02/20/2026 | Press release | Archived content
Consejo Superior de Investigaciones Cientificas (CSIC) Madrid
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Muchas gracias y, sobre todo, disculpas porque -efectivamente- hemos tenido que adelantar mi intervención por algunas cuestiones de agenda. Y, en primer lugar, quería agradecer la presencia y la participación de los ministros, por supuesto también a quien nos acoge, a la presidenta del CSIC, y a toda la comunidad de investigadores que nos acompaña y que participa muy activamente en estos debates sobre la desigualdad, que es uno de los principales debates, sino el principal, de toda sociedad, por supuesto también de la española.
Autoridades, señoras y señores académicos, académicas, científicos, científicas. Bueno, voy a empezar esta intervención con un ejemplo ficticio, pero que creo que claramente representa en buena medida a muchos jóvenes y no tan jóvenes de nuestro país. Una mujer, pongamos que se llama Ana, que acaba de cumplir 30 años, que es especialista en ciberseguridad, que obtuvo su título y su primera experiencia laboral en la educación pública, tras formarse como técnica en redes informáticas, en la formación profesional dual.
Hoy esa mujer está contratada en una reconocida empresa del sector, pero cuando tenía 16 años, lo que vio en su casa, en su hogar, fue a su padre perder el empleo de albañil. Estuvo a punto también de perder su casa. Eran los tiempos de la crisis financiera, de la respuesta neoliberal del capitalismo de casino, que es como se denominó entonces a esa corriente de pensamiento donde mucha gente, por desgracia, como el padre de Ana, fue abandonada a su suerte.
Evidentemente, Ana está orgullosa del esfuerzo que le ha permitido poder llegar a donde está, que sabe que no ha llegado sola, que ha habido un esfuerzo y una solidaridad por parte de millones y millones de españoles y españolas que, a través de sus impuestos, mantienen, por ejemplo, el seguro de desempleo; mantienen también la política de becas. En definitiva, todo ese escudo social que llamamos el Estado del Bienestar y que es lo que favorece, no solamente la igualdad de oportunidades, sino también la meritocracia gracias a ese ascensor social activado por el compromiso de todos a través de los impuestos y del fortalecimiento del Estado del Bienestar.
Ese proyecto que podríamos decir es colectivo, donde la libertad, ahora que se habla tanto de la libertad, pues consiste en que cada individuo pueda desarrollar plenamente todo su potencial, venga de donde venga, sea cual sea su apellido y su código postal. Este, en definitiva, es el modelo de sociedad que defendemos desde el Gobierno de España y en el que yo creo que básicamente la amplia mayoría de los ciudadanos y ciudadanas también se siente reconocido.
Como he dicho antes, este es un nombre ficticio, pero su realidad y su historia personal es la de miles de personas en nuestro país. En definitiva, lo que quiero decir con esto es que la desigualdad no es un hecho natural, que no es consustancial a la condición humana, como algunos quieren hacernos creer. Que las consecuencias al final que se toman en el ámbito público, en el ámbito político y también las decisiones económicas conscientes, son las que están detrás de estas desigualdades. En consecuencia, que la desigualdad se crea, que la desigualdad se construye y que, por desgracia, como sabemos muy bien, ustedes lo saben mucho mejor que yo, se hereda.
Y si hoy, por tanto, estamos aquí es porque consideramos que este es un reto para el progreso común y quizá sea el mayor de los retos a los que nos enfrentamos. Entre otras cosas porque la desigualdad no solo pone en jaque el futuro de nuestros hijos y de nuestras hijas, de las generaciones presentes y futuras, sino que también pone en jaque a nuestra democracia.
Y hay muchísima evidencia científica que así lo atestigua, por ejemplo, este informe de Desigualdad Global impulsado por España y liderado por el profesor Stiglitz, al cual mandamos un muy fuerte abrazo y esperamos su pronta recuperación. Nos recuerda, por cierto, un dato que es absolutamente demoledor y es que los países más desiguales tienen hasta siete veces más probabilidades de sufrir la erosión en sus instituciones democráticas. Se dice pronto, hasta siete veces más.
Bueno, creo que, efectivamente, más allá de esta cifra tan demoledora, lo cierto y verdad es que una sociedad desigual es una sociedad mucho menos libre, es una sociedad mucho menos productiva y también, por qué no decirlo, más infeliz. Las brechas de ingresos, de riqueza, van de la mano de una peor salud, de una menor movilidad intergeneracional y, evidentemente, lastran el crecimiento económico, bloquean retos que tenemos ante sí el conjunto de la humanidad, como es el de la acción climática, aumentan la sensación de inseguridad, también los índices de criminalidad y socavan -en consecuencia- la cohesión y la confianza en las instituciones democráticas que nos hemos dado.
