03/22/2026 | Press release | Distributed by Public on 03/22/2026 06:40
Intervención del ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, en la X Cumbre de la CELAC.
Excelencias:
Cuba es Estado fundador de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y ha asistido a todas sus Cumbres con la voluntad de impulsar y fortalecer la integración entre nuestras Naciones y el diálogo inclusivo y la concertación política entre nuestros Estados y Gobiernos.
Hemos intercambiado desde amplias y profundas coincidencias y desde el respeto a nuestras diferencias, hemos puesto nuestros modestos esfuerzos a disposición de los pueblos de la región y, cuando ha sido necesario, ha sacrificado intereses nacionales en bien de la integración. Sin vacilaciones ni condicionamientos, hemos defendido con inquebrantable firmeza la igualdad soberana y la independencia colectivas y promovido en nuestra Comunidad de Estados el principio de la unidad en la diversidad.
Cuba siempre ha sido leal a los objetivos, alianzas y valores comunes y al interés de los pueblos de Nuestra América, siempre coherente en sus declaraciones y actos, siempre apegada a la verdad, la justicia, la razón y la solidaridad. Detestamos la traición a los valores, el oportunismo y la sumisión. Jamás hemos callado ante el abuso y el martirio de un pueblo.
Cuba no ha cejado, ni cejará, en su empeño de preservar y defender a ultranza su total independencia y absoluta soberanía, a pesar de la ilegal y cruel política de guerra y persecución económica del gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país, sostenida de manera ininterrumpida desde hace más de 60 años, y materializada ahora en un bloqueo recrudecido a niveles extremos, cuya expresión más reciente ha sido la Orden Ejecutiva del 29 de enero y la imposición de un brutal cerco energético con graves consecuencias humanitarias para nuestra población.
Hemos podido mitigar sus peores impactos gracias a la participación, la conciencia, la unidad y la abnegación de nuestro pueblo, al eficaz esfuerzo del Estado y Gobierno, al apoyo de las organizaciones populares y sociales, con la conducción del líder de la Revolución Raúl Castro Ruz y del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
También, como resultado de la obra social, la infraestructura, la resiliencia de nuestra economía, nuestros propios recursos y la creatividad y el tesón de los cubanos. Es producto asimismo del programa de transformaciones económicas que llevamos a cabo, cuyo elemento más visible ha sido una eficaz inversión en energía fotovoltaica.
Es sabido por todos que Cuba no es una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos. La historia demuestra, hasta días recientes, que Cuba es víctima de actos de terrorismo que se financian y organizan desde territorio estadounidense. Las poderosas plataformas tóxicas de la agresión comunicacional contra nuestro país calumnian e incitan a la violencia desde el Norte.
Ahora, Estados Unidos declara casi a diario y de forma pública sus intenciones de agredir militarmente a Cuba o de lograr, por vía de la coerción, el derrocamiento del gobierno cubano. Lo presenta como algo inminente. Para justificar sus pretensiones, esgrime simplemente el pretexto de que el modelo político y económico de Cuba ha fracasado, como si tal argumento fuera motivo suficiente para someter a castigo colectivo a toda la población de un país o agredirla militarmente.
Si ese fuera el caso, ¿qué explica entonces la guerra económica despiadada para precisamente provocar el fracaso del país? ¿Para qué es necesario privar a Cuba de acceso a fuentes de financiamiento, mercados, tecnología y combustible?
¿Quién podría defender la conducta de una superpotencia que aplica un terrible castigo colectivo a un pueblo entero porque no le agrada el sistema político, económico y social que este se ha dado?
Insólitamente, el infame y muy secreto memorando de 1962 del subsecretario Mallory, ahora se ha convertido en política oficial y pública. Constantemente, se ufanan de ser los causantes directos del daño que deliberadamente infligen a las familias cubanas.
Pese a todo, fieles a nuestra tradición, mantenemos conversaciones con el gobierno estadounidense basadas en la igualdad soberana, el respeto mutuo, el beneficio recíproco, el Derecho Internacional, sin injerencia en los asuntos internos ni en los sistemas políticos. Lo hacemos de manera seria y responsable, sin campañas mediáticas, con la debida discreción, buena voluntad y el mayor realismo.
Conocemos las inmensas presiones que el gobierno estadounidense ejerce sobre muchos de los gobiernos aquí representados, incluyendo aquellos a los que nos unen fraternos y antiguos lazos de cooperación y solidaridad. Algunas poblaciones de bajos ingresos y lugares remotos han sido privados de los casi únicos servicios médicos que recibían, a causa de la despiadada persecución estadounidense de la cooperación internacional cubana. En pocos, pero lamentables casos han provocado daños, pero en ninguno han podido cambiar los hondos vínculos entre nuestros pueblos.
Más allá de posturas ideológicas, contradicciones políticas, diferendos históricos, estrechos intereses, lo que debemos cambiar en nuestro hemisferio es la agresiva conducta de dominación, despojo y conquista de Estados Unidos, su apego a la Doctrina Monroe y Corolarios, y a la noción supremacista y racista de que América Latina y el Caribe son su patio trasero.
Con toda claridad y firmeza, denunciamos ante esta Cumbre, que tal como alertó nuestro Héroe Nacional, José Martí, hoy Estados Unidos amenaza a nuestros pueblos de América, y ese peligro solo puede enfrentarse si nos levantamos unidos, en defensa de la soberanía e independencia de nuestras naciones.
Para hacer realidad el sueño de nuestros próceres independentistas, surgió la CELAC, y a su defensa y fortalecimiento hemos dedicado esfuerzos y empeños.
Ha sido y es nuestra alternativa a las agendas elitistas y subordinadas a intereses ajenos de dominación neocolonial. Desde ella, defendamos el Derecho Internacional frente al intento de imponernos reglas arbitrarias, discriminatorias y tiránicas. Protejamos y preservemos a la CELAC y la Organización de las Naciones Unidas de construcciones ideológicas y dictatoriales, como el llamado "Escudo de las Américas", para imponernos subordinación y objetivos espurios en la defensa y seguridad hemisféricas.
Defendámonos en común de agresiones militares, y del secuestro de Jefes de Estado como en la República Bolivariana de Venezuela; de invasiones y bombardeos preventivos como los que en Irán incendian el Medio Oriente y socavan la economía mundial o de genocidios como el de Palestina; y que si una poderosa y democrática articulación internacional no los detiene con determinación, en el futuro apuntarán contra nuestros pueblos.
La Historia no perdonará a quienes pretendan ignorar o evadir la complejidad y el peligro del actual contexto regional ni las amenazas que hoy se ciernen sobre Nuestra América y sobre Cuba.
Tampoco renunciaremos a la resuelta aplicación de la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, logro histórico de nuestra Comunidad y basamento de las relaciones entre nuestros países, y de estos con el resto del mundo, incluido el vecino poderoso. Defendamos nuestra dignidad.
En nombre del gobierno y el pueblo cubanos, traslado mi más sentido agradecimiento a quienes nos han tendido la mano y han mostrado y actuado en solidaridad con Cuba.
Creemos firmemente que la CELAC recuperará su capacidad de actuar como la voz y cuerpo de Nuestra América y de tomar empuje para defender el derecho de Latinoamérica y el Caribe a mantener la soberanía y la independencia ganadas en siglos de lucha contra el colonialismo; de no plegarse frente a las amenazas y los designios de una potencia que nos desprecia; y de proclamar la unidad, la cooperación y el respeto mutuo entre nuestros países, como premisa elemental para impulsar las aspiraciones de los pueblos de nuestra región a un futuro de paz, justicia y desarrollo.
Muchas gracias.