06/25/2026 | Press release | Distributed by Public on 06/25/2026 14:40
En un encuentro organizado por el Arzobispado de Santiago, ambos abordaron los efectos de la inteligencia artificial sobre el trabajo y la responsabilidad humana frente a esta nueva tecnología.
"La pregunta de fondo es qué sociedad queremos construir. ¿Una cultura del poder o una civilización del amor?". Con esas palabras, el cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago y gran canciller de la Pontificia Universidad Católica de Chile, resumió uno de los principales desafíos que plantea el avance de la inteligencia artificial durante la conferencia online "Inteligencia Artificial y Trabajo: la encrucijada de una nueva era", organizada por el Arzobispado de Santiago de Chile.
Inspirado en la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, el encuentro reunió al cardenal Chomali y a la vicerrectora de Inteligencia Digital de la UC, Paula Aguirre, en una reflexión sobre los cambios culturales y laborales que trae consigo esta tecnología y sobre la responsabilidad humana necesaria para orientar sus efectos.
Revisa la conferencia.
Ambos coincidieron en que la inteligencia artificial ofrece enormes posibilidades, pero que su desarrollo y uso exigen comprender sus alcances y mantener siempre a la persona humana en el centro. El cardenal Fernando Chomali afirmó que "la técnica puede hacer un bien enorme, pero también un daño enorme", mientras que Paula Aguirre subrayó que conocer cómo funcionan estos sistemas permite entender sus limitaciones y tomar decisiones más responsables respecto de su utilización.
Durante su exposición, Paula Aguirre planteó que entender qué ocurre "tras bambalinas" en la inteligencia artificial es fundamental para desmitificarla y reconocer que, pese a su enorme capacidad, no posee conciencia moral ni criterio propio. "Creo que es importante entender cómo funciona la inteligencia artificial, porque eso ayuda a comprender cuáles son sus limitaciones y por qué está sujeta al poder y a la influencia de quienes la construyen y la entrenan", explicó.
La vicerrectora detalló cómo se desarrollan los modelos de inteligencia artificial generativa y explicó que estos sistemas son capaces de imitar ciertas funciones de la inteligencia humana, pero no de razonar o discernir moralmente. En esencia, señaló, funcionan identificando patrones y prediciendo estadísticamente cuál es la palabra o respuesta más probable a partir de los ejemplos con los que fueron entrenados. A diferencia de las personas, no comprenden el significado de lo que producen ni poseen conciencia moral, sino que operan a partir de modelos estadísticos alimentados y ajustados por decisiones humanas. "Son sistemas que imitan ciertas funciones de la inteligencia humana, pero no tienen conciencia, no distinguen entre el bien y el mal ni asumen las consecuencias de lo que producen", explicó.
Por ello, advirtió que tanto los datos con los que son entrenados como los criterios definidos por quienes los desarrollan influyen en sus resultados, haciendo indispensable comprender su funcionamiento para utilizarlos de manera adecuada y con sentido crítico. "Usarlas de buena forma requiere entender cómo se han generado estos sistemas y evitar la falsa ilusión de que sus respuestas son siempre las correctas", expresó.
Asimismo, llamó a estudiantes, trabajadores y organizaciones a cultivar una formación continua y un espíritu crítico que permita utilizar estas herramientas para potenciar las capacidades humanas y no para sustituirlas. "Lo que buscamos es que la inteligencia artificial complemente nuestras capacidades personales. Finalmente, somos nosotros quienes tenemos que emitir el juicio y asumir las responsabilidades de los usos y las aplicaciones que se le dan", relevó.
El cardenal Fernando Chomali afirmó que "la técnica puede hacer un bien enorme, pero también un daño enorme". (Crédito fotográfico: Pexels)Riesgos de la automatización
En su intervención, el cardenal Fernando Chomali destacó que la inteligencia artificial constituye uno de los cambios culturales más profundos de nuestro tiempo y sostuvo que su desarrollo debe ser evaluado desde la dignidad humana y no únicamente desde criterios de eficiencia. "La inteligencia artificial puede ser una herramienta, pero nunca puede ocupar el lugar de la persona ni sustituir su responsabilidad moral", sostuvo.
El arzobispo puso especial énfasis en las transformaciones que la automatización puede producir en el mundo laboral. Recordó que el trabajo constituye una expresión de la dignidad humana y llamó a prepararse para una transición que no deje personas atrás. "El desempleo es un mal grave. Es una pandemia social que, cuando alcanza proporciones importantes, se convierte en una calamidad social", advirtió.
En ese contexto, afirmó que empresas, universidades, colegios profesionales, sindicatos y organismos públicos tienen la responsabilidad de abrir espacios de reflexión y generar nuevas oportunidades de formación y empleabilidad frente a los cambios que ya está introduciendo la inteligencia artificial. En ese sentido, sostuvo que no toda innovación puede considerarse justa cuando genera exclusión, precariedad o pérdida masiva de empleos.
A juicio del gran canciller de la UC, la discusión en torno a la inteligencia artificial no consiste en rechazar la tecnología, sino en ponerla al servicio de una visión de la persona y de la sociedad que promueva la dignidad humana, el trabajo y el desarrollo integral.