Prime Minister's Office of Spain

01/30/2026 | Press release | Distributed by Public on 01/30/2026 07:37

Intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la clausura del acto 'Mujeres liderando la ONU del siglo XXI'

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Thank you very much. I will speak in my own language. I think that you have a translation.

Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.

Presidenta del Global Women Leaders Voices.

Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Miembros y cofundadoras de Global Women Leaders.

Embajadores.

Señoras y señores.

Buenos días y bienvenidos y bienvenidas a Madrid.

Antes de comenzar, sí me gustaría, y me van a permitir, que tenga un recuerdo muy especial para las víctimas de los trágicos accidentes ferroviarios de Ademuz y de Gelida. También para sus familias, a quienes quiero trasladar nuevamente el cariño de la sociedad española y, por supuesto, del Gobierno de España. Toda nuestra solidaridad, nuestro compromiso y el cariño.

Cuando el dolor es tan grande, las palabras no son nunca suficientes y, por tanto, solamente nos queda el compromiso y la acción.

Y, por eso, el Estado en su conjunto, no solamente el Gobierno de España, el Estado en su conjunto, no va a mirar a otro lado. Va a seguir trabajando con respuestas a las preguntas, llegando hasta el final, con mejoras en todo lo que tengamos que mejorar y con un acompañamiento continuado a quienes han perdido a un ser querido.

Para que, por tanto, además del dolor, no tengan que cargar también con la preocupación por una situación económica o por sentirse desamparados o desamparadas. Las instituciones no van a dejar solas a las víctimas. Tampoco lo vamos a hacer a las familias, no vamos a olvidarlas. Vamos a estar a su lado hoy, mañana y, por supuesto, todo el tiempo que haga falta.

Y con ese espíritu de compromiso, de responsabilidad, me vais a permitir ahora continuar.

Como decía, es un placer estar hoy aquí de nuevo con todas vosotras, para clausurar este encuentro de mujeres líderes que no deja de consolidarse año tras año. Yo quería felicitaros por ello.

Como presidente de un Gobierno feminista, de un Gobierno paritario, es un orgullo que España acoja este foro que impulsa el que las mujeres tengan voz, la voz que merecen en el espacio multilateral.

Porque, gracias a vuestra visión, la visión de las mujeres, también a la determinación y vuestro compromiso, es evidente que vamos avanzando. Aunque es verdad que nos queda muchísimo camino por recorrer.

Sé que muchas lleváis toda la vida, como decimos en castellano, en la trinchera, abogando por un sistema multilateral en el que la igualdad de género y, por tanto, la inclusión de las mujeres en puestos de responsabilidad deje de ser una anécdota, deje de ser una ambición para convertirse de una vez por todas en una realidad.

Es verdad que el momento es crucial. El momento que vivimos nos obliga a redoblar estos esfuerzos, porque es verdad que hay mucho, mucho, lo que está en juego. La propia supervivencia del sistema multilateral está en juego.

Veréis, hay quien dice que el multilateralismo está en crisis, y es evidente que no podemos negarlo. Es cierto que el multilateralismo está en crisis.

Vivimos un tiempo que está marcado por tensiones geopolíticas, por conflictos, por polarización, por una creciente desconfianza hacia las instituciones. Creo que, seguro, estoy convencido, de que habéis debatido sobre ello.

También es cierto que hay consensos que dieron forma a ese orden internacional tras la Segunda Guerra Mundial que se cuestionan ya de manera abierta; de manera abierta por parte incluso de actores que atacan ese sistema multilateral porque les impone límites a sus intereses particulares o porque establece reglas donde preferirían precisamente esos actores que se impusieran la ley del más fuerte, la ley de la selva.

Y, ante esta realidad, cada uno de nosotros, cada una de nosotras, debe decidir qué papel quiere asumir. Podemos ser quienes erosionan el sistema multilateral que ha garantizado a la humanidad el periodo más largo de paz y de prosperidad de la historia moderna. Podemos también, como una segunda opción, bajar los brazos, agachar la cabeza y asumir, por tanto, ese deterioro como algo irremediable. Por tanto, optar por el camino de la resignación.

