Interior Bruto.
Yo creo que vamos por el buen camino. Nuestro sector manufacturero es el que más ha crecido de las grandes economías europeas desde 2019, un 10%. Pero para conseguirlo es evidente que tenemos que ser mucho más ambiciosos y por eso vamos a seguir desplegando una política industrial, en colaboración con la empresa, que responda a tres grandes objetivos que creo que están alineados con la estrategia y con la agenda de competitividad a nivel europeo.
El primero es precisamente eso, es reforzar la competitividad de nuestras empresas. Insisto, no lo vamos a hacer devaluando salarios como otros hicieron en el pasado y, por cierto, con pésimos resultados. Hoy la competencia a nivel global, también europeo, está. como saben sobre todo los empresarios y empresarias que están aquí, en la atracción de talento, en la formación y en la actualización del capital humano. Lo vamos a hacer por una vía que yo creo que es inteligente y es mejorando procesos, apoyando la innovación con la mayor inversión en I+D+I de nuestra historia. Estamos hablando de casi 24.000 millones de euros en inversión en I+D+I. Apostando por el talento de nuestra gente gracias a esas reformas educativas adoptadas. Ayer mismo anunciamos la ampliación de los Centros Nacionales de Referencia de Formación Profesional en diez más durante el año 2026. Y, por supuesto, también impulsando la internacionalización de nuestras empresas, en un contexto en el que todos lo sabemos hay una guerra comercial por parte de la primera potencia económica del mundo y donde creo que Europa, también animada por España, está siguiendo el camino de abrir nuevos mercados, de establecer relaciones comerciales, en este caso con una región muy próxima a nosotros como es el Mercosur, o por qué no, India y otros muchos países de Asia, que estoy convencido quieren también trabar esas relaciones comerciales, establecer reglas claras y predictibles con la Unión Europea.
Y, por supuesto, también lo que tenemos que hacer es apoyar a quienes sostienen el tejido productivo en su forma más cotidiana. Por eso creo que es importante también referirse a los autónomos referirse a las pequeñas y medianas empresas.
Y quiero también compartir con todos ustedes el que vamos a poner en marcha una nueva ayuda a la movilidad eléctrica para autónomos y también para pequeñas empresas. Esta línea va a estar dotada de 40 millones de euros para la adquisición de vehículos electrificados, tanto en propiedad como en renting, y podrán beneficiarse las empresas de menos de diez empleados con unos importes que pueden llegar hasta los 7.500 €.
Por eso quiero decirles que la apuesta del Gobierno de España por la electrificación de nuestra economía es clara, es rotunda y no vamos a dar un paso atrás en esta apuesta que evidentemente no solamente nos hace ganar competitividad, sino que también nos hace adaptarnos y contribuir a la mitigación de uno de los grandes retos que tiene la humanidad como es la emergencia climática.
Junto con la competitividad, el segundo gran objetivo de nuestra política industrial es seguir lo que he dicho antes, promoviendo la transición climática como un auténtico motor de productividad y también de prosperidad. Mientras otros, por desgracia, se están borrando del Pacto Verde para satisfacer yo creo que intereses políticos de unos negacionistas que claramente están en consolidar un status quo que ya no es el del siglo 21, desde luego, yo creo que la mayoría de las empresas de nuestro país, por supuesto, también el Gobierno de España lo que quiere es seguir ampliando toda esa transformación energética verde y seguir defendiendo las energías renovables y la descarbonización de nuestra industria.
Creo que España, como antes lo ha dicho el ministro, luchó en Europa por lo que llamamos la solución ibérica durante los inicios de la guerra de Putin en Ucrania. Con esas inflaciones que teníamos, con esa repercusión en el precio de la energía y de la electricidad tan elevadas. Luchamos en Europa por la solución ibérica para proteger a los consumidores, para favorecer a nuestras empresas, para que no perdieran competitividad nuestras industrias y gracias a las energías renovables, que, por cierto, ya representan el 57% de la generación eléctrica, la electricidad en nuestro país es un 20% más barata que la media del continente y la inflación ha caído a mínimos de diez meses.
Pero queremos ir más allá. Esta misma semana hemos puesto en marcha un proceso para impulsar, como saben, la energía eólica marina, especialmente la eólica flotante. Nuestro objetivo es ambicioso, es llegar a producir entre uno y tres gigas en 2030, desarrollando, por tanto, en el camino todo un sector industrial y tecnológico que va a contribuir enormemente a la descarbonización de nuestra economía.
