04/22/2026 | Press release | Distributed by Public on 04/23/2026 06:45
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Alfredo García Fernández cuenta con 25 años de experiencia, primero como operador de reactor y actualmente como supervisor en la central nuclear española de Ascó. En 2011 se propuso desmontar los mitos sobre la ciencia y la tecnología nucleares.
En el primer Simposio Internacional sobre IA y Energía Nuclear del OIEA, Alfredo García Fernández explica los principales retos que plantea el uso de la inteligencia artificial en las centrales nucleares (Fotografía: OIEA).
Motivado por la información engañosa sobre el accidente nuclear de Fukushima Daiichi, colaboró con una plataforma de blogs de comunicación científica para publicar una carta abierta sobre el incidente, posteriormente repondió a miles de comentarios de lectores que buscaban aclaraciones sobre este complejo tema. En 2016, García decidió abrir una cuenta en Twitter (ahora llamado X), que hoy cuenta con alrededor de medio millón de seguidores en diversas plataformas de redes sociales. Conocido como @OperadorNuclear, García afirma que en las redes sociales le preguntan sobre una "gran variedad de temas", pero la mayoría de ellos están relacionados con los desechos radiactivos, los accidentes nucleares y la radiactividad.
Desde hace unos cuatro años, se habla mucho en todo el mundo de la necesidad de la energía nuclear para alcanzar los objetivos climáticos, así como de su sostenibilidad. La energía nuclear se considera una fuente de energía limpia por una razón fundamental: durante su funcionamiento no emite dióxido de carbono ni contamina la atmósfera. Las centrales nucleares no se basan en la combustión y, por lo tanto, no liberan gases de efecto invernadero ni contaminantes atmosféricos como óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre o partículas finas. Lo que se ve salir de las torres de refrigeración es vapor de agua, ya que los reactores nucleares calientan agua para producir vapor que impulsa las turbinas para generar electricidad. En lo que respecta al ciclo de vida completo, desde el combustible nuclear nuevo hasta el desmantelamiento de la central, los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático muestran que las emisiones de la energía nuclear son comparables a las de fuentes renovables como la eólica y la solar. Gracias a esta baja huella de carbono de la energía nuclear se ha evitado la emisión de millones de toneladas de CO₂ a la atmósfera a lo largo de décadas de funcionamiento.
Además, la energía nuclear es la única tecnología de generación de electricidad para la que solo se obtiene una licencia si se dispone de planes claros para la gestión de sus desechos. El combustible nuclear gastado y los desechos radiactivos deben gestionarse de forma segura y deben identificarse, clasificarse y aislarse claramente para garantizar su gestión segura a corto, medio y largo plazo. El objetivo final de la gestión de los desechos radiactivos y del combustible nuclear gastado, cuando se consideran desechos, es su eliminación segura en instalaciones específicamente diseñadas y autorizadas para estos fines.
Central nuclear Taishan de China (Fotografía: Taishan Nuclear Power Joint Venture Co. Ltd)
La energía nuclear y las energías renovables no compiten entre sí, sino que se complementan. La energía eólica y la solar son tecnologías esenciales para la descarbonización, pero su producción depende de condiciones meteorológicas variables que no siempre coinciden con la demanda de electricidad. Un sistema eléctrico fiable requiere fuentes capaces de proporcionar un suministro continuo cuando no sopla el viento o no brilla el sol.
La energía nuclear proporciona precisamente esa estabilidad. Funciona de forma continua con altos factores de capacidad y puede ajustar su producción de energía para adaptarse a la variabilidad de las energías renovables. En muchos países, las centrales nucleares ya realizan operaciones de seguimiento de la carga, y reducen o aumentan la producción para facilitar la integración de la energía eólica y solar sin comprometer la seguridad del sistema.
La eliminación gradual de la energía nuclear no conduce a un aumento de las energías renovables, sino a una mayor dependencia de las fuentes fósiles de respaldo. Allí donde se ha cerrado la capacidad nuclear sin una alternativa firme de bajas emisiones de carbono, el resultado ha sido un mayor uso de combustibles fósiles y un aumento de las emisiones. Una combinación energética equilibrada mezcla las energías renovables variables con la energía nuclear, que proporciona firmeza, estabilidad de la red y bajas emisiones. No es una cuestión de preferencia tecnológica, sino de física del sistema eléctrico y de seguridad del suministro.
La idea de que el combustible nuclear es verde y brilla es uno de los mitos más persistentes asociados a esta tecnología.
En realidad, tanto el combustible nuclear no irradiado como el gastado son materiales cerámicos sólidos, de color oscuro, estables y sin ningún brillo visible. Los términos "gastado" y "no irradiado" indican si el combustible ha sufrido o no fisión nuclear.
Ambos tipos de combustible pueden manipularse de forma segura de acuerdo con los procedimientos de seguridad establecidos.
El brillo azul que a menudo se asocia con el combustible nuclear gastado tiene su origen en un fenómeno físico conocido como radiación Cherenkov. Este se observa, por ejemplo, en las piscinas de combustible gastado, donde el agua proporciona blindaje contra la radiación y refrigeración. La radiación Cherenkov indica los altos niveles de radiación beta o gamma del combustible gastado y es una manifestación visual de procesos físicos bien conocidos y cuidadosamente gestionados. Este efecto se produce cuando partículas cargadas se desplazan a través de un medio, como el agua, a una velocidad superior a la de la luz en ese medio, produciendo una luz azul característica.
