06/19/2026 | News release | Distributed by Public on 06/19/2026 17:37
Usar la inteligencia artificial (IA) para entender conceptos u organizar tareas es útil. Sin embargo, buscar a ChatGPT a cada rato para que te diga qué hacer podría ser una señal de alerta, advirtió el psicólogo Julio Nicolás Sandoval.
El egresado de la Maestría en Estudios Humanísticos delTec de Monterrey dijo que esta práctica no tiene que ser mala por defecto, pero se vuelve un riesgo cuando la IA deja de ser una herramienta y empieza a ocupar el lugar de tus amigos, tu familia o un psicólogo.
Como parte de su investigación de maestría, realizada con jóvenes de entre 18 y 30 años en Nuevo León, Sandoval analizó cómo se usan los asistentes de IA para buscar apoyo psicológico y qué situaciones pueden hacer que las personas se enganchen emocionalmente con ellos.
"Cuando empiezas a conversar prolongadamente con una IA y, mediante su lenguaje, te da la razón, te valida y te permite sentirte más cercano, comienzas a proporcionarle cualidades humanas", explicó.
Sandoval analizó cómo se usan los asistentes de IA para buscar apoyo psicológico y qué situaciones pueden hacer que las personas se enganchen. Foto: ShutterstockLa dependencia emocional hacia una IA ocurre cuando una persona empieza a necesitar sus respuestas constantemente para calmarse, sentirse comprendida, recibir validación o tomar decisiones.
El especialista aclaró que este tema todavía es muy nuevo. Por eso, en su investigación utilizó como guía pruebas que miden la adicción a la tecnología, además de entrevistas para detectar comportamientos que podrían advertir un uso excesivo.
Entre esas señales están el usar la aplicación frecuentemente para hablar de emociones, estresarse cuando no se puede acceder a ella, tener dificultades para decidir sin consultarla y tratar al sistema como si fuera una persona.
Esto último se llama antropomorfización de la inteligencia artificial.
Esta ocurre cuando se le atribuyen características humanas a la tecnología; por ejemplo, darle un nombre, pedirle que hable con cierto tono, verla como una amiga o sentir que realmente conoce y comprende al usuario.
"Al uso constante se suma el darle cualidades humanas, ponerle un nombre o construir una relación con ella. Eso empieza a verse más similar a la dependencia emocional que se puede desarrollar hacia una pareja, un familiar o incluso una mascota", señaló.
Una IA conversacional como ChatGPT está diseñada para comunicarse de forma fluida, retomar información compartida anteriormente y adaptar su lenguaje a las necesidades del usuario.
"Tenemos que aprender que las relaciones humanas son incómodas y que a veces pueden traer conflicto. Puedes pedir un consejo y quizá no sea el que te gusta. Si preferimos siempre la comodidad y la practicidad, nos vamos a alejar", reflexionó Sandoval.
El especialista también advirtió que estos sistemas pueden validar la versión presentada por el usuario, pues únicamente conocen la información que este les proporciona.
Por ejemplo, cuando una persona habla sobre una ruptura, un problema laboral o una discusión familiar desde su perspectiva, la IA puede reforzar esa interpretación sin conocer el panorama completo.
"Si alguien quiere validación emocional, ahí puede encontrarla. Por eso hay que ser muy críticos con lo que responde y con la forma en que presenta a las otras personas involucradas", indicó.
Una IA puede validar la versión del usuario porque responde únicamente con la información y el contexto que este le proporciona, advitió Nicolás Sandoval. Foto: CortesíaBasándose en los resultados de su investigación, el EXATEC identificó algunas señales de apego emocional hacia ChatGPT:
El investigador aclaró que presentar una sola de estas conductas no significa necesariamente que una persona sea dependiente. Es necesario observar la frecuencia, la duración, el propósito del uso y el nivel de autonomía que conserva el usuario.
"La pregunta es cuánta agencia le estoy entregando, cuántas decisiones tomo a partir de lo que me diga y qué pasaría si un día ya no pudiera utilizarla", afirmó.
Sandoval reconoció que la inteligencia artificial puede apoyar el bienestar emocional cuando se utiliza como una herramienta complementaria. Foto:ShutterstockEl estudio de Sandoval incluyó una encuesta aplicada a 110 personas. El investigador reconoció que se trata de una muestra pequeña y que sus resultados deben entenderse como un primer acercamiento al fenómeno.
