03/05/2026 | Press release | Distributed by Public on 03/05/2026 08:18
Es un honor recibiros en el Palacio Real de Madrid, junto con la Gran Duquesa Stéphanie y la delegación que les acompaña. La Reina y yo recordamos con profundo afecto la acogida tan cálida que los Grandes Duques Enrique y María Teresa nos brindaron en 2014, durante nuestro viaje a Luxemburgo, poco después de mi proclamación. En aquella ocasión tuvimos el placer de coincidir también con Vuestras Altezas. Confiamos en que esta estancia -aunque breve- deje memorias igualmente marcadas por la amistad y la fraternidad.
Hoy deseamos expresaros nuestro sincero agradecimiento por esta visita, apenas meses después de Vuestra proclamación como Gran Duque de Luxemburgo. Esta visita a España simboliza la solidez de los vínculos y la hermandad entre la Casa Real de España y la Casa Ducal de Luxemburgo, reflejo a su vez de la amistad que une a nuestros pueblos.
España y Luxemburgo compartimos historia, cultura y una visión común de Europa y del mundo. A lo largo de los siglos, nuestros pueblos han entrelazado sus destinos, dejando su huella en tradiciones y en la memoria colectiva. El Emperador Carlos V, Duque de Luxemburgo, y su hijo Felipe II evocan nuestras raíces compartidas. Rememorar el pasado contribuye a apuntalar el presente y a orientar nuestra acción futura.
Alteza,
España celebra este año cuatro décadas desde su adhesión a las -entonces- Comunidades Europeas. Luxemburgo, miembro fundador de la Unión, ha sido siempre un compañero leal y un interlocutor valioso. Es esta una ocasión propicia para expresarles nuevamente nuestro reconocimiento por su cercanía durante todo este camino que venimos recorriendo juntos.
Ese camino y esa experiencia nos permiten reafirmar sin duda alguna que la Europa unida, antes que un espacio geográfico, un mercado común o un proyecto político en marcha, es una parte de nuestra identidad; que se nutre de una vieja utopía, se fragua sobre los deseos de paz y cooperación, y se proyecta como realidad que nos afecta positivamente en tantos ámbitos de la vida cotidiana. Porque los valores que nutren el proceso de integración, los que nos impelen a seguir avanzando, son, también, el anclaje de nuestras sociedades democráticas. Hablo de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la justicia social, el pluralismo, la tolerancia y el respeto y la defensa de los derechos humanos. Sin ellos, no hay progreso real, el que nos da un creciente y duradero bienestar.
"...España y Luxemburgo compartimos historia, cultura y una visión común de Europa y del mundo […] Rememorar el pasado contribuye a apuntalar el presente y a orientar nuestra acción futura..."
Schengen y el mercado interior europeo nos han permitido trascender fronteras, entrelazar economías y acercar a los ciudadanos. Nuestras empresas desarrollan proyectos conjuntos en transporte, turismo y sectores estratégicos de alto valor tecnológico como la inteligencia artificial, las energías renovables y el espacio. Más de 9.000 españoles han hallado en Luxemburgo nuevas oportunidades de vida y progreso, muchos de ellos jóvenes altamente cualificados. Y más de un millar de luxemburgueses enriquecen nuestra sociedad con su presencia. Con cerca del 48% de población extranjera, Luxemburgo, al igual que España, es un país de acogida, activo y comprometido, que impulsa el progreso de Europa desde su corazón geográfico e institucional y refuerza la cohesión social a la que España ha contribuido significativamente desde su ingreso en la Unión.
De la cercanía que hoy vivimos nace también un creciente interés por nuestra lengua, hablada por más de 630 millones de personas -y que Vuestra Alteza conoce bien-. Una avenida de ida y vuelta que nos une al espacio iberoamericano y al mundo de habla hispana. Las instituciones españolas presentes en Luxemburgo, dedicadas al fomento de nuestra lengua y cultura, acogen numerosos alumnos fortaleciendo los lazos culturales y fomentando la comprensión mutua.
España y Luxemburgo compartimos, más allá de nuestra vocación europea, el compromiso con la estabilidad y la cooperación internacional. Vemos, por tanto, con enorme inquietud y preocupación la situación crítica y especialmente peligrosa que atraviesa Oriente Próximo y la región del Golfo. Y no puede sorprender que también nos unamos a los llamamientos por la contención en el uso de la fuerza, el respeto máximo por la vida y seguridad de la población civil y la búsqueda de salidas diplomáticas, y también por la garantía de las libertades y los Derechos Humanos frente a la represión.
El riesgo al que se ve sometida una región tan amplia y de enorme relevancia estratégica nos mueve a transmitir nuestra más profunda solidaridad a los países que están sufriendo los graves embates colaterales del conflicto.
Como europeos, no podemos dejar de recordar la guerra de agresión rusa contra Ucrania, donde cuatro años después de su inicio la paz sigue sin vislumbrarse. Reafirmamos nuestra defensa de la integridad territorial de Ucrania y del recurso a la diplomacia para alcanzar una paz justa y duradera basada en los valores universales que sostienen la dignidad humana.
Todo ello -todas estas áreas en conflicto, y otras, también, oscurecidas en los medios, pero que no deben caer en el olvido, en África y en Asia- nos reafirman en la necesidad de seguir unidos. Necesitamos una Europa con mayor soberanía estratégica, que avance hacia una auténtica Europa de seguridad y defensa, aún más asentada en la solidaridad y la responsabilidad, aún más abierta y próspera, aún más capaz de afirmar con claridad su voz en el mundo y preservar los principios irrenunciables que conforman nuestra identidad común. Porque como dijo Robert Schuman, estadista visionario a quien tanto debemos, "la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan".
Altezas Reales,
Brindo por Luxemburgo y por España, por nuestra amistad; por la estabilidad y la prosperidad de Luxemburgo durante vuestro reinado y la salud y bienestar de Vuestras Altezas y toda su familia; por todo lo que nos une: Europa; por mantener siempre viva nuestra gran capacidad de creación; por un futuro de esperanza, de paz y de concordia.
Muchas gracias.