02/04/2026 | Press release | Distributed by Public on 02/04/2026 07:05
Share
Mientras conmemoramos el Día Mundial contra el Cáncer, examina con más detenimiento una de las herramientas más eficaces en la lucha contra el cáncer: la radioterapia. Aprende cómo funciona, examina los diferentes tipos que existen, comprende el papel fundamental de la imagenología médica y cómo el OIEA está trabajando con los Estados Miembros para ampliar el acceso a este tratamiento que salva vidas.
La radioterapia es un tratamiento contra el cáncer en el que se emplean diversos tipos de radiación ionizante, como los rayos X, los rayos gamma, los electrones de alta energía o las partículas pesadas. Es uno de los tratamientos oncológicos más frecuentes, ya que un 50 % de los pacientes necesitará radioterapia durante el curso de la enfermedad.
El cáncer es una enfermedad en la que las células de una zona delimitada del cuerpo se multiplican de manera descontrolada, forman tumores que afectan a los tejidos y órganos circundantes y, en ocasiones, invaden otras partes del cuerpo a las que se desplazan por el torrente sanguíneo o el sistema linfático.
(Infografía: A. Vargas/OIEA)
La radioterapia consiste en emplear dosis precisas de radiación ionizante para dañar el ADN de las células cancerosas y evitar que sigan reproduciéndose. Tras la irradiación, el tumor reduce su tamaño y, en algunos casos, desaparece por completo. Este tratamiento, cuyos orígenes se remontan a la década de 1890, puede emplearse en casi todos los tipos de cáncer, de manera individual o en combinación con otros tratamientos -como la quimioterapia o la cirugía-, para curar la enfermedad o aliviar sus síntomas.
Dependiendo del tipo y la ubicación del cáncer, los radioncólogos tienen dos opciones de radioterapia, que pueden alternarse o emplearse de manera individual: la radioterapia externa -o teleterapia- y la interna -o braquiterapia-.
Una vez seleccionado el tratamiento, se deberá conformar un equipo de expertos, integrado por un radioncólogo, un físico médico y un técnico de radioterapia, que emplearán radiación para destruir el tumor, con una dosis que reduzca al mínimo el daño a las células sanas.
La teleterapia, o radioterapia externa, es el tipo más común de radioterapia. Mediante esta técnica se irradia la zona donde se encuentra el tumor con una máquina ubicada a cierta distancia del paciente -por ejemplo, una bomba de cobalto o un acelerador lineal- que emite un haz de alta energía.
Durante la teleterapia, el paciente yace inmóvil en una camilla y la máquina se desplaza a su alrededor para administrar dosis precisas de radiación al tumor desde diferentes ángulos. El tamaño y la forma del haz se ajustan cuidadosamente para administrar la dosis adecuada al tumor y reducir al mínimo la exposición de los tejidos sanos a la radiación.
La radioterapia externa, o teleterapia, se emplea para tratar varios tipos de tumores: en la cabeza, el colon, el cuello, el pecho, los pulmones y otras partes del cuerpo. (Infografía: A. Vargas/OIEA)
En esta página encontrará información más detallada sobre la teleterapia.
En la braquiterapia, o radioterapia de implantación, se coloca una fuente radiactiva dentro del cuerpo del paciente para administrar una dosis elevada de radiación que vaya dirigida directamente al tumor y apenas afecte los tejidos circundantes.
Esta fuente puede colocarse de manera temporal o permanente. En caso de irradiación temporal, se implantará en el cuerpo del paciente una cápsula con una fuente radiactiva de cesio, iridio o cobalto, con ayuda de una aguja o un aplicador especial. Según la dosis de radiación emitida por la fuente, se calculará el tiempo que la cápsula permanecerá en esa parte del cuerpo, que podría ser desde pocos minutos a varios días. En caso de implantación permanente, se irradiará el tumor insertando para ello un pequeño implante: el de yodo 125, por ejemplo, es del tamaño de un grano de arroz. Con el tiempo, el implante perderá su radiactividad y podrá dejarse en el cuerpo del paciente.