Esa es la realidad de los hechos. Ahí está la evidencia científica, la que evidentemente ustedes han plasmado en muchísimos estudios a lo largo de estos últimos años y la que, por cierto , millones de seres humanos sufren cada día.
Una realidad cada vez más preocupante. Y es que el 10% más rico de la población mundial recibe hoy más de la mitad de la renta y acapara el 75% de la riqueza. Es decir, cifras absolutamente insostenibles, también inmorales y, por supuesto, indignantes. Y desde los poderes democráticos lo que tenemos que hacer es tratar de solucionar esta, esta realidad tan, tan dramática.
Y, por eso, España apoya la creación de este Grupo Intergubernamental de Expertos contra la Desigualdad, que recomendaba precisamente el Premio Nobel Stiglitz recientemente, para que este tema ocupe un lugar central en la agenda internacional. Muchas veces me habrán escuchado decir que tenemos que rearmarnos -desde el punto de vista multilateral- moralmente, más que militarmente. Y cuando hablamos de rearmarnos moralmente es centrar el debate multilateral, o del conjunto de la comunidad internacional, en los aspectos que realmente importan a la ciudadanía, como es principalmente el de la desigualdad. Ahora más que nunca, dado que los ataques al sistema multilateral son crecientes y por tanto están en riesgo, creo que debemos centrar el debate sobre la desigualdad.
Y, para ello, creo que es importante también acelerar el diseño y la puesta en marcha de este grupo, trabajando codo con codo, como estamos haciendo con países como Brasil, como Noruega, como Sudáfrica, para presentarlo a la Asamblea General de las Naciones Unidas el próximo mes de septiembre. Porque para actuar, primero lo que debemos hacer los gobiernos es comprender. Comprender cómo se generan las desigualdades a escala global, también cómo se reproducen en nuestras propias sociedades estas desigualdades, y hacerlo con ese propósito. Y por eso quiero anunciarles que, desde el punto de vista de España, lo que vamos a hacer es lanzar un proyecto que no tiene precedentes y es el de elaborar un Estudio de Generaciones del Futuro.
Es un estudio que va a estar liderado por esta casa, por el CSIC, también con el Instituto Nacional de Estadística y con la Oficina de Prospectiva y Estrategia del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Va a ser un estudio pionero, longitudinal, en España y va a servir -sobre todo- para seguir las trayectorias vitales de miles de niñas y de niños desde la infancia hasta la edad adulta. Va a analizar cómo las condiciones sociales, también las condiciones económicas y territoriales, influyen en su desarrollo y, también, en la creación de oportunidades.
Con este proyecto creo que España se va a situar de nuevo a la vanguardia de estudios internacionales en esta materia a nivel de países como Irlanda, como el Reino Unido o la propia Alemania.
Nuestro objetivo, por tanto, es claro: es entender las dinámicas desde el punto de vista científico de los propios hogares, identificar los mecanismos detrás de la generación de desigualdades para poder anticiparnos y, por tanto, también para poder diseñar políticas públicas que sean eficientes y también equitativas.
Todo este conocimiento generado lo que vamos a hacer es ponerlo a disposición de ustedes, es decir, de la comunidad científica, respondiendo creo que a una demanda largamente expresada por quienes en este campo investigan, y es poner los datos al servicio de la investigación; de la investigación y por supuesto también del diseño de las mejores políticas públicas desde el punto de vista de la eficacia y de la equidad. Por lo tanto, más ciencia para gobernar mejor, más ciencia para poder diseñar mejor políticas públicas.
Y creo que esto tiene también su valor, desde el punto de vista cualitativo, en el momento en el que nos movemos, en el que vemos que la apología del negacionismo se expande en buena parte también de la conversación publicada. Al menos, nosotros lo que queremos es, frente a esa apología del negacionismo o de la ignorancia, lo que queremos es conocer, porque esa es la única forma de transformar, desde el punto de vista efectivo, la realidad de los ciudadanos que sufren en primera persona esta desigualdad.
