The Royal Household of HM the King

10/21/2025 | Press release | Distributed by Public on 10/21/2025 06:09

Intervención de Su Majestad el Rey en el Foro “World In Progress” (WIP)

Es un gran placer intervenir en este foro "World in Progress"; esta plataforma de diálogo global sobre los desafíos de nuestro tiempo, desde un enfoque plural, donde los expertos más relevantes de cada sector tienen la palabra. Es un espíritu reconocible en el programa de cada edición, como en las ya celebradas en Barcelona, Panamá y Chantilly.

Este "World in Progress" es una contribución más del grupo Prisa y el diario El País ─y de la cadena Ser, que actúa como entidad colaboradora─ al debate global. Y no es ninguna sorpresa, porque desde hace más de cincuenta años son nombres íntimamente ligados a la información, la educación y el entretenimiento, tanto en nuestro país como en todo el mundo de habla hispana. Un grupo de comunicación sin el que no se entendería nuestra historia democrática.

Vivimos en un mundo que necesita ─y en grandes cantidades─ lo que este foro le ofrece: reflexión e intercambio de ideas. Un mundo en que el diálogo y la cooperación ya no pueden darse por sentados; donde están a la orden del día la competencia por los recursos, la persistencia de conflictos irresueltos, una preocupación creciente por la seguridad, la revisión de las alianzas y el reposicionamiento de los grandes actores globales.

Nuestro tiempo ha sido definido ─en contrapunto a la tesis de Fukuyama, por todos conocida─ como "el fin del fin de la historia". Y ha calado incluso en el ánimo global aquello de que -tomando prestada la conocida frase de Lampedusa- "todo tiene que cambiar, para que nada cambie". Pero, a pesar de la evidencia de esta deriva histórica, hay ciertos elementos del orden mundial que debemos preservar a toda costa, porque son el entramado ético sin el cual las relaciones entre los estados no tendrían más brújula ni sustento que la lucha por el poder.

Me refiero ─lo he hecho a menudo, en intervenciones públicas recientes─ sobre todo a la noción de universalidad de los derechos y la dignidad del ser humano, referente ético esencial, pero también a la legalidad internacional, a las instituciones multilaterales y a la regulación del comercio transfronterizo. Estos segundos debemos preservarlos, no porque sean ideales o infalibles ─todos conocemos sus paradojas─, sino porque nos son útiles.

Seguir creyendo en el mundo multilateral no es una muestra de idealismo "wilsoniano", sino, ante todo, un ejercicio de pragmatismo. Porque cualquier alternativa es peor; peor para el conjunto de la comunidad internacional y, desde luego, peor para nuestra región, para la construcción de la Europa unida, que se levanta sobre esas mismas ideas y sufriría enormemente en un mundo gobernado por las ideas contrarias.

Hoy, ahondando en ese argumento y aprovechando la transversalidad del foro, quiero referirme a otro bien público global al que tampoco podemos renunciar, no en vano es el 4º de los ODS: me refiero a la educación de calidad. Porque en ese mundo lleno de preguntas sin respuesta, debemos seguir invirtiendo en una ciudadanía que sepa buscarlas por sí misma, una ciudadanía formada e informada. Quiero compartir con ustedes tres ideas esenciales en torno a la educación.

Es necesario, en 1er lugar, no desatender la educación de los niños y los jóvenes en competencias básicas, como la comprensión lectora, la capacidad de análisis y de síntesis, la expresión oral y escrita. Y, junto a ellas, hay que insistir en esa dimensión ética que ─bien lo saben nuestros docentes─ es una escuela de ciudadanía: el valor de la convivencia, el respeto a las diferencias, del reconocimiento del mérito y la capacidad o la importancia de vivir en un estado de derecho.

Porque una sociedad que cree en sí misma, que se respeta a sí misma, comprende el valor de sus instituciones, sabe en qué medida reposan sobre ellas la paz, la estabilidad, la concordia y el progreso. Y quiere esos mismos valores para los países de su entorno. Lo peor que podemos hacer por la generación de nuestros hijos es dar por ya sabidos derechos y libertades que a la generación de nuestros padres ─y abuelos─ le costó décadas lograr o recuperar.