La braquiterapia se emplea frecuentemente para tratar cánceres de cabeza, cuello, mama, piel y próstata, entre otros. (Infografía: A. Vargas/OIEA)
En esta página encontrará información más detallada sobre la braquiterapia. En estaotra encontrará información para los pacientes que se someten a este tratamiento, y en esta encontrará información más detallada al respecto dirigida a los profesionales de la salud.
La radioterapia es un tratamiento muy eficaz que se ha empleado durante decenios para tratar a millones de enfermos de cáncer de cabeza, cerebro, cuello, cuello uterino, mama, piel o próstata, entre otros. Los resultados de la radioterapia se obtienen con el paso del tiempo, y pueden tardar días, semanas o meses en manifestarse tras el fin del tratamiento.
Los últimos avances en este ámbito, como la radioterapia conformada en 3-D, la radioterapia con intensidad modulada y la radioterapia guiada por imágenes, permiten delimitar con gran exactitud la zona que se ha de tratar, así como administrar una dosis precisa de radiación y reducir al mínimo el daño a células, tejidos y órganos sanos.
Los efectos secundarios de la radioterapia dependen de la dosis de radiación empleada y de la parte del cuerpo en la que se aplica. El tratamiento puede tener efectos secundarios a corto o largo plazo en algunos pacientes.
En esta página encontrará información más detallada al respecto.
La radioterapia externa, administrada por personal sanitario debidamente cualificado y con los equipos adecuados, es segura. Si bien el paciente puede sufrir efectos secundarios, las personas que se encuentran en las inmediaciones durante el tratamiento, como los familiares acompañantes y los profesionales de la salud, no corren riesgo de exposición indebida a la radiación ionizante. La radioterapia externa no vuelve radiactivos a los pacientes.
Los riesgos relacionados con la radioterapia de implantación también son mínimos. En el caso de las fuentes radiactivas que se implantan temporalmente en el cuerpo, el paciente permanece aislado en el hospital para evitar exponer a otras personas a la radiación ionizante. Una vez se le extrae la fuente, no persisten rastros de radiación residual en el lugar de la implantación.
En el caso de los implantes permanentes, la mayoría de la radiación es absorbida por el tumor. Para asegurarse de que la radiación emitida fuera del tumor es suficientemente baja, los profesionales de la salud realizan pruebas al paciente antes de darle el alta.
La imagenología médica es fundamental para el manejo de los pacientes. Es necesaria para planificar, administrar y evaluar el tratamiento de radioterapia. La combinación de las técnicas de obtención de imágenes con la radioterapia ha revolucionado el tratamiento del cáncer y ha mejorado los resultados. La imagenología se emplea en los siguientes ámbitos de la radioterapia:
Análisis de la ubicación y el estadio de la enfermedad
Gracias a la imagenología médica, es posible delimitar la ubicación del tumor y sus posibles metástasis en otras partes del cuerpo. Los procedimientos guiados por imágenes, como las biopsias, son mínimamente invasivos y son fundamentales para obtener información sobre los tejidos que se desean analizar.
Los diferentes tipos de imagenología, como la tomografía computarizada, el ultrasonido, la imagenología por resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones, son fundamentales para la estadificación y el diagnóstico del cáncer.
Planificación del tratamiento
La imagenología se emplea para planificar el tratamiento: desde la medicación y la radioterapia hasta la cirugía o, en su caso, el tratamiento paliativo. Durante la planificación de la radioterapia, los especialistas generan imágenes tridimensionales del tumor para que la radiación se dirija principalmente a los tejidos cancerosos y se reduzca al mínimo el daño a los tejidos sanos.
En la radioterapia guiada por imágenes se obtienen imágenes médicas en tiempo real mientras se administra radioterapia con una dosis de radiación precisa y uniforme.
Gracias a imágenes médicas de alta precisión, los profesionales de la salud pueden reconocer los tumores, los tejidos sanos y los órganos del paciente y dirigir el haz de radiación a las células cancerosas. (Fotografía: Auna Oncosalud)