De hecho, creo que, humildemente, ya estamos haciendo algunas cosas en ese sentido. España basa sus políticas en datos, no en prejuicios. Y los resultados creo que, poco a poco, estamos viendo que están saliendo adelante. Enfrentamos la desigualdad con una estrategia global apoyada en tres principios: la igualdad de oportunidades, esto es la educación. En segundo lugar, la fortaleza laboral, esto es, las políticas de rentas, pero también las políticas vinculadas, por ejemplo, con la reforma laboral que acordamos con los agentes sociales. Y, finalmente, la justicia fiscal sobre la igualdad de oportunidades.
Bueno, ahí están los datos. Según la OCDE, el 35% de la desigualdad de ingresos en España se explica por el origen familiar, el 35%. Yo creo que la educación pública, sin duda alguna, es el trampolín para que el futuro de una persona dependa de su código de conducta, no del código postal de sus padres. Y por eso ha sido nuestra prioridad desde el primer momento.
Ha habido muchas cosas que hemos hecho en el ámbito de la educación de 0 a 3 años y su universalidad. También desde el punto de vista de la educación básica, o también desde el punto de vista de la educación universitaria. Pero creo que lo más importante, y es lo que me gustaría poner en valor, es la actualización, la modernización que se ha hecho durante estos últimos años de la Formación Profesional. Y que ha conseguido, conjuntamente con el resto de políticas y también las políticas de becas que hemos impulsado desde el Gobierno de España, el que hoy tengamos un abandono escolar en mínimos, aunque efectivamente tenemos que continuar bajándolo. Y también, lo más significativo, una empleabilidad de los jóvenes en máximos. Hoy tenemos nada más y nada menos que 1,2 millones de alumnos y alumnas matriculados en estos estudios, es decir, un 36% más que en el año 2018. Yo creo que esto también es una de las políticas de transformación más notables que se ha logrado por el conjunto de la sociedad española desde el punto de vista también legislativo y de la acción pública en estos últimos años.
España es el segundo país de Europa con mayor movilidad educativa. Yo creo que también esto es muy relevante. La mitad de los adultos con estudios superiores ha sido la primera generación de su familia en obtener, como saben, un título universitario, es decir, casi el doble de la media continental.
Todavía tenemos asignaturas pendientes. Sin duda alguna habrá sido objeto de la conversación y del diálogo a lo largo de esta mañana, como es, por ejemplo, la vivienda y la imposibilidad de poder acceder a mucha, a buena parte la sociedad española, particularmente a los jóvenes. Creo que ahí lo que ha habido es, sobre todo, un abandono de lo público sistemático, recurrente a lo largo de muchísimos años. Estamos tratando de revertir esta situación, aunque evidentemente nos estamos encontrando con un sectarismo ideológico, si podemos decirlo, por parte de gobiernos autonómicos y también de ayuntamientos que se niegan en rotundo a utilizar las palancas que le reconoce, por ejemplo, la Ley de Vivienda. Y creo que esto es también muy importante tener en mente.
Por tanto, tenemos asignaturas pendientes como el acceso a la vivienda y algo en lo que el Gobierno de España está particularmente centrado y comprometido, como es, por ejemplo, el inaceptable nivel de pobreza infantil que sufre nuestro país.
Es cierto que estamos reduciéndolo con políticas valientes, transformadoras, reformas estructurales como es, por ejemplo, el ingreso mínimo vital y el complemento de ayuda para la infancia. Y gracias a ella, nada más y nada menos que estamos protegiendo a 1 millón de niños y niñas en riesgo actual de pobreza.
Por tanto, tenemos que hacer mucho más, por supuesto. Nos recuerda, por cierto, el profesor Milanovic, que reducir la desigualdad de resultados es la mejor forma de evitar que, en efecto, esa desigualdad de oportunidades se perpetúe de generación en generación.
Y por eso vamos a impulsar programas específicos que van a estar destinados ¿a qué? Bueno, pues a fomentar el desarrollo de la empleabilidad, el fomento del empleo de las personas beneficiarias del Ingreso Mínimo Vital, trabajando de forma coordinada para mejorar la atención, ser más eficaces en cuanto a la integración laboral de estas personas vulnerables. Ahí es donde tenemos el reto. Es verdad que estamos trabajando codo con codo con el tercer sector y he tenido ocasión de poder hablar con algunas de estas ONG, pero aún creo que tenemos mucho margen de mejora en esta política tan importante para para luchar contra la pobreza infantil como es el Ingreso Mínimo Vital.