"...la calidad democrática de las sociedades del mañana dependerá, y mucho, de la calidad de la educación de hoy. Por eso debemos defender y fortalecer nuestros sistemas de educación pública, y las vías para que, con libertad y responsabilidad, sigamos todos aprendiendo en las diferentes etapas de la vida..."

Me referiré, en 2do lugar, a las tecnologías de la información, que plantean ─como vemos en las aulas, con el actual debate acerca de los límites de las pantallas─ un reto mayúsculo. Nos encontramos, es evidente, a medio camino hacia nuevos paradigmas educativos y tenemos que ver cómo aprovechar al máximo su potencial, sin ignorar los riesgos y haciendo lo posible por minimizarlos.

Es un camino que debemos recorrer con cautela, pero sin miedo: con la conciencia de lo que la IA nos ofrece ─que es muchísimo─ siempre y cuando antepongamos el desarrollo integral de la persona y el respeto a su libertad de elegir a otros posibles intereses; para que nadie, nunca, bajo ningún pretexto, pueda intentar reducirla a la condición de terminal de una red.

En 3er lugar, la educación como proyecto de vida. El aprendizaje no es una etapa, sino que abarca todo el ciclo vital. No podemos dejar de aprender porque los tiempos que vivimos ─y que vendrán─ nunca dejarán de enseñarnos y de exigirnos más conocimiento.

El pensamiento crítico, cimiento de la vida ciudadana, debe nutrirse de ideas nuevas, de perspectivas diferentes. Una sociedad madura no se refugia en lo que ya entiende y en lo que ya sabe, sino que se abre y es capaz de dialogar: asume como propio el valor de la pluralidad. El aprender a hacer para vivir se complementa con el aprender a ser y a convivir; y de esto nunca sabremos suficiente. Siempre tendremos que equiparnos contra los dogmatismos y la intolerancia.

En esa concepción del desarrollo personal como proceso, tanto los poderes públicos y las instituciones como los empleadores y las empresas tienen un papel clave. Es la "inversión en capital humano", que incluye ─aunque no solo─ preocuparse por la formación continua, por el aprendizaje tecnológico y por la divulgación de hábitos de vida saludable; por una educación integral para la salud centrada en cómo vivir más y cómo vivir mejor. La ciudadanía ─es decir, cómo ser mejores ciudadanos─ supone también un aprendizaje constante y aquí la ejemplaridad tiene un rol fundamental como valor ético de una sociedad más avanzada.

Invertir en capital humano tiene una traducción comprobada en uno de los grandes retos de nuestra economía, como es la productividad. Y también incide en otros dos factores que, aunque más intangibles, no son, desde luego, menos importantes: el bienestar y la felicidad; que, para el grupo, una comunidad o un país ─creo yo─, son indisociables de procurar el aprendizaje cívico para mejorar los estándares de convivencia.

En definitiva, en este mundo de preguntas sin respuesta, con una certeza podemos contar: la calidad democrática de las sociedades del mañana dependerá, y mucho, de la calidad de la educación de hoy. Por eso debemos defender y fortalecer nuestros sistemas de educación pública, y las vías para que, con libertad y responsabilidad, sigamos todos aprendiendo en las diferentes etapas de la vida.

Es el mayor compromiso que tenemos con nuestros jóvenes, y que tienen ellos consigo mismos. Con esa juventud consciente e inconformista ─como debe serlo─ que en las ocasiones más difíciles de nuestro país nos ha dado la dimensión de su solidaridad. Una juventud por la que merece la pena trabajar y a la que, siempre, debemos saber escuchar.

Decía Josep Pla ─siempre conviene acordarse del sabio ampurdanés cuando se está en su tierra─ que "lo esencial de aprovechar un viaje es tomarlo como la finalidad misma". Tomemos la educación, no como el destino de cada persona, sino como su camino y su equipaje. Como un aspecto irrenunciable de su dignidad.

Con estas reflexiones, les deseo un foro WIP lleno de diálogo, pensamiento e iniciativas para el futuro.

Muchas gracias.

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