O podemos arremangarnos y levantar la mirada, afrontar el reto con valentía, con audacia y también con inteligencia. Ser quienes, en definitiva, trabajamos para alumbrar un multilateralismo nuevo, un multilateralismo fortalecido que necesariamente se tiene que reformar, que responda a las necesidades del tiempo que vivimos.

En España lo tenemos claro, pertenecemos a este último grupo, y me consta que muchas de vosotras, todas vosotras en general, lo estáis también. Y que nos une, por tanto, ese compromiso.

Porque si el edificio se tambalea, como el multilateralismo ahora mismo está sufriendo esa dificultad, la opción no es demolerlo, no es dejarlo morir, sino reconstruirlo, reformarlo, adaptarlo a la nueva realidad del tiempo que vivimos. Se reforma precisamente para hacerlo más eficaz, más equitativo, más legítimo y, por tanto, también más representativo.

Y, por eso, conviene hacerse una pregunta muy sencilla que me gustaría compartir con todas vosotras, que me parece realmente importante.

Si hoy, 80 años después de su nacimiento, tuviéramos que refundar las Naciones Unidas, ¿la diseñaríamos igual, repetiríamos los mismos equilibrios de poder? Y no hablo solo del privilegio de las grandes potencias. Evidentemente, también deberíamos incorporarlo en la ecuación a esta pregunta.

La pregunta, si me permitís que la elabore más, es: ¿Permitiríamos que los espacios donde se decide la paz, el desarrollo, la acción climática o el desarrollo también de la inteligencia artificial y su gobernanza seguirían dominados casi exclusivamente por hombres?

Yo creo que es probable que cuatro youtubers, tres oligarcas y dos portavoces de la internacional ultraderechista, dijeran que sí.

Aquellos que están abonados a la destrucción del multilateralismo sucumben precisamente a la nostalgia del mundo de ayer y ven al feminismo como un enemigo de sus privilegios, del statu quo, del patriarcado. Se autoproclaman rebeldes mientras defienden el machismo de siempre.

Por tanto, la respuesta de la razón de la gran mayoría es un no rotundo a diseñar hoy un sistema de Naciones Unidas en el siglo XXI como el que tuvimos hace 80 años. Porque es evidente que no podemos seguir excluyendo a la mitad del talento, a la mitad de la humanidad, de los lugares donde se decide el futuro. También su futuro.

Y, por ello, creo que es hora de que las instituciones multilaterales reflejen por fin la realidad diversa, plural y justa de nuestras sociedades. Y es hora de decirlo alto y claro que el feminismo y el multilateralismo van de la mano, y por eso atacan al feminismo y atacan al multilateralismo.

La igualdad entre hombres y mujeres no es un tema sectorial ni es un tema simbólico. Es una cuestión de derechos humanos. Y, por ello, es también esencial para la propia calidad de nuestra democracia y la eficacia y la legitimidad de nuestras instituciones.

Cuando las mujeres participan, y esa es la experiencia que yo tengo como presidente del Gobierno durante estos últimos siete años, las decisiones son más inclusivas, son más sostenibles, son más legítimas, son, en definitiva, mejores.

Y cuando las mujeres están ausentes de esos centros de decisión, no hay neutralidad, sino todo lo contrario. Lo que hay es un déficit de representación y, por tanto, de democracia.

Los datos, además, confirman lo que estoy diciendo desde esta tribuna. Según la última edición del informe Women in Multilateralism, que acabáis de presentar, estamos muy lejos, pero que muy lejos, de alcanzar una mínima paridad en los puestos de decisión del sistema internacional.

Desde 1945, se dice pronto, desde 1945 ha habido más de 40 candidaturas en la Secretaría General de las Naciones Unidas. Más de 40 desde 1945, pero solo ocho han sido mujeres. De esas más de 40, desde 1945. Y, por cierto, ninguna ha sido elegida.