Dos, la cohesión social. Yo creo que hay datos muy llamativos de cómo las políticas de rentas, como la subida del Salario Mínimo Interprofesional, está ayudando precisamente a esa cohesión social, a la reducción de las desigualdades. A mí me gustaría poner en valor, sobre todo más allá de la subida del Salario Mínimo Interprofesional que empezamos esta semana, precisamente con una nueva subida. Es el 66% en ocho años, casi ocho años que hemos subido el salario mínimo interprofesional.
Pero sí me parece importante y relevante recordar cómo ha caído la temporalidad gracias a la reforma laboral. Creo que eso también es una muy buena prueba de que hay reformas que son transformadoras, que son estructurales y que dan respuesta eficaz y equitativa a uno de los principales males que tenía el mercado laboral en nuestro país, como era la alta temporalidad, si nos comparábamos con las medias europeas. Hoy estamos más o menos en la media europea y esto creo que es uno de los grandes éxitos también en cuestión de justicia social que ha logrado esta administración a lo largo de estos últimos ocho años.
Un elemento importante que el otro día salió en los medios de comunicación, no abrió portadas, pero que me parece también especialmente importante, es que mientras en otros países de Occidente, como es por ejemplo Estados Unidos, o también buena parte de los países europeos, el peso de los salarios en relación con el Producto Interior Bruto apenas ha cambiado, en nuestro país, en España, ese peso ha crecido tres puntos en los últimos siete años, tres puntos en los últimos siete años. Por cierto, creciendo el PIB. Ha crecido el PIB y ha crecido la aportación o el peso de los salarios en relación con el Producto Interior Bruto. Para que nos hagamos una idea del logro, estamos diciendo que el 60% de nuestro crecimiento va a parar al bolsillo de los trabajadores y trabajadoras y el 40% a las cuentas de capital. Creo que esto también es una transformación que dice mucho de la política de rentas y la política de redistribución que ha seguido este Gobierno y, lógicamente, animamos de nuevo a la patronal a que se siente con los sindicatos en la mesa de la negociación colectiva para que no solamente el Salario Mínimo Interprofesional, sino los salarios medios se puedan aumentar en los próximos, en los próximos años. Entre otras cosas porque cuando uno ve la evolución de los beneficios empresariales y particularmente las cotizaciones y el rendimiento en bolsa que tienen algunas de estas grandes corporaciones, pues evidentemente creo que es de justicia también reclamar desde el Gobierno de España que ese reparto de beneficios sea lo más justo posible.
Creo que es relevante la política del Salario Mínimo Interprofesional -como he dicho antes, hemos aumentado un 66% desde el año 2018 el SMI-, no solamente porque el 60% de los trabajadores que se benefician de ese aumento son trabajadoras, estamos hablando de mujeres, sino también, y es muy importante recordarlo, porque muchos jóvenes se benefician del aumento del salario mínimo interprofesional y creo que esto también es importante recordarlo.
Por último, creemos en un sistema fiscal justo que redistribuya la renta y la riqueza. Donde no llega el empleo, evidentemente tiene que llegar el Estado del bienestar. Saben ustedes que a lo largo de estos últimos años hemos ido articulando nuevas figuras fiscales también al calor del debate que hemos tenido a escala global, como es, por ejemplo, el impuesto a la riqueza, a las grandes fortunas. Como saben, España tiene impuesto a las grandes fortunas, tiene el impuesto a las Tecnológicas. Un impuesto también a las entidades financieras, a la banca. Por supuesto, también un impuesto de patrimonio. Es verdad que, en el camino, desgraciadamente, hemos perdido el impuesto a las grandes energéticas, pero las mayorías parlamentarias que tenemos en esta legislatura no son las mayorías parlamentarias que teníamos en la anterior legislatura.
En todo caso, España es el único país de la Unión Europea que tiene un impuesto general sobre la riqueza neta, que es el impuesto de patrimonio y, por tanto, gracias a todas estas figuras impositivas y al impuesto de patrimonio, el 10% más rico acapara tres puntos menos de riqueza que la media europea. Se podrá decir que es insuficiente, bien, pero también es cierto que estamos abriendo camino, que estamos a la vanguardia. Y como nos recuerda el profesor Zucman, los que más tienen deben contribuir más y, por tanto, España no va a cejar en que este empeño también se cumpla a escala global. Estamos viendo muchos retrocesos también en el ámbito de la justicia fiscal internacional durante estos últimos años. Pero nuestro empeño continúa ahí. Y por eso lo que hicimos fue adoptar el tipo mínimo del 15% para las grandes multinacionales dos años antes de que obligara la propia directiva europea a ello.
