RSF - Reporters sans frontières

03/16/2026 | Press release | Distributed by Public on 03/17/2026 10:34

“En lugar de competir con los medios locales, China los utiliza como canales”: la estrategia mediática de Pekín en América Latina

Durante la última década, Pekín ha ampliado su influencia sobre las narrativas acerca de China en América Latina mediante acuerdos de intercambio de contenido con medios locales, una creciente presencia en redes sociales, la adaptación de su comunicación a los contextos nacionales y otras tácticas poco transparentes. El periodista brasileño Igor Patrick, especialista en geopolítica asiática, habló con Reporteros Sin Fronteras (RSF) sobre las técnicas detrás de la estrategia mediática de China y los desafíos que esta plantea para un periodismo independiente y transparente en la región.

Para comprender mejor el impacto en el ecosistema informativo latinoamericano, RSF entrevistó a Igor Patrick, licenciado en periodismo por la PUC-Minas y con maestrías en Estudios sobre China por la Yenching Academy de la Universidad de Pekín y en Asuntos Globales por la Universidad de Tsinghua. Ha trabajado para medios como CBN, Estadão y Folha de S.Paulo, y colaboró con O Globoen Pekín. Actualmente es corresponsal para América Latina del South China Morning Post y autor del libro "Hearts & Minds, Votes & Contracts: China's State Media in Latin America".

En los últimos diez años, ¿cómo ha evolucionado la presencia de los medios estatales chinos en América Latina?

La ambición de China de comunicarse con el resto del mundo sin depender de la prensa extranjera no es nueva. Existen antecedentes de ello incluso antes de la revolución comunista, cuando las autoridades chinas ya se quejaban de cómo el país era retratado en los medios extranjeros.

Lo que cambió a finales de la década de 2000 -especialmente después de los Juegos Olímpicos de 2008 y posteriormente con la llegada de Xi Jinping al poder en 2013- fue la escala y la importancia estratégica de esa comunicación externa. China comprendió que, si quería ser vista como una gran potencia global, necesitaba invertir activamente en cómo era retratada en el exterior.

Desde entonces, se han invertido miles de millones para fortalecer los medios estatales dirigidos a audiencias internacionales. Un hito importante fue la transformación de CCTV en CGTNen 2016, junto con la expansión de oficinas en el extranjero y el lanzamiento de canales dirigidos a diferentes regiones.

¿Qué canales utiliza China para difundir su contenido en América Latina?

Inicialmente, China intentó competir directamente a través de sus propios canales internacionales, como CGTN en español. Pero el mercado mediático latinoamericano está altamente concentrado y es difícil ingresar en él.

Como resultado, la estrategia evolucionó. En lugar de depender únicamente de sus propios medios, China comenzó a priorizar acuerdos de intercambio de contenido con organizaciones mediáticas ya establecidas en la región. Más recientemente, también ha invertido en redes sociales e influencers digitales, produciendo contenido cada vez más adaptado a audiencias nacionales específicas.

En su opinión, ¿cuál es hoy el principal objetivo de la estrategia de comunicación de China en América Latina?

El objetivo principal es reformular la percepción internacional de China. Las autoridades chinas quieren que el país sea visto menos como una potencia autoritaria o agresiva y más como un actor responsable, enfocado en la cooperación y el desarrollo. Esto aparece claramente en el discurso oficial sobre la "cooperación de beneficio mutuo" y la idea de una "comunidad con un futuro compartido".

Pero también hay una dimensión política. Estos medios ayudan a contrarrestar narrativas occidentales y a responder a críticas provenientes de Estados Unidos y otros países. Así, la estrategia busca tanto mejorar la imagen internacional de China como promover narrativas alineadas con los intereses estratégicos del Estado chino.

Su investigación muestra que los acuerdos de contenido con medios locales son uno de los principales puntos de partida para la circulación de propaganda. ¿Cómo funcionan estos acuerdos en la práctica?

Estos acuerdos varían mucho. En muchos casos, los medios estatales chinos proporcionan textos, fotos, videos o programas de televisión de forma gratuita a medios locales. En teoría, esto se presenta como un intercambio de contenido, pero en la práctica tiende a beneficiar mucho más a la parte china. También existen los advertorials (distintos de los acuerdos de branded content), en los que entidades chinas pagan por contenido que se parece a un reportaje periodístico pero en realidad es patrocinado.

Como China no tiene prensa libre, el contenido producido por sus medios estatales suele ser visto con sospecha por los medios comerciales de la región. Aun así, la estrategia funciona porque se apoya en medios que ya tienen audiencia y credibilidad. En lugar de competir directamente con grandes marcas mediáticas locales, China las utiliza como canales a través de los cuales su contenido puede circular.

¿Por qué China no compra simplemente medios de comunicación en la región?

Un factor importante es la regulación. En la mayoría de los países latinoamericanos existen límites estrictos a la propiedad extranjera de medios de comunicación. Por lo general, una organización mediática no puede estar completamente controlada por una entidad extranjera. Esto dificulta las adquisiciones directas. Por ello, la estrategia de China se centra mucho más en acuerdos de contenido, cooperación y alianzas comerciales que en la compra directa de medios.

¿Cómo debemos distinguir entre medios públicos y medios estatales chinos?

Es importante no confundir los medios públicos con los medios estatales, aunque a menudo esos términos se usen indistintamente. Los medios públicos, como la BBCo Deutsche Welle, reciben financiación pública, pero mantienen independencia editorial y publican regularmente reportajes críticos sobre sus propios gobiernos.