Además, me gustaría también compartir con todos ustedes que mañana, día 6 de febrero, abriremos la segunda convocatoria de la línea uno del PERTE de descarbonización industrial, que está dotada con 330 millones de euros. Una convocatoria con más tiempo, por tanto, para ejecutar los proyectos -hasta cinco años frente a los dos años y medio anteriores- y más seguridad para que las empresas puedan planificar e invertir en consecuencia.
Y. por último, la política industrial en España debe contribuir a eso que hemos llamado en Europa la autonomía estratégica europea. Hay dos informes, como saben ustedes de dos ex primeros ministros italianos Draghi y también Letta, que resultan absolutamente demoledores. Solo 4 de las 50 mayores empresas tecnológicas del mundo son europeas. 4 de 50. Mientras, 300.000 millones de euros de nuestro ahorro, el de ustedes, del mío, de todos los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país, 300.000 millones de euros al año acaban invirtiéndose en empresas estadounidenses. Eso tiene mucho que ver con la falta de culminación de la unión de capitales y de inversión de la que habla Letta, tiene mucho que ver también con la excesiva bancarización de nuestro sistema de inversiones y, por tanto, creo que tenemos mucho que hacer a escala europea.
Tenemos que canalizar estos recursos hacia la innovación y la economía productiva de nuestro continente. Y solo hay un camino para conseguirlo. Por cierto, en un contexto tan complejo e inestable como el que estamos viendo al otro lado del Atlántico. Primero, profundizando el mercado único, no tanto desregulado, sino armonizando y simplificando esa regulación que ahora mismo en muchas ocasiones sufre la industria y la empresa de nuestro continente. Desarrollar, como he dicho antes, un verdadero mercado de capitales europeo. Lo estamos haciendo en ámbitos como, por ejemplo, los semiconductores, la inteligencia artificial o en el caso español, las tecnologías cuánticas, como hacía antes referencia el ministro Hereu a propósito de ello con eso que hemos llamado la SEPI tecnológica, es decir, el SETT. En los casi dos años que lleva funcionando esta SEPI tecnológica ya ha aprobado una treintena de operaciones por más de 430 millones de euros, que han movilizado 1.289 millones de euros de capital privado. Es decir, que hay interés de inversores privados en apostar por estas startups y estos proyectos tecnológicos en España. Son proyectos, por ejemplo, como el Centro de Investigación en Semiconductores de IMEC en Málaga, la fabricación de diamantes sintéticos en Trujillo, la planta de equipos de metrología en La Laguna o la fábrica de chips de Sparc en Vigo.
Por tanto, no estamos hablando de planes o estrategias futuras, estamos hablando de realidades que existen ya, de proyectos que están en marcha en muchos de los territorios de nuestro país. Esta creo que es la forma en la que con hechos podemos avanzar hacia eso que hemos llamado la autonomía estratégica y tecnológica europea.
Porque lo que está pasando al otro lado del Atlántico es yo creo que un toque de atención. Probablemente el toque de atención que necesitábamos para hacerlo y por tanto tomar las riendas de nuestro propio futuro. Creo, siempre lo he dicho desde un gobierno absolutamente atlantista, que la mejor manera de reforzar hoy ese vínculo atlántico es precisamente reforzando el pilar europeo. Y eso es más autonomía estratégica y, por tanto, más capacidad de decisión de manera autónoma respecto a los intereses que legítimamente puede tener otra gran economía, en este caso Estados Unidos.
Y tenemos que hacerlo en todos los ámbitos. También lo tenemos que hacer en el ámbito de la seguridad y la defensa. Y quiero además ser explícito, no solamente defensa sino también seguridad, porque en el flanco sur necesitamos ampliar ese concepto de la defensa, incorporar la seguridad, apostar por la inversión en material de doble uso y, por tanto, garantizar esa seguridad de una manera mucho más omnicomprensiva que solamente desde el punto de vista de la defensa.
España ya ha alcanzado, gracias también al esfuerzo de las empresas y por supuesto, del Gobierno de España, el 2% del Producto Interior Bruto en presupuesto en defensa y en seguridad, algo a lo que nos comprometimos allá por el año 2014 en la Cumbre de Gales en la OTAN, y que ha sido este gobierno precisamente que heredó un 0,9% del Producto Interior Bruto en gasto en defensa, quien lo ha conseguido situar en el 2%.
