03/20/2026 | Press release | Distributed by Public on 03/20/2026 06:43
Tengo el honor de renovar, en este acto solemne, el vínculo entre la Corona y la Santa Sede que se encarna en esta basílica papal de Santa María la Mayor. Al dirigirme hoy a Su Eminencia y a los miembros de su Cabildo, quiero agradecerles su hospitalidad y la dedicación con la que custodian este tesoro de la cristiandad y de la cultura universal.
La dignidad de Protocanónigo Honorario, que hoy asumo, es un compromiso de los reyes de España hacia esta basílica y su cabildo; un compromiso de lealtad y custodia que, hace más de trescientos cincuenta años, instituyó el papa Inocencio X.
Hoy, desde donde me encuentro, puedo contemplar los brillos del artesonado de esta espléndida basílica, realzados gracias a un proyecto de iluminación que lleva sello español. Cómo no recordar ante esta visión aquella "nevicata miracolosa": la nevada estival que -según la leyenda- trazó el perímetro de esta casa de la fe sobre el monte Esquilino.
"...Mantengamos la esperanza de que todos, cada uno en nuestras respectivas circunstancias y responsabilidades, sepamos ser, para los demás, un pequeño faro de concordia, generosidad y entrega a la causa del bien común. Entre todos, contra el egoísmo y la indiferencia, tratemos de llevar al mundo la misma claridad que hoy, en esta primavera romana que comienza, ilumina la basílica de Santa María la Mayor..."
Aquí, en la capilla Paulina, está la Salus Populi Romani, Nuestra Señora de las Nieves, que ha visto pasar un largo tramo de la vida de la Ciudad Eterna y que tantas plegarias y peticiones habrá escuchado de los fieles. A su protección se encomendaba el Papa Francisco al comienzo y al término de cada viaje apostólico, y a su amparo quiso que su cuerpo hallara el lugar del último descanso.
Hace algo más de un año, el día en que falleció el Papa Francisco, resalté que su pontificado había sido un faro ético para la humanidad; una referencia para creyentes y no creyentes, por su cercanía, sabiduría, y compasión, en particular hacia los más necesitados.
Esa misma sensibilidad la hemos vuelto a percibir, la Reina y yo, en su sucesor en la Cátedra de Pedro, Su Santidad el Papa León XIV, quien nos acaba de recibir en audiencia en la Ciudad del Vaticano y a quien tendremos el honor y la alegría de recibir en España el próximo mes de junio. Hemos hablado del tiempo que nos toca vivir; de estos días en los que tanta claridad necesitamos; claridad de obra y de palabra; claridad de corazón y de conciencia.
Mantengamos la esperanza, por encima de la realidad que nos asalta cada día, de que todos, cada uno en nuestras respectivas circunstancias y responsabilidades, sepamos ser, para los demás, un pequeño faro de concordia, generosidad y entrega a la causa del bien común. Entre todos, contra el egoísmo y la indiferencia, tratemos de llevar al mundo la misma claridad que hoy, en esta primavera romana que comienza, ilumina la basílica de Santa María la Mayor.
Muchas gracias.