Los medios chinos como CGTN o Xinhua, en cambio, operan como medios estatales. Su función es promover narrativas alineadas con las prioridades definidas por el Partido Comunista Chino. Esta diferencia institucional determina tanto la forma en que se produce su contenido como la manera en que se utiliza en las estrategias de comunicación internacional.

¿Hasta qué punto estos acuerdos generan incentivos financieros o dependencia económica para algunos medios latinoamericanos?

Este riesgo existe, especialmente en un momento en que el sector mediático enfrenta dificultades estructurales. El periodismo tradicional dependía en gran medida de la publicidad, y gran parte de esos ingresos ha migrado a plataformas digitales.

En este contexto, el contenido gratuito, la compra de publicidad u otros incentivos financieros pueden resultar atractivos para medios que enfrentan presión económica. En mi libro, por ejemplo, menciono un caso en México en el que la dirección de un periódico pidió eliminar un artículo crítico sobre temas chinos porque el medio tenía un acuerdo comercial con entidades chinas que estaban comprando espacio publicitario.

Eso no significa que todos los acuerdos conduzcan a interferencia editorial. Muchos periodistas resisten este tipo de presiones. Pero el riesgo existe, particularmente en medios más pequeños o financieramente frágiles.

Cuando aparece contenido vinculado al Estado chino sin una identificación clara de su origen, ¿qué riesgos implica esto?

El principal riesgo es que el público consuma propaganda como si fuera periodismo independiente. En muchos casos, el contenido producido por agencias estatales chinas se reproduce con poca adaptación y aparece como si hubiera sido producido por el propio medio local. Incluso cuando existe algún tipo de identificación, esta no siempre es clara para los lectores. Esto socava la transparencia y el derecho del público a la información. Las audiencias deberían poder entender de dónde proviene la información para evaluarla críticamente.

Más allá de los medios tradicionales, China ha invertido en influencers y redes sociales. ¿Cómo funciona esta estrategia?

Hay dos tendencias particularmente visibles. Una es la asociación entre periodistas vinculados a medios estatales chinos e influencers locales. La otra es la creación de cuentas en redes sociales dirigidas a audiencias específicas. En Brasil, por ejemplo, existe el caso de "Luana em Pequim", que produce contenido en portugués dirigido al público brasileño. Hay iniciativas similares dirigidas a Perú, México y otros países.

Por lo general, este contenido comienza con temas culturales -gastronomía, estilo de vida o experiencias cotidianas- y solo de forma ocasional aborda cuestiones geopolíticas. Este enfoque hace que el mensaje parezca más cercano y menos asociado con la propaganda tradicional.

¿Qué narrativas aparecen con mayor frecuencia en este contenido?

El mensaje ha evolucionado con el tiempo. Inicialmente hubo un fuerte esfuerzo por desmontar estereotipos negativos sobre China. Después, el enfoque pasó a destacar los beneficios concretos de la presencia china en la región: inversiones en infraestructura, comercio y cooperación tecnológica.

Más recientemente, también ha habido un esfuerzo mayor por contrarrestar las narrativas de Estados Unidos. Un tema recurrente, por ejemplo, es Taiwán, que se presenta constantemente como una parte indivisible de China. Al mismo tiempo, China suele presentarse como un socio para el desarrollo que ofrece una alternativa a Estados Unidos.

En los casos que analizó, ¿es posible identificar impactos concretos en el espacio informativo?

Algunos estudios sugieren que sí. Un ejemplo analizó al canal brasileño Band, comparando su cobertura antes y después de firmar acuerdos con medios chinos. Los investigadores observaron una reducción significativa en la cobertura crítica sobre China después de esos acuerdos. Sin embargo, los efectos no son uniformes. En medios más grandes como Folhau O Globono hay evidencia clara de que los acuerdos comerciales con entidades chinas hayan alterado de manera significativa la cobertura editorial. En medios más pequeños o financieramente frágiles, el riesgo parece ser mayor.

¿Qué salvaguardas deberían adoptar los medios al tratar con este tipo de asociaciones?

Señalar estas estrategias no significa defender la censura de los medios chinos. La cuestión central es la transparencia. Siempre que el contenido sea producido o financiado por un actor estatal extranjero, esto debería indicarse claramente al público. Lo mismo se aplica a viajes patrocinados o programas de intercambio para periodistas. Otra salvaguarda es una separación estricta entre contenido editorial y contenido patrocinado. Pero quizá el paso más importante sea invertir en reportajes independientes sobre China.

América Latina todavía depende en gran medida de agencias estadounidenses, europeas y japonesas para entender lo que ocurre en ese país. Desarrollar una agenda regional de cobertura regional sobre China -basada en las propias prioridades de América Latina- es esencial para garantizar pluralismo mediático e información independiente.

¿Y cómo se compara esta estrategia con la de Rusia?

La estrategia de Rusia tiende a ser más agresiva y confrontativa. Los medios rusos suelen recurrir a contenidos polarizantes y provocadores. La estrategia de China es más silenciosa y está más centrada en defender sus propios intereses que en desestabilizar el debate público. Paradójicamente, precisamente porque es menos confrontativa, la influencia china a veces recibe menos atención.

Image
178/ 180
Puntuación: 14,80
Publicado el16.03.2026
RSF - Reporters sans frontières published this content on March 16, 2026, and is solely responsible for the information contained herein. Distributed via Public Technologies (PUBT), unedited and unaltered, on March 17, 2026 at 16:34 UTC. If you believe the information included in the content is inaccurate or outdated and requires editing or removal, please contact us at [email protected]