En este grupo, el 33.3 por ciento de los participantes registró niveles importantes de adicción tecnológica.
Además, el 19 por ciento consideró que una inteligencia artificial podría ofrecer un mejor acompañamiento terapéutico que un psicólogo o un psiquiatra.
Otro hallazgo fue que varias personas describían conductas asociadas con la dependencia, pero no las reconocían como tales.
Algunos participantes que aseguraban mantener un control neutral sobre el uso de la IA obtuvieron los puntajes más altos en la escala de adicción tecnológica.
El investigador aclaró que estos datos no buscan generar alarma, sino promover una conversación sobre cómo usamos la inteligencia artificial para recibir apoyo emocional y lo difícil que puede resultar identificar cuándo comienza a ocupar un espacio excesivo en la vida personal.
Los datos no buscan generar alarma, sino promover una conversación sobre cómo usamos la inteligencia artificial para recibir apoyo emocional. Foto: CortesíaEl especialista reconoció que la inteligencia artificial puede apoyar el bienestar emocional cuando se utiliza como una herramienta complementaria y con una perspectiva crítica.
Por ejemplo, puede explicar conceptos de psicología o educación emocional, resumir información, plantear preguntas para reflexionar o ayudar a organizar ideas antes de acudir con un profesional.
También puede proporcionar información sobre ejercicios de respiración, meditación, mindfulness o escritura reflexiva.
"Una persona podría utilizarla para preparar dudas que desea plantear a su terapeuta, entender un término mencionado durante una consulta o llevar un registro de hábitos y emociones", mencionó.
En el ámbito profesional, la IA puede apoyar a psicólogos y psiquiatras en tareas administrativas, entrevistas iniciales, cuestionarios o revisión de datos, siempre bajo la supervisión y responsabilidad del especialista.
"Para la psicoeducación puede ser una buena herramienta. Si una persona no entiende un concepto que le dijeron en terapia o quiere conocer más sobre educación emocional, puede ayudar", explicó.
Aun así, recomendó no aceptar automáticamente sus respuestas y cuestionar por qué el sistema ofrece determinado consejo.
Una inteligencia artificial no puede sustituir a un psicólogo, psiquiatra o profesional de la salud mental, especialmente cuando existe un malestar persistente o una situación de riesgo.
Tampoco debería reemplazar a la red de apoyo, integrada por amigos, familiares, profesores o personas de confianza.
Un profesional de la salud mental cuenta con formación, responsabilidades legales y criterio clínico.
El investigador explicó que un terapeuta no solo recibe información, sino que procesa las emociones y acompaña al paciente para trabajarlas. En cambio, la IA genera respuestas a partir de patrones de lenguaje.
"La IA no puede dar algo que ocurre en el vínculo terapéutico humano. Puede responder, pero no realiza ese trámite psíquico de las emociones", afirmó.
Otro riesgo es proporcionar a las plataformas información personal y datos sensibles, como detalles sobre relaciones sentimentales, conflictos familiares, problemas de salud, situaciones de violencia, posturas políticas o asuntos laborales.
El investigador contó que algunos jóvenes crean conversaciones dedicadas exclusivamente a hablar sobre sus parejas o problemas personales, sin considerar que esa información se entrega a una empresa tecnológica.
Por ello, recomendó revisar los ajustes de privacidad de ChatGPT y otras plataformas de IA, así como evitar compartir nombres reales, direcciones, información bancaria, diagnósticos médicos, documentos o datos de terceros.
Una inteligencia artificial no puede sustituir a un psicólogo, psiquiatra o profesional de la salud mental, dijo Sandoval. Foto: ShutterstockPara el experto, el debate sobre la inteligencia artificial también evidencia un problema social: muchas personas se sienten solas o no encuentran con quién hablar sobre sus emociones.
Además de establecer reglas para las aplicaciones de apoyo emocional, considera necesario fortalecer las relaciones y redes de apoyo humanas.
"Prefiero que hables conmigo, aunque sean cinco minutos. La persona se regula un poco y quizá ya no siente esa necesidad de escribirle a ChatGPT", contó.
La intención no es rechazar la tecnología ni generar miedo, sino aprender a usar ChatGPT sin perder la capacidad de sentir, decidir y conectar con otras personas.
"Es un compromiso humano hacer un esfuerzo por escucharnos un poco más".
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