Y por eso también lamentamos que grandes economías, en este caso la estadounidense, se haya excluido de este pacto y que siga bloqueando el otro pilar del acuerdo que permitiera, por ejemplo, que las grandes tecnológicas pagasen lo que les corresponde donde les corresponde. No es solamente el qué, sino también el dónde les corresponde.
En definitiva, señoras y señores, y ya con esto acabo, educación, empleo y fiscalidad. Estas han sido las tres prioridades cuando hablamos de lucha contra la desigualdad. Es verdad que seguimos teniendo una desigualdad alta para lo que son, digamos, los niveles de asimilación de nuestro, de nuestro país y también los objetivos políticos del gobierno. Pero también quiero decir que el propio índice Gini sitúa en el 30,8% en 2025 esa desigualdad, mientras que en otras economías no para de crecer. En España, aún continuando siendo alto, lo hemos ido reduciendo a lo largo de estos años gracias particularmente a estas políticas de redistribución.
Creo que es relevante el papel de las políticas públicas en un momento en el que vivimos y en el que todos estos procesos tecnológicos es evidente que van a cambiar el mundo, no me quiero tampoco extender en ellos, porque ustedes lo saben mucho mejor que yo. Pero sí quisiera decir en términos políticos a los ciudadanos que hay mucha gente que siente que buena parte de ese flujo se acaba yendo por un sumidero cada vez más grande. Y es una suerte como de trituradora de salarios. En definitiva, ese agujero negro del bienestar. Una frase que en muchas sociedades occidentales se repite y es el que no llego a fin de mes, el que no me da la vida. Porque no es suficiente que los poderes públicos facilitemos, por ejemplo, un ingreso mínimo vital como facilitamos o el transporte gratis como estamos facilitando en España, o también unas pensiones dignas que se revalorizan conforme al coste de la vida, si algunos poderes privados lo que hacen es hurtar su proyecto vital.
Muchas veces cuando se habla de "no me da la vida" es el que no puedas ni hacer frente a un medio arañazo en el coche en diez años y se te disparan las primas de seguro de un día para otro, precisamente por un pequeño accidente que puedas tener o tu propio banco ante una subida de la hipoteca, pero no la remuneración de tu cuenta de ahorro mientras efectivamente se baten récords de beneficios como estamos viendo. O que un fondo de inversión te duplique el alquiler de tu casa o de tu negocio porque tu comunidad autónoma no aplique la Ley de Vivienda, como desgraciadamente está pasando en comunidades muy importantes, como es por ejemplo la Comunidad de Madrid. O dejarte 400 € al mes en el comedor las actividades de tus hijos en la educación pública mientras tus impuestos subvencionan la privada.
Esto es curioso, porque nosotros desde el Gobierno de España, lo he dicho en muchas ocasiones, a lo largo de estos últimos siete años hemos aumentado la transferencia a las comunidades autónomas en 300.000 millones de euros, pero ¿dónde han ido a parar ese aumento de transferencias para el fortalecimiento de políticas públicas? Si uno mira cuáles son los índices de satisfacción de los ciudadanos y ciudadanas sobre sus servicios públicos -la educación, la sanidad, la dependencia , los servicios sociales-, lo que se ve es una creciente insatisfacción que no es coherente ni consistente con el aumento de transferencias que desde la Administración General del Estado estamos dando a las comunidades autónomas y eso tiene mucho que ver también, primero, con los regalos fiscales que se hacen en estas comunidades autónomas a las élites de esas comunidades autónomas, y en segundo lugar, cómo se abren de par en par pues efectivamente, a la iniciativa privada, políticas públicas que deberían salvaguardarse, al menos desde el punto de vista más estructural, en relación con los derechos y las políticas públicas.
Por tanto, esa trituradora de salarios es la desconexión entre el crecimiento económico y el bienestar de las clases medias y las clases trabajadoras. La economía, lógicamente, crea valor, pero hay una parte creciente que se captura antes de llegar a los hogares y es como consecuencia también no de que España esté creciendo, no de que se pongan en marcha políticas de redistribución por parte del Gobierno de España, sino que hay políticas de redistribución que están en manos de las comunidades autónomas y que simplemente se olvidan, se debilitan, cuando no abiertamente se confronta con esas políticas públicas, como estamos viendo en muchos territorios, singularmente, también de nuevo, por desgracia, aquí en Madrid.