Lo hemos hecho, además, a través de nuevos programas de modernización. 31 en concreto, cada uno de los cuales incluye un plan industrial y también un plan de formación para asegurarnos que más del 80% de los fondos, que son pagados con los impuestos de todos los contribuyentes españoles, vaya a empresas españolas y a empresas europeas. Así también estamos creando ecosistema. Así también estamos ayudando a que las industrias españolas y también las vascas puedan escalar y lograr esa capacidad, ese músculo, para poder competir con otras muchas europeas.
Y, de esta forma, yo creo que la inversión en seguridad y en defensa lo que está haciendo es revertir en el conjunto de la sociedad de manera positiva, con progreso tecnológico, con creación de empresas, con escalabilidad de esas empresas y, también, con la creación de puestos de trabajo y de impuestos para financiar el Estado del bienestar; que, por cierto, dentro del Estado del Bienestar también está esa Formación Profesional (en la) que estamos invirtiendo y destinando muchos recursos desde el Gobierno de España.
En todo caso, queremos ir más allá. En los próximos días vamos a lanzar un desafío sin precedentes en nuestro país y es, precisamente, una gran convocatoria de innovación abierta, una gran convocatoria de innovación abierta. Esto va a estar liderado por la Escuela de Organización Industrial, también por el CDTI. Y este gran hackathon nacional, busca atraer el conocimiento y la investigación que nace de nuestras universidades, de nuestros centros tecnológicos, junto al talento disruptivo de nuestras startups, combinando precisamente eso con la capacidad de nuestra industria para abordar retos tecnológicos en el ámbito de la seguridad, de la defensa, de las tecnologías de doble uso, a las cuales antes he hecho referencia.
Por tanto, les invito a convertir ese ingenio en soluciones y, por tanto, en ser arquitectos y arquitectas de una España más segura, que tiene que ser más resiliente, que tiene que ser más soberana desde el punto de vista tecnológico y que, en definitiva, en eso consiste la autonomía estratégica abierta: en reforzar capacidades propias en los ámbitos más críticos para reducir nuestras vulnerabilidades y también nuestras dependencias, que hemos visto -por desgracia- que son mucho más peligrosas, mucho más complejas y preocupantes de los que inicialmente podíamos pensar.
No debemos cerrarnos sobre nosotros. No estamos hablando de eso, no estamos hablando de una política proteccionista. Más bien al contrario. Lo que estamos pidiendo tanto en Europa como también desde España, es que tenemos que diversificar nuestros mercados y tenemos también que diversificar las cadenas de suministro.
Creo que esto es justo -como he dicho antes- lo que acaba de hacer la Unión Europea con los acuerdos comerciales de Mercosur y con India que, por cierto, este último nos va a abrir nada más y nada menos que un mercado de cerca de 1.500 millones de consumidores a nuestra industria, especialmente una industria bien querida y bien presente en Euskadi, como es la industria del sector del automóvil.
Nosotros siempre vamos a defender a España, lo mismo que defendemos a Bruselas. Lo que defendemos es el interés general de nuestro país. Lo hicimos -antes hacía referencia a ello el ministro Hereu- hace seis años, liderando la creación de los fondos Next Generation para dar respuesta no solamente a la pandemia, sino también bienes públicos europeos. La salud global lo era, también lo era la transformación digital o la transición ecológica, porque el clima es un bien público. También debe serlo la soberanía digital y por qué no, la seguridad y la defensa. Por eso también nosotros estamos abogando por el que se mutualice deuda y el que podamos, como nos dicen Draghi y Letta, financiar ese bien público que es la seguridad y la defensa europea con recursos comunes.
Por tanto, lo hicimos hace seis años. Hubo algunos que pensaron que, en fin, que desde luego no merecía la pena esta batalla, pero yo creo que ha sido una batalla que no solamente dimos, sino que también estamos gestionando de una manera correcta, con las dificultades que evidentemente tiene la gestión siempre de recursos europeos.