80 años después, el cargo más visible, más simbólico del sistema multilateral, nunca ha sido ocupado por una mujer. Y, por tanto, no estamos hablando de una casualidad histórica. Estamos hablando de una auténtica anomalía democrática.

Ahora, tras el 80 aniversario de las Naciones Unidas y con la iniciativa ONU 80, destinada precisamente a reforzar la eficacia del sistema multilateral, la coordinación, la legitimidad del mismo sistema, creo que se abre ante nosotros y nosotras una oportunidad histórica.

Y, por eso, la próxima elección de la Secretaria General no es un trámite más, es una señal política, es un mensaje político que debemos dar como comunidad internacional sobre qué valores queremos que encarne y se sustente el sistema multilateral del siglo XXI. España, por supuesto, apoya el que la próxima persona al frente del sistema de Naciones Unidas, que la próxima persona al frente de la Secretaría General de Naciones Unidas, sea por fin una mujer.

Y, por cierto, que sea una mujer de América Latina y el Caribe, porque toca y porque es de justicia.

Bueno, es una apuesta por la credibilidad del sistema, es una apuesta por reconocer que el liderazgo global debe parecerse al mundo real y porque 80 años después ya va siendo hora de que Naciones Unidas, en fin, no solamente tenga memoria, sino necesite y dé respuesta a lo que realmente demanda la sociedad y es futuro.

Algunos podrán decir que esta es solo la opinión de España, y es cierto, aunque es verdad que creo que no estamos solos, somos cada vez más. Tengo que deciros que cuando hablo con otros presidentes y presidentas de gobierno del mundo, hay una conciencia de que esa persona tiene que ser mujer cuando se elija.

Y sabemos de lo que hablamos porque lo hacemos, por cierto, desde España, desde la propia experiencia.

Y permitidme que os cuente precisamente algunas de las cosas que hemos hecho durante estos casi ocho años que llevo al frente del Gobierno de España.

Nosotros hemos convertido a la igualdad entre hombres y mujeres como una auténtica prioridad dentro y fuera de nuestras fronteras. No como un eslogan, sino como una política con resultados tangibles, medibles, que están actuando en beneficio del conjunto de la sociedad, no solamente el 50% que ya sería suficiente, que es el que representan las mujeres en nuestro país.

Si hoy muchos alaban el éxito del modelo español, de una economía que crece, que se descarboniza, que reparte los frutos de ese crecimiento económico y que además lo hace con paz social, es sobre todo gracias a que las mujeres están en el centro de la toma de decisiones y de las prioridades políticas de nuestro gobierno.

Sin ellas no tendríamos los datos, como por ejemplo el que hemos conocido hoy, un crecimiento del 2,8% en el año 2025, lo que nos sitúa nuevamente a la cabeza de las grandes economías de la Unión Europea. O ayer mismo el Producto Interior Bruto español supera por primera vez en nuestra historia los 2 billones de dólares, tal y como ha reconocido el Fondo Monetario Internacional.

Todo esto es posible porque hoy somos el cuarto país de la Unión Europea, repito el cuarto país de la Unión Europea, en el Índice de Igualdad de Género, más de siete puntos que la media europea, y uno de los que más ha avanzado en poder y en toma de decisiones durante estos últimos años.

Nosotros podemos demostrar con hechos, con hechos, no con falacias, con desinformación ni con bulos, con hechos, que las políticas de igualdad de género, que las políticas de diversidad son políticas que actúan en beneficio de la mayoría social de nuestro país y precisamente de aquellos que más necesitan del compromiso de lo público.

Hemos avanzado en paridad con una ley que garantiza la representación equilibrada en los centros de decisión.

También la brecha salarial gracias a la aprobación de la Ley de Igualdad Salarial entre hombres y mujeres a jornada completa ha caído a menos de la mitad en los últimos años. Y hemos disminuido la tasa de temporalidad femenina gracias también a una reforma laboral que aprobamos con la empresa y con los representantes de los trabajadores, diez puntos en los últimos ocho años.

