Alcaldía de Medellin

02/24/2026 | Press release | Distributed by Public on 02/24/2026 15:22

Desde Terminales Medellín se viven experiencias de viaje que ...

Desde hace más de cuarenta y ocho años, Terminales Medellín ha sido un punto de encuentros y despedidas, como un escenario perfecto donde los caminos se cruzan y las emociones se renuevan. Allí han nacido amistades, amores, se han tejido los lazos de las familias y se ha mantenido vivo el espíritu del viajero, ese que mezcla la fe, la esperanza y el amor por la tierra. Cada historia que parte desde este lugar guarda algo en común: el deseo profundo de descubrir, sanar y seguir en movimiento.

Maria Camila Salazar es Comunicadora Social de profesión y promotora de ayuda comunitaria por vocación. Nacida aquí en 1991, lleva en la sangre el transporte, y a Terminales Medellín en su corazón, pues este lugar para ella tiene un significado importante. La historia se remonta al 25 de julio de 1964 hace exactamente 61 años, cuando su abuelo paterno, Samuel Antonio Salazar Herrera fundó aquí en la ciudad, en compañía de dos colegas, la Cooperativa Antioqueña de Transportadores Ltda (Copatra) y desde allí su amor por el transporte.

Viajera por naturaleza propia

De pequeña creció rodeada de buses, entendió que viajar no era solo desplazarse, sino "una forma de mirar la vida con ojos nuevos" y adiciona que el viaje es "renovar pensamientos y poner contenta el alma cuando necesita una escapada". En cada trayecto encuentra algo que la conecta con lo esencial: las montañas que se abren paso entre las nubes, el sonido de las ruedas sobre el asfalto, la conversación espontánea con un pasajero. "Todo eso es parte de lo que me recuerda que estoy viva", dice, como si cada viaje fuera una nueva forma de empezar.

Foto. Samuel Antonio Salazar Herrera y su hijo.

Terminales Medellín como un punto de partida y llegada

Si hay un lugar que representa el inicio de sus aventuras, ese es las Terminales. Desde allí se conectan 176 destinos y Camila en más de una ocasión, ha partido hacia diversas regiones del país: el Caribe, el Chocó, el Oriente antioqueño, Guatapé, Santa Marta, el Huila, los Llanos, Bogotá, Popayán entre otros. Hoy, ella es parte de los más de 21 millones de viajeros que se movilizan cada año por Terminales Medellín. Aunque cada viaje tenga un motivo distinto, todos comparten algo en común: el deseo de encontrarse con la vida tal cual es, sin filtros. "Viajar desde la Terminal es viajar con paz mental. Uno sabe que todo está en regla, que el camino es seguro, y eso también te da más tiempo para disfrutar", afirma mientras recuerda por qué confía en el viaje terrestre: lo asocia con libertad y seguridad. Para ella, este lugar es sinónimo de confianza: sabe que viaja con empresas legales, acompañada y con la tranquilidad de que regresará bien.

Ese valor por viajar seguro no es casualidad; desde la inauguración de la Terminal del Norte, el 16 de febrero de 1984 llamada así en honor al expresidente Mariano Ospina Pérez y con la apertura de la Terminal del Sur el 16 de abril de 1993, bautizada en memoria del dirigente antioqueño Alberto Díaz Muñoz, quedó sembrado en ella un legado que sigue vigente hasta hoy: la convicción de que viajar debe ser legal, seguro y digno.

Sus experiencias de viaje

Camila no sólo viaja para conocer lugares; también lo hace para conectarse consigo misma. En ese ir y venir ha acumulado historias que la impulsan, pero también experiencias que le han dejado lecciones. Una de ellas fue en uno de esos recorridos que suele hacer por impulso, rumbo a Santa Marta; ese día no encontró pasajes en el horario que deseaba y llevada por la prisa, tomó una decisión que hoy recuerda con cierta incomodidad: aceptar una oferta por fuera de la Terminal, una de esas que prometen salir más rápido y por menos dinero. Lo que no imaginaba era que había caído en el juego del "playeo", esa práctica ilegal en la que se ofrecen rutas sin ninguna garantía real.


Y el camino se lo confirmó: un viaje que debía durar 17 horas terminó extendiéndose casi a 24 horas. Hubo paradas inesperadas, trasbordos improvisados, largas esperas y una incertidumbre que no la dejó tranquila. No conocía la ruta ni quién respondía por ella si algo llegaba a pasar, sabía que viajaba sin respaldo; ese trayecto, más que cansancio, le dejó la claridad de que cuando se viaja por fuera de lo legal, no solo se arriesgan tiempo y comodidad, también se pierde la seguridad que ofrecen las Terminales: rutas verificadas, acompañamiento, registro del viaje y un seguro que protege al pasajero de inicio a fin.

Foto. Cortesía María Camila Salazar 31-12-2020

Un viaje que la reconectó con la vida

En días de constantes preguntas, de búsqueda de sentido, aventura y nuevas experiencias, Camila recuerda que uno de sus viajes más significativos ocurrió sin planearlo. Era fin de año, exactamente el 31 de diciembre de 2020, en pleno apogeo de la pandemia, un momento en el que necesitaba cerrar un ciclo personal. Sin pensarlo demasiado, empacó su morral y decidió viajar sola. Llegó a la Terminal del Norte sin destino fijo, buscando que allí mismo surgiera la respuesta: ¿a dónde ir? quería un trayecto corto, pero que le permitiera respirar, sentirse libre y guardar un recuerdo que hoy, en 2025, todavía vive en ella.

Así llegó a Guatapé, donde se conectó con la naturaleza, con el silencio y consigo misma. "Me fui sin mucho dinero, sin reserva, sin compañía. Solo con la intención de respirar, de soltar. Allá entendí que viajar sola es una forma de confiar en uno mismo. Aprendí a escucharme, a disfrutar de mi propia compañía", cuenta con un brillo en los ojos que revive aquella experiencia. En este pueblo descubrió la importancia de los pequeños gestos: ver el amanecer junto al embalse, conversar con desconocidos, caminar sin rumbo y descubrir que, a veces, los viajes más cortos son también los más profundos.

Viajes que dejan huella y aprendizajes

Camila también viaja con propósito. Hace parte de la comunidad católica Pálpitos y en 2022 participó en una jornada al Chocó para llevar donaciones y acompañar a comunidades vulnerables. Aquella experiencia la conmovió profundamente y le enseñó que, muchas veces, quienes creen que van a ayudar terminan siendo los más transformados. Volvió con humildad, empatía y una gratitud distinta.

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