En el agua que rodea el combustible de los reactores nucleares se produce radiación Cherenkov. Las partículas con carga eléctrica que se desplazan a velocidades muy elevadas son un subproducto de la reacción que tiene lugar en el interior del reactor. (Foto: OIEA)
Cuando se considera gastado, el combustible nuclear se retira del núcleo del reactor y se gestiona de forma segura y responsable desde el momento en que se extrae del reactor. En términos de volumen, la cantidad de combustible gastado generada es muy reducida: un reactor nuclear típico de 1000 megavatios genera alrededor de nueve metros cúbicos de combustible gastado al año. Todo este material se identifica, supervisa y confina por completo, sin que se produzca ninguna emisión al medio ambiente.
El combustible gastado se almacena inicialmente en piscinas dentro del reactor, donde el agua proporciona refrigeración y actúa como un eficaz escudo contra la radiación. Posteriormente, puede transferirse a una instalación de almacenamiento externa, situada ya sea en el emplazamiento de la central nuclear o fuera de él. La instalación de almacenamiento externa puede consistir en otra piscina de combustible gastado o en sistemas de almacenamiento en seco. Los sistemas de almacenamiento tanto en húmedo como en seco están diseñados para garantizar la seguridad durante todo el período de almacenamiento, que puede durar varias décadas.
Además, parte del combustible gastado puede reprocesarse para recuperar materiales valiosos que se reciclan como nuevo combustible nuclear, lo que reduce el volumen y la carga de los desechos finales y la huella de la instalación de almacenamiento y preserva los recursos naturales. La gestión de los desechos gastados y de actividad alta no es una cuestión sin resolver, sino un componente integrado de la tecnología nuclear, que se ha abordado con planificación, rigor y responsabilidad durante los últimos 70 años.
Instalación de almacenamiento de combustible nuclear gastado Onkalo, actualmente en construcción en Olkiluoto, Finlandia. Consiste en un sistema de túneles diseñado específicamente para este fin. (Foto: Posiva Oy)
No es cierto que las centrales nucleares solo funcionen durante 40 años. Esta cifra se refiere a la vida útil prevista en el diseño original, que no debe confundirse con la vida útil real de una instalación. En el diseño se prevé un período mínimo de vida útil para garantizar la seguridad y la fiabilidad durante la fase de amortización, pero este no representa un límite técnico ni operativo. La experiencia internacional demuestra que una central nuclear bien mantenida, con programas de inspección continuos, sustitución de equipos y actualizaciones de los sistemas, puede funcionar de forma segura durante muchos decenios más. Como resultado de ello, muchos reactores de todo el mundo ya cuentan con licencias de explotación de 60 años y, en los Estados Unidos de América, la Comisión Reguladora Nuclear está concediendo autorizaciones para operar hasta 80 años.
Las decisiones sobre la prolongación de la vida útil se basan siempre en evaluaciones técnicas exhaustivas realizadas por las autoridades reguladoras, y no en la antigüedad cronológica de la central. La explotación a largo plazo es ahora una práctica bien establecida, respaldada por décadas de datos operativos y normas de seguridad rigurosas. La energía nuclear es, por lo tanto, una infraestructura a largo plazo, fiable y plenamente pertinente.
Las centrales nucleares se encuentran entre las instalaciones industriales más seguras del mundo. (Foto: AdobeStock)
Las centrales nucleares son entornos de trabajo muy regulados y se encuentran entre las instalaciones industriales más seguras del mundo. Cuando se comparan las diferentes fuentes de generación de electricidad en términos de víctimas mortales por unidad de energía producida, la energía nuclear presenta cifras tan bajas como las de las energías renovables, muy por debajo del carbón, el petróleo y el gas. Esta comparación incluye tanto los accidentes laborales como los efectos indirectos sobre la salud.
La protección radiológica en el trabajo es uno de los pilares de la explotación nuclear e implica controles y procedimientos estrictos, incluida una vigilancia constante para mantener las dosis muy por debajo de los límites. Las dosis recibidas durante el funcionamiento normal de la central son muy bajas, a menudo comparables o inferiores a la radiación de fondo natural a la que nos exponemos en la vida cotidiana procedente de fuentes ambientales o médicas.
La seguridad nuclear no se basa en un único sistema, sino en múltiples barreras físicas, procedimientos operativos rigurosos, capacitación continua y una cultura de la seguridad profundamente arraigada. Este enfoque ha garantizado que, tras décadas de funcionamiento en todo el mundo, la energía nuclear mantenga un historial excepcional en materia de seguridad laboral. Esto es el resultado de aplicar una ingeniería sólida, controles y responsabilidad al más alto nivel.
Las normas de seguridad del OIEA contribuyen a garantizar un alto nivel de seguridad nuclear y radiológica. El OIEA también ofrece servicios de examen por homólogos y de asesoramiento, que se llevan a cabo en instalaciones nucleares a petición de los países.