04/06/2026 | Press release | Distributed by Public on 04/06/2026 10:57
El sol de la tarde cae sobre la pista de atletismo del estadio de Tacna, en el extremo sur del Perú. La superficie rojiza guarda las huellas de cientos de entrenamientos. Samuel Romero cruza los brazos, mira la recta y sonríe con calma. Aquí, dice, empezó todo: sus primeras carreras, su primera sensación de pertenencia desde que tuvo que dejar Venezuela siendo apenas un niño. "He reído, he llorado, he ganado amistades, he ganado hermanos, he ganado profesores. He compartido muchas experiencias aquí".
A sus 18 años, Samuel ya compitió en un campeonato nacional de atletismo, estudia derecho en la universidad y preside la Red Juvenil de Tacna, un grupo que apoya a otros jóvenes refugiados y promueve su integración. Su historia, marcada por el esfuerzo y la constancia, es también la de miles de personas que, tras verse obligadas a dejar sus países, encuentran en el Perú un lugar para reconstruir su vida y contribuir a la sociedad.
Samuel llegó a Tacna en 2019, cuando tenía apenas 11 años. El viaje desde Venezuela duró siete días por carretera, donde recorrió 5.000 kilómetros atravesando varios países. Lo recuerda como una mezcla de cansancio y curiosidad. "Lo vi como una aventura, como si estuviera en un videojuego. Mi mamá decía que al final íbamos a tener un premio mayor, y ahora siento que poco a poco lo he logrado", afirma.
Adaptarse no fue sencillo. Dejó atrás amistades y una infancia que describe como "muy feliz". En Tacna tuvo que acostumbrarse a nuevas rutinas y a un entorno distinto. "Para un niño de 11 años, fue como empacar todo en una maleta y decir: ahora, una nueva aventura", recuerda. También enfrentó prejuicios y obstáculos que limitaron sus oportunidades deportivas y académicas, pese a ser uno de los mejores estudiantes de su clase.
El cambio empezó con el deporte. Samuel empezó a entrenar atletismo en 2022, en la misma pista que hoy recorre. Lo que comenzó como una actividad más pronto se convirtió en un espacio de identidad. "El atletismo fue una salida a todos esos problemas. Fue una forma de decir: aquí soy yo", narra. Con el tiempo, empezó a competir y llegó a un campeonato nacional, un logro que jamás imaginó al llegar al país.
Para él, la pista significa mucho más que velocidad o resistencia. "En el mundo del atletismo no hay distinción. Es una conexión que nos une más allá de las banderas", dice. Su experiencia coincide con el enfoque que ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, impulsa en el Perú: el deporte como una herramienta para fortalecer la convivencia y crear espacios seguros para la integración.
Samuel logró la meta de ingresar a la universidad a estudiar derecho, gracias a su buen desempeño académico.
Mientras avanzaba en el deporte, Samuel también se planteó la meta de ingresar a la universidad. Lo logró gracias a su alto desempeño académico. Hoy estudia derecho y sueña con trabajar en el ámbito internacional. Quiere aprender idiomas, viajar y apoyar a personas que han tenido que dejar su país. "Mi meta principal es darle estabilidad a mi familia y luego desarrollarme en derecho internacional", explica.
El esfuerzo fue intenso y el camino no fue fácil. Durante su último año escolar combinó entrenamientos, clases y preparación para entrar a la universidad. "Dormía tres horas. Entrenaba, iba al colegio y luego estudiaba. Fue complicado, pero cuando ingresé sentí que todo el esfuerzo valió la pena", recuerda.
Ese mismo impulso lo llevó a involucrarse en su comunidad. Hoy Samuel preside la Red Juvenil de Tacna, una iniciativa apoyada por ACNUR que reúne a 27 jóvenes peruanos y refugiados de Venezuela, Colombia, Ecuador y Cuba. Juntos promueven la integración, la solidaridad y reciben capacitación para informar a otras personas refugiadas sobre sus derechos en el Perú. Su motivación nace de su propia experiencia. El Perú es el segundo país que acoge a más personas forzadas a huir de Venezuela en el mundo, con más de 1,66 millones. Para muchas de ellas, iniciativas comunitarias como estas representan un puente hacia un nuevo comienzo.
A través de la red, participa en actividades de orientación, integración y acompañamiento a otros jóvenes. También recibió formación en liderazgo comunitario. "Si a mí se me cerró una puerta, que a otra persona no se le cierre", explica. Al llegar al Perú, su familia recibió orientación de ACNUR para regularizar su situación, un apoyo que Samuel considera clave en su proceso de adaptación.
En el Perú, Samuel ha hecho amistades importantes de las que ha aprendido y le han ayudado en su proceso.
En la pista, en el colegio y ahora en la universidad Samuel ha construido amistades, muchas de ellas peruanas, que marcaron su proceso. "No se trata de quedarte con una bandera, sino con la esencia de la persona. Ellos aprenden de ti y tú de ellos. En la diversidad está la riqueza", añade.
Cuando piensa en el futuro, Samuel habla con serenidad. Quiere terminar la carrera, apoyar a su familia y seguir creciendo. También quiere acompañar a otros jóvenes que están adaptándose tras verse forzados a huir. "Siempre que te quieras rendir, recuerda por qué viniste y de dónde vienes", aconseja.
La luz empieza a desvanecerse sobre el estadio. Samuel recoge su mochila y camina hacia la salida, donde lo esperan las clases de la tarde. Su rutina transcurre entre el estudio, el deporte y la comunidad. Tres espacios que, en su caso, se han convertido en una forma concreta de integración y en el camino para construir, zancada a zancada, un lugar al que llamar hogar.