Bueno, yo creo que la gente al final lo que quiere es un proyecto vital y algunos se lo están negando mientras ellos sí se pegan la vida padre. Y esto yo creo que es importante también decirlo, porque este gobierno no es como otros, no va a ir a las mansiones de estas élites a rendirles pleitesía , ni todas las criptos del mundo, ni todos los likes de YouTube van a poder, con nuestro compromiso a favor de la mayoría social de este país.
Bueno, son oligarcas, efectivamente, que lo que tratan es de consolidar un status quo de desigualdad que les va bien y lo que nosotros queremos es que cumplan con su obligación, que paguen sus impuestos y que paguen por cierto también más a sus trabajadores, porque les está yendo bien, por cierto, bajo este régimen comunista chavista que aparentemente vivimos en España desde hace ya siete años. Ahí están la evolución de la Bolsa y ahí están los rendimientos de crecimiento económico, que, bueno se podría decir, es que Europa está creciendo también. No, Europa no está creciendo. Hay algunos síntomas alentadores de crecimiento económico, entre ellos España, entre otras cosas porque estamos haciendo cosas de manera muy diferente al mainstream actual en Europa. Es decir, vincular la competitividad con la sostenibilidad, también con la sostenibilidad social.
En definitiva, vamos a defender que la igualdad no es una quimera en España, sino que es una bandera, una bandera a la cual, por cierto, se abrazan muchísimos ciudadanos y ciudadanas, vivan donde vivan y, por cierto, piensen y voten lo que piensen, lo que voten y piensen cuando se convoquen las elecciones.
Bueno, termino. Yo creo que en el mundo desigual en el que vivimos se presenta como una suerte de destino inevitable, cuando no una realidad, ese resultado de una forma de entender el poder y es la inflación de la codicia y la contracción de la política; la inflación de la codicia y la contracción de la política. Privatizar recursos públicos genera un gran beneficio para esos oligarcas de la desigualdad. Todos lo sabemos, ellos también lo saben. Pero si algo ha quedado claro en esta jornada es que también supone la gasolina del agravio que alimenta a movimientos reaccionarios. La crisis financiera , la trituradora de salarios después, han erosionado el contrato que legitimó a nuestra democracia, que la legitima de hecho. Cedemos a autonomía, pagamos impuestos para que el Estado nos ofrezca la seguridad de vivir mejor. Y cuando hablamos de seguridad no estamos hablando solamente del trabajo encomiable que hacen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sino estamos hablando de esta seguridad, en definitiva, de esta predictibilidad que puedes tener a la hora de hacer planes, tú personalmente y por supuesto tu familia. Tenemos que recuperar el papel, por tanto, que le corresponde a la política, algunas cosas a nivel autonómico, otras a nivel nacional y por supuesto también a escala europea y a escala multilateral. Y en eso, evidentemente es donde está el Gobierno de España.
Yo soy consciente, plenamente consciente, de que queda muchísimo por hacer en la agenda de la igualdad o en la agenda de la desigualdad. Pero en España, creo, podemos extraer algunas lecciones a lo largo de estos últimos siete años. Y es que demostramos con hechos, no solamente de palabra, sino con políticas y con resultados, que hay un camino alternativo al pensamiento que por desgracia hoy está invadiendo y ocupando buena parte de la conversación pública por parte de los gobiernos. Que podemos avanzar hacia una mayor igualdad con políticas valientes y con políticas audaces, y que hay un horizonte para conquistar un futuro en el que la única desigualdad que persista sea la del tamaño de nuestros sueños.
Así que enhorabuena por esta jornada. Muchísimas gracias al CSIC, a la presidenta también por su compromiso precisamente en la investigación científica de la desigualdad. Gracias por su participación. De verdad, cuenten con el compromiso de España. Vamos a impulsar este grupo de expertos, este panel de expertos, como hemos hecho también con el de la inteligencia artificial. Y desde luego, cuenten no solamente con ese, digamos, compromiso para que ustedes puedan hacer su investigación científica para también que eso se nos devuelva con un mayor conocimiento de cómo mejorar nuestras políticas públicas, sino cuenten con que esta batalla lógicamente la vamos a continuar dando a nivel europeo y a nivel internacional, porque evidentemente si no contamos con ese esa dimensión europea y esa dimensión internacional, difícilmente podremos ser eficaces en la lucha contra esta desigualdad.
Nada más y muchas gracias.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)