Desde el año 2021 y hasta el cierre del Plan de Recuperación, habremos recibido nada más y nada menos que la inyección de más de 100.000 millones de euros. Esa es la inyección de recursos económicos que habremos recibido, más de 100.000 millones de euros. Uno de cada cuatro, se han ejecutado a través de lo que hemos llamado Proyectos Estratégicos en sectores clave para el futuro de nuestra industria. Estamos hablando de energías limpias, de automoción, de giga factorías, del hidrógeno verde. Ustedes lo saben. Gracias a este Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, donde la cohesión territorial también era un eje vector, junto con la transformación digital y la transición ecológica, para explicar esas inversiones; gracias a este Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, Euskadi se ha convertido en la capital del vehículo eléctrico con más de 360 millones de euros del PERTE del vehículo eléctrico y conectado para transformar cadenas de producción que son muy importantes en Euskadi, también para el conjunto del Estado, como es, por ejemplo, Mercedes-Benz, Irizar, la fábrica de componentes de Gestamp o la planta de baterías de Basquevolt, y también en un referente digital con casi 87 millones de euros para esa startup que es Multiverse Computing, la mayor empresa de software cuántico de todo el continente.
Bueno, yo creo que las reformas, las inversiones de este Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia están protagonizando la mayor transformación de nuestro tejido productivo; la reconstrucción, como he dicho antes, de la industria en nuestro país. Y lo que queremos es que no finalicen el año 2026, ni en agosto ni en diciembre del año 2026, que es cuando finaliza la, digamos, la recepción de estos fondos europeos. Y, por tanto, lo que tenemos que hacer es ver cómo seguir movilizando esos recursos europeos a la espera de esa negociación, en donde por supuesto España va a seguir trabajando para que se pueda continuar con fondos Next también vinculados, por qué no, con la seguridad y la defensa de nuestro continente.
Pero en todo caso, más allá de ese debate, lo que sí que ha hecho el Gobierno de España es anunciar y poner en marcha en este segundo trimestre del año este fondo soberano que hemos llamado 'España Crece', que anunciamos hace unas semanas que va a dar continuidad a los fondos Next y que, precisamente, hace escasos días tuve ocasión de poder compartir con algunos fondos soberanos de Emiratos Árabes Unidos y que, precisamente, tuvieron muy buena acogida.
Aspiramos a capitalizar, como habrán visto ustedes en los medios de comunicación y aquí se habrá explicado, en torno a 120.000 millones de euros, combinando recursos públicos y privados. Para que se hagan una idea, el equivalente a la capitalización bursátil de la empresa energética más grande del país, o la del segundo banco. Por tanto, estamos hablando de un volumen de recursos muy importante. Creo que en Vizcaya lo conocen bien.
Estoy convencido, por cierto, de que este nuevo vehículo, este nuevo fondo soberano, va a canalizar todavía más recursos hacia sectores estratégicos donde se juega el futuro de nuestra economía. Por tanto, lo que queremos es ser coherentes con toda la política industrial que hemos venido realizando y desarrollando durante estos últimos siete años, no solamente en energía, digitalización, inteligencia artificial, economía circular, infraestructuras, agua, saneamiento, seguridad y también vivienda , que es un sector bien importante y por supuesto también muy necesario para muchas familias, tanto de Euskadi como del conjunto de España.
En pocas palabras, y ya con esto término señoras y señores, lo que queremos es movilizar el mayor volumen de financiación en condiciones ventajosas, en las probablemente condiciones más ventajosas de nuestra historia para ningún proyecto innovador, transformador o generador de riqueza. Yo creo que lo que queremos es que ninguno de ellos se quede en el camino.
Por tanto, termino. Yo creo que nuestra generación, la generación de la que yo formo parte, recibió en los años 80 y 90 un Estado del bienestar en construcción y una industria muy debilitada. Yo recuerdo, siendo pequeño, muchas de las manifestaciones que se produjeron precisamente por la desindustrialización y la reconversión industrial. Ahora creo que nuestra obligación, nuestro deber, la de la generación o generaciones que estamos aquí presentes, es culminar esa reconstrucción industrial. ¿Para qué? Para legar a nuestros hijos y a nuestras hijas ese modelo productivo, ese modelo social y de progreso que nos hace únicos como europeos. Yo creo que tenemos el deber de hacerlo, que tenemos la capacidad y los recursos para hacerlo y, si lo conseguimos, pues yo creo que nada ni nadie nos podrá derribar.
Hoy más que nunca hay que ser europeístas. Y hoy más que nunca -por supuesto, eso implica una reforma profunda de Europa- creer en Europa, porque creer en Europa es creer también en las capacidades de Euskadi y del conjunto del país.
Nada más y muchas gracias.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)