Para que os hagáis una idea, el empleo marca un máximo histórico y hemos cerrado el año 2025 con 10 millones y medio de mujeres ocupadas, lo que nunca habíamos visto en la historia económica de nuestro país.

También hemos ampliado derechos, hemos reforzado la corresponsabilidad, hemos equiparado y además ampliado los permisos de paternidad y maternidad hasta las 19 semanas.

Y hemos combatido esa lacra que es la violencia machista como una cuestión de país, renovando y ampliando ese acuerdo de país que en España llamamos el Pacto de Estado contra la violencia de género, dotándolo, además, de financiación. Hemos incrementado su financiación hasta llegar a los 1.500 millones de euros e incorporando, por cierto, nuevas formas de violencia a ese pacto, como es, por ejemplo, la violencia vicaria, la violencia económica o la violencia digital que sufren las mujeres precisamente en las redes sociales y en el mundo en el mundo ciber.

Lo hacemos desde una convicción clara, y es que la igualdad es democracia y también es cohesión. Y esa convicción guía también nuestra acción exterior. Aquí tenemos la ocasión de poder contar con la presencia de dos mujeres que me han ayudado mucho a lo largo de estos últimos siete años. Una es Cristina Gallach, la otra es Arancha González Laya, que ha sido ministra de Asuntos Exteriores. Gracias a ella se ha aprobado también una política exterior feminista.

¿Qué significa? Significa que la igualdad no es un adorno, como he dicho antes, sectorial, ni tampoco algo políticamente correcto para nuestros discursos, sino un criterio que debe orientar recursos, escuchar voces y fijar prioridades en los foros multilaterales cuando se escucha la voz de España. Significa, por ejemplo, apoyar a organizaciones que trabajan sobre el terreno, con mujeres, con niñas, en especial a la hora de hablar de ayuda al desarrollo. Significa exigir la presencia de mujeres en las mesas de paz, integrar la voz de las mujeres en la respuesta humanitaria, en la financiación climática, en la gobernanza de las nuevas tecnologías. Significa hacerlos con compromisos reales, con financiación, con alianzas sólidas para que la igualdad forme parte de las reglas del juego internacional y no solo de las declaraciones.

Porque, en definitiva, la igualdad no se proclama, la igualdad se reconstruye. Y ahora que escuchamos en el mundo esa palabra de rearme, yo creo que efectivamente el mundo necesita un rearme, pero no un rearme militar, lo que necesita es un rearme moral, moral. Y eso significa también apostar por el feminismo y por el multilateralismo reforzado.

Termino. Hace 80 años las Naciones Unidas nacieron para impedir que el mundo volviera a caer en la barbarie y para situar la dignidad humana en el centro de la política internacional, del orden internacional.

Hoy ese proyecto es evidente que necesita protegerse, y protegerse también implica renovarse, reformarse corrigiendo las ausencias históricas que no fueron premeditadas, pero que existen. Son hoy muy evidentes dado el desarrollo económico, social y diverso que está aconteciendo en el mundo.

Si el siglo XX universalizó los derechos, el siglo XXI exige universalizar el poder. Y España, por supuesto, quiere estar del lado de quienes trabajan por hacer posible la universalización del poder, de quienes creen en un multilateralismo más justo, más representativo y más eficaz. Un multilateralismo, en definitiva, que no tema reflejar el mundo tal y como es y no como fue.

A quienes buscan moldear el orden internacional a su conveniencia, les decimos que si saben contar, que no cuenten con España. Y a quienes se arremangan ante las dificultades, a quienes quieren reformar las instituciones internacionales para mejorar su funcionamiento, a quienes se atreven a mirar el futuro con esperanza, en definitiva, a todas vosotras os decimos que, por supuesto, podéis contar con España, podéis contar con este Gobierno, podéis contar con nosotros y con nosotras.

Nada más, enhorabuena y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en inglés y en español)

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