06/11/2026 | Press release | Distributed by Public on 06/11/2026 11:19
El agua ha sido, desde los orígenes de la civilización, mucho más que un recurso indispensable: sirve para ordenar asentamientos humanos, para impulsar la economía productiva, para propiciar el comercio y la comunicación.
Los caminos, las poblaciones, los espacios para el intercambio y las formas de organización social se han desarrollado, en buena medida, en relación con los cursos fluviales, convirtiéndolos en geografía humana y en geografía política. Comprender los ríos es comprender cómo se configura cualquier país y, desde luego, también el nuestro.
Ya decía Joaquín Costa -hace 125 años- que la gestión del agua constituía uno de los grandes asuntos nacionales. La reflexión en torno a la adecuada explotación y distribución de un recurso escaso ha sido una constante en el pensamiento de nuestros intelectuales y en la acción de nuestros servidores públicos.
Fue a partir de ese ideario regeneracionista cuando comenzó a tomar forma una nueva manera de entender la gestión del agua: ajustarla a la realidad de las cuencas hidrográficas y no a los límites administrativos.
Nació así -hace ahora un siglo- la Confederación Hidrográfica del Ebro, primera institución de su naturaleza en el mundo. Aquella experiencia pionera situó a España a la vanguardia en este ámbito y marcó el inicio de una de las aportaciones más relevantes de nuestro país a la ingeniería, a la organización del territorio y a la acción pública.
Aquella obra fue posible gracias a la convergencia de una visión política, un ambicioso proyecto técnico y una decidida voluntad de servicio al interés general. Figuras como Rafael Benjumea, impulsor de importantes iniciativas de ingeniería y desarrollo hidráulico, y Manuel Lorenzo Pardo, uno de los grandes artífices de la planificación hidrológica moderna en España, desempeñaron un papel fundamental en su concepción y puesta en marcha. A ello se sumó el respaldo de la Corona durante el reinado de mi bisabuelo, Alfonso XIII, contribuyendo entre todos a sentar las bases de una institución que, a lo largo de las décadas, ha acompañado el desarrollo económico, social y territorial de amplias zonas de España.
"...Durante este siglo las Confederaciones Hidrográficas han contribuido a la consolidación de una cultura del agua basada en la planificación, el conocimiento y la responsabilidad compartida. Su continuidad y proyección internacional -que ha servido de referencia para otros países y ha contribuido a configurar algunos de los principios que hoy inspiran la gobernanza europea del agua- son, probablemente, la mejor prueba de su vigencia. Ese es el legado que hoy celebramos..."
Con el tiempo, aquella experiencia se extendería al conjunto de las grandes cuencas españolas -las del Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Júcar, Segura, Cantábrico y Miño-Sil - y acabaría dando lugar al modelo de gestión por cuencas que hoy conocemos.
La originalidad de las Conferencias Hidrográficas no radica únicamente en las infraestructuras que impulsaron ni en los recursos que ayudaron a administrar. Consiste, sobre todo, en haber reconocido la cuenca hidrográfica como una realidad física, económica y social merecedora de una gestión integral.
Hoy, las instituciones que representáis siguen siendo la plasmación de aquella misma idea. Durante este siglo han contribuido a la consolidación de una cultura del agua basada en la planificación, el conocimiento y la responsabilidad compartida.
Su continuidad y proyección internacional -que ha servido de referencia para otros países y ha contribuido a configurar algunos de los principios que hoy inspiran la gobernanza europea del agua- son, probablemente, la mejor prueba de su vigencia. Ese es el legado que hoy celebramos.
Al mirar hacia el futuro, los desafíos son tan exigentes como los iniciales, o incluso mayores. La necesidad de preservar los ecosistemas requerirá seguir avanzando en la protección de ríos, humedales y acuíferos, esenciales para la biodiversidad y para el equilibrio de nuestros territorios.
La adaptación al cambio climático exigirá gestionar recursos sometidos, cada vez con más frecuencia, a fenómenos extremos. Exigirá también atender a las transformaciones en la demanda del agua y a las nuevas necesidades de nuestra sociedad, sin perder de vista los sectores tradicionales. Todo ello exigirá igualmente invertir aún más en ese gran activo de las Conferencias Hidrográficas que es su personal, ejemplar en su servicio y altamente cualificado.
Es una tarea ingente, pero también imprescindible. Porque, si hay algo que encaja de manera natural en la noción de bien común, es, sin duda, el agua. En ella, en los ríos, embalses y canales, se refleja nuestra memoria viva y en su gestión, nuestra garantía de futuro.